Francisca Krasinska

[Franciszka Krasińskiej]. Protagonista del Diario de Francisca Krasinska, que, aun cuando es­crito aparentemente por ella misma, es, en realidad, obra de Klementyna Tańska Hoffmannowa (1798-1845).

Figura histórica y novelesca al mismo tiempo, se destaca so­bre el fondo de la vida espléndida y alegre de la nobleza polaca del siglo XVIII; el Diario nos la representa en el castillo pa­terno, del cual Francisca describe el am­biente, las costumbres y las fiestas, mien­tras con deliciosa franqueza deja compren­der sus sentimientos y sueños. Tiene dieciséis años y su hermosura es alabada por to­dos; posee un alma ardiente y generosa y una cabecita romántica que alienta una secreta atracción por el hijo menor del rey, el príncipe Carlos, duque de Curlandia, a quien jamás ha visto, pero del que, no obstante, oye hablar con entusiasmo como presunto heredero del trono.

Llegada a Varsovia, le conoce en un baile de dis­fraces, en el que Francisca va vestida de «Hija del Sol»; el príncipe se enamora lo­camente de ella. Fiestas, ceremonias y ca­cerías son otras tantas ocasiones de nue­vos encuentros entre ambos en el elegan­tísimo ambiente de la capital; a cada co­loquio la pasión aumenta, hasta que, final­mente, el príncipe suplica a la muchacha que consienta en un matrimonio secreto. Francisca vacila; durante todo su idilio, desde el sentimiento previsor de la joven- cita tímida y pura hasta el momento más ardiente de su pasión correspondida, la ve­mos luchar entre el amor y su natural arrogancia.

Siempre noble y digna frente al impetuoso enamorado, no sabe, sin em­bargo, resistir a su dolor y promete con­tentarlo. La soledad rodea los esponsales, y la boda es tan triste como imaginarse pueda. La joven esposa, a la que el marido no tarda en dejar para dirigirse a su du­cado, empieza la triste existencia que el cumplimiento de su sueño le ha reservado. Víctima de la oposición de los ministros, que desearían ver anulado su matrimonio, abandonada durante largos períodos por el esposo voluble e inconstante, y recibida fríamente por los parientes junto a los cuales va a vivir de nuevo, Francisca pa­sará muchos años sola, vagando de con­vento en convento. «¡Ah, triste destino, que en lugar del goce soñado le ha depa­rado sólo congoja y tormento!» Esta la­mentación es el final humano y doloroso de la novelesca aventura de la muchacha que se enamoró del hijo del rey, fue co­rrespondida, se casó con él y pagó una hora de alegría con largos años de tristeza.

Aca­bado el Diario, Tańska añade que, después de mucho tiempo, el príncipe llamó a su esposa junto a sí y vivieron, unidos, una existencia alegrada por el nacimiento de una niña (que sería la madre del rey Car­los Alberto). La figura de Francisca, em­pero, permanece en el recuerdo del lector cual fue descrita, delicada y afortunada­mente, en el Diario: como una fascinadora imagen de juventud, belleza y amor.

M. B. Begey