Femio

Es el aedo que en la Odisea (v.) canta en la mesa de los pro­cos. Aun cuando no partidario de los usur­padores, se ve obligado a cantar, por cuan­to en la sociedad de entonces los aedos — o sea, los poetas — se hallaban al servi­cio de las cortes que los mantenían.

Dis­frutaban de un trato de favor y de la generosa benevolencia del rey, toda vez que las disposiciones poéticas eran consideradas como un don de los dioses y las musas, pero, en el fondo, se les equiparaba a los artesanos. En el primer libro de la Odisea, Femio canta para los procos, que escuchan en silencio. El tema de su canto es la vuelta de los aqueos a la patria, una vez caída Troya, argumento doloroso para Penélope (v.), la cual interrumpe a Femio; sin embargo, Telémaco (v.) quiere que pro­siga, ya que el aedo debe continuar na­rrando, aunque su relato sea doloroso, y, por otra parte, a los hombres les agrada instruirse.

Este episodio es significativo, por cuanto encierra uno de los primeros in­dicios del cambio que, en el transcurso de los primeros cantos de la Odisea y luego en todo el poema, sufre el carácter de Telémaco en su paso de la adolescencia a la edad viril. La misma Penélope se sorpren­de aquí de la nueva energía de su hijo, que defiende a Femio y la manda a ella a sus ocupaciones femeninas. La última vez que vuelve a mencionarse a Femio es con ocasión de la matanza de los procos; Ulises (v.) le perdona a causa de sus ruegos y los de Telémaco, así como en atención a su arte.

Entre los antiguos alguien creyó que Homero quiso honrar en Femio a su maes­tro. Aun cuando no haya motivos suficien­tes para admitir esta leyenda, lo cierto es que en la época homérica había escuelas y maestros para los profesionales de la poesía, como se desprende del estilo de la épica, que mantenía constantes sus ca­racteres tradicionales de forma, lo cual de­muestra la intervención de la escuela.

Para nosotros, Femio es una significativa figura que nos permite considerar la vida de los poetas contemporáneos suyos, su posición social, la estima en que eran tenidos y sus argumentos preferidos; consistían estos úl­timos en narraciones acerca del pasado, en las que se apreciaba sobre todo su vera­cidad, que hacía suponer que el poeta estuviera asistido por Zeus, las musas y, especialmente, Mnemosina (la memoria), ya que la misión de los aedos consistía en dar a conocer los hechos pretéritos con una finalidad instructiva y educadora.

F. Codino