Fabián Conde

Protagonista de la no­vela El escándalo (v.), de Pedro Antonio de Alarcón (1833-1891). Tiene muchos pun­tos de contacto con don Juan (v.) y don Alvaro, (v.); como el primero de ellos es un excelente espadachín, pendenciero, amante del lujo, refinado, jugador y gran conquistador de mujeres; como al otro, un secreto de familia le empuja cada vez más hacia el vicio, en busca del olvido, y le lleva, al mismo tiempo, a sospechar de todos, siempre con el temor de ver aludido por ellos su origen bastardo.

Como don Juan, también hallará en su vida un alma pura sobre quien descargar el peso de sus culpas y cuya rectitud alcanzará a lavar su alma manchada por las aventuras; su Inés se llama Gabriela. Sin embargo, cuan­do Fabián pretenderá acercársele, se opon­drán a ello — cual sucede en el otro — los recuerdos de su vida perversa, y nadie creerá en su redención. Junto a Fabián figuran, como platillos de una balanza, dos amigos que encarnan con exageración los lados opuestos al carácter de aquél, quien se in­clina alternativamente hacia el uno o el otro.

Uno de ellos es Diego, el expósito, que representa la energía, la violencia y la audacia unidas en la conquista de una vida que ya desde el principio se le ha manifes­tado hostil; el otro es Lázaro, encarnación de las virtudes opuestas: reflexión, sereni­dad y caridad cristiana. La última pince­lada trazada en el cuadro de la romántica personalidad de Fabián es la mujer de Diego, complejo de inferioridad que acaba en astucia.

Desde el amor a lo macabro que le hace buscar apasionadamente las lecciones de anatomía, según la tradición que tiene sus orígenes en Young (v. Las noches), hasta la confesión de sus culpas al padre Manrique y la renuncia a toda su fortuna tras las pendencias, orgías y noches transcurridas en torno al tapete verde, todo contribuye a hacer de Fabián Conde el tipo del joven romántico de la buena sociedad, con protestas, llantos, apasionamientos, rá­pidas oscilaciones de un extremo a otro de la comedia humana y exclamaciones de odio o lamentos de muchacho enfermo.

A través, si es preciso, de cadáveres y voca­ciones sacerdotales (sus dos amigos, res­pectivamente), hallará, por fin, el reposo y la seguridad de un hogar burgués. El «escándalo» habrá servido de buen ejemplo.

F. Díaz-Plaja