También la austera figura de Esquilo es personaje de comedia. En Las ranas (v.) de Aristófanes aparece como adversario de Eurípides (v.) en la competición literaria que debe decidir a cuál de los dos corresponderá el primer lugar como trágico en el Hades.
Aristófanes siente gran admiración por Esquilo; conduce el certamen con la seriedad de una discusión entre filósofos y le ahorra las pequeñas injurias chismosas que, en cambio, lanza tan profusamente contra Eurípides. El mismo Dionisos, el único que mantiene una actitud cómica con jocosas y grotescas intervenciones, parece también, por lo común, dejarle a salvo. Esquilo es el gran vate que ha alentado la lucha contra los bárbaros y ha enseñado al pueblo la veneración de los dioses. Aristófanes le convierte en el ideal de su carrera de artista; éste, según dice Esquilo en la competición de Las ranas, debe ser educador de los hombres, como el maestro lo es de los niños.
La admiración de Aristófanes es casi incondicional, y llega a justificar el tono a menudo excesivamente rebuscado y el estilo a veces oscuro del viejo poeta trágico: «las grandes sentencias e ideas precisan una expresión adecuada a su alto nivel; es natural que los semidioses se sirvan de palabras más elevadas, como lo es también que vistan con indumentaria más digna que la nuestra».
Esta sublime austeridad es la característica de Esquilo: ante un Eurípides que suscita una polémica engañosa o, por lo menos, vinculada a lo particular, aquél responde con extremada energía, fundándose en principios inconcusos. El estilo con que Aristófanes le hace expresarse es, en algunos pasajes, una fina parodia del lenguaje del mismo Esquilo, con lo cual, siquiera aquí, se advierte que Aristófanes, en el fondo, no niega totalmente la razón a Eurípides cuando le acusa de oscuridad.
Le hace utilizar vocablos poco claros y grandilocuentes, giros extravagantes, palabras absurdamente coordinadas y una cadencia lenta y solemne de la frase, recalcada a menudo con ironía. La propia estructura lógica del discurso esquiliano delata la opinión retórica que de él tiene Aristófanes: de hecho, el razonamiento de Esquilo es silogístico, y epidíctico el de Eurípides. La majestuosa representación del gran héroe moral es acertada desde el punto de vista artístico, a pesar de lo cual se resiente a menudo de la representación retórica propia de la época de Aristófanes.
P. Pucci

