Elena Nikolaevna Stachova

Pro­tagonista de la novela La víspera (v.) de Turguenev (Ivan Sergeevič Turgenev, 1818- 1883). Después de Lisa Michailovna (v.) de Nido de nobles (v.), Elena representó, para parte de los lectores, el ideal de la mujer rusa. En realidad, una y otra encarnan idea­les muy distintos: a la dulzura, humildad, abnegación y altruismo de Lisa, se contra­pone en Elena un carácter casi masculino y un egoísta deseo de felicidad personal.

Ele­na, por lo demás, no era una figura nueva en la obra de Turguenev, ya que los rasgos de su carácter aparecen ya en la Natacha (v.) de la novela Rudin (v.), aunque no tan acentuados como en aquélla. Elena no sólo admira la actividad, sino que siente necesi­dad de ella, al mismo tiempo que menos­precia las debilidades del ambiente que la rodea. Sueños y aspiraciones mantienen en continua tensión su pensamiento y sus sen­timientos, pero no la satisfacen, porque les falta la base de una realización inmediata.

Detrás de esta agitación se oculta la espera del amor, y el amor hará que aparezcan a los ojos de Elena las cualidades de Insarov (v.) rodeadas de una aureola un poco artificial, desproporcionada tanto a la auténtica personalidad de aquél como a las ideas de su admiradora. La fantasía que se oculta tras la fuerza de su carácter vo­luntarioso, es en rigor más fuerte de lo que Elena y su propio creador imaginan.

Desde el punto de vista social, la figura de Elena fue sobrevalorada por el público, especial­mente por el público femenino: si en la realidad el tipo de Elena quizá no existía, a partir de entonces empezó a existir, en la interpretación unilateral de la heroína, como una rebelde a su familia y a las conveniencias burguesas.

E. Lo Gatto