Elena

[Helena]. Personaje de Bien está lo que bien acaba (v.) de W. Shakespeare (1564-1616). Corresponde a Giletta de Narbona, del noveno cuento de la tercera jor­nada del Decamerón (v.) del cual deriva aquel drama. Pero, mientras el digno y pa­ciente amor de Giletta emparenta su caso con el de Griselda (v.), demostrando que la fidelidad y devoción de una esposa aca­ban venciendo el despótico orgullo de un marido, la forma en que Elena manifiesta su amor por el bello y orgulloso Beltram (v.) ha podido parecer a algunos el resulta­do, más que de un amor verdadero, de un ambicioso cálculo.

En el drama de Shakes­peare, los esfuerzos que Elena hace para ganarse el corazón de su marido, hasta re­currir a medios que modernamente nos re­pugnan, están totalmente puestos en evi­dencia; en el relato de Boccaccio, en cambio, vemos a Giletta cómo, de acuerdo con su papel de excelente ama de casa, pone en orden el castillo de su marido, donde reinaba el peor desbarajuste, y cómo se granjea las simpatías de toda la región: en una palabra, no sólo aparece como insisten­te cortejadora de su marido, sino también como una esposa digna.

Sin embargo, auto­res como Coleridge han visto en Elena una de las más adorables creaciones de Sha­kespeare, digna hermana de Imogen (v.). Otros interpretan el personaje de Elena como un testimonio de aquella sombría y cruel ironía que parece impregnar la pro­ducción shakespeariana en los primeros años del siglo XVII: del mismo modo que la inteligencia superior de Hamlet (v.) sólo engendra inacción y ruina, y el idea­lismo de Bruto , (v.) da únicamente lugar a guerras civiles y al triunfo de la mentira y la astucia, también el amor de Elena, por muy puros que sean sus orígenes y sus intenciones, sigue un curso que lo rebaja al mismo nivel moral del libertino esposo de aquélla.

Aun así, no faltan rasgos en los que la pasión de Elena nos conmueve, como por ejemplo en la escena en que con­fiesa a la madre de Beltram el amor que desde la infancia ha sentido por él.

M. Praz