El Falso Demetrio

[Dimitrij Samozvanec]. Personaje histórico que en la tradición literaria rusa aparece como anta­gonista del soberano usurpador Boris Godunov (v.).

En el Boris Godunov (v.) de Pushkin, el falso Demetrio, sacado no de las leyendas que giraban alrededor de su figura, sino de la concreta narración histó­rica de Karamzin, se manifiesta en una propia realidad de antagonista profundamente humana, y, como tal, llena de con­tradicciones que van desde la volubilidad hasta la ambición desenfrenada y de la nobleza a la vileza de alma.

Huido del monasterio tras haber concebido el propósito de hacerse pasar por el zarevitz Dimitri, se libra milagrosamente de la muerte y, para conquistar el trono de Rusia, no va­cila en recurrir a la ayuda de los enemigos de su patria, los polacos, a los que sacri­fica aun la fe ortodoxa con objeto de con­seguir su objetivo. La misión que la leyen­da atribuye al falso Demetrio, o sea, la de ser un instrumento de la cólera divina para castigar el delito de Boris Godunov (dado que Pushkin admite como segura la versión de Karamzin acerca de un Boris culpable, cosa que la historia posterior ha puesto en duda), no aparece transformada totalmente por el poeta, quien la hace de­pender de la superstición y temor de Bo­ris; con ello la veracidad histórica y psi­cológica queda totalmente a salvo e inten­sificado el ambiente trágico.

Contribuye aún a esta verosimilitud el amor hacia la bella polaca Marina Mniszek, que da al legendario personaje de Demetrio mayor concreción y autonomía. Titulado inicial­mente con relación no sólo a Boris Godunov sino también al falso Demetrio (La come­dia del zar Boris y de Griska Otrepev [Komedja o care Borjie i o Griske Otrep’evje]), el drama de Pushkin recibió después como título únicamente el nombre del soberano, aunque la figura de su antagonista no sea menos esencial en el desarrollo ni menos relevante como creación artística.

En cam­bio, la «crónica histórica» de Aleksandr Nikolaevich Ostrovski (1823-1886) sobre los mismos hechos se titula El falso Demetrio (v.). Derivada de la de Pushkin, la figura del «usurpador» aparece en ella con el papel de protagonista y bajo rasgos enca­minados a suscitar en el lector o especta­dor un sentimiento de simpatía. Educado en un país libre y de cultura intensa como Polonia, Dimitri ha llevado consigo de allí el respeto hacia la personalidad huma­na, y desea verse rodeado no de esclavos sino de fieles servidores y colaboradores conscientes. La audacia de su carácter apa­rece justificada por sus sueños acerca de la conquista de Crimea y Bizancio; por otra parte, sus aspiraciones a la fama van dirigidas a dar gloria a Rusia y a defen­der los intereses del Estado moscovita y su dignidad.

En realidad, estos propósitos suyos no se hallan fundamentados en una preparación espiritual idónea, por cuanto, formado en un ambiente extranjero, él mismo es extraño al pueblo a cuyo frente le ha puesto el destino; en ello reside la tragedia de su personalidad según la visión del drama ostrovskiano, que manifiesta pre­cisamente cómo este aspecto de su ca­rácter va influyendo gradualmente sobre sus buenas intenciones y acaba por poner en manos de sus enemigos las armas que habrán de llevarle a la ruina.

No obstante, en ambas interpretaciones se nota la típica reconstitución que también el romanticis­mo ruso lleva a cabo en los personajes historicolegendarios, a los que crea nueva­mente con una concreción que los vincule a las pasiones y a los ideales más propios del siglo XIX. A través de Pushkin y Os­trovski, el falso Demetrio, aventurero de tradicional audacia sintetizado por la le­yenda en los rasgos relevantes y sumarios de su acción, se transforma en un perso­naje rico en motivos internos y animado por la pasión más humana capaz de justi­ficar sus delitos o bien por ideologías patrioticohumanitarias.

E. Lo Gatto