El Cabo Trim

[Corporal Trim]. Per­sonaje de la novela Vida y opiniones de Tristán Shandy (v.), de Lawrence Sterne (1713-1768). Cabo del ejército inglés du­rante la campaña de Flandes, Trim — cuyo verdadero nombre es James Butler — se queda inválido a consecuencia de las heri­das recibidas en la batalla de Landen.

El capitán de su compañía, Tobías Shandy (v. Tío Tobías), atraído por su buen ca­rácter y su desenvoltura y habilidad, lo toma a su servicio; Trim acompaña a su amo por todas partes, sea en la guarnición o en el campamento, en calidad de barbe­ro, ayuda de cámara, cocinero o sastre, y cuando, casi dos años después, Tobías es a su vez herido, se convierte primeramente en su fiel enfermero y luego colabora acti­vamente en su ocupación predilecta, cons­truyendo y demoliendo para aquél toda cla­se de planos y fortificaciones e inventando siempre nuevos recursos para dar mayor veracidad al juego.

Cuando el capitán «si­tia» a la viuda Wadman, también él, con su mejor indumentaria, ataca a la camarera de ésta, Bridget; pero cuando su señor se aleja, «cambia el asedio por el bloqueo», y, dejando de frecuentar la casa, se limita a esperar a Bridget en la calle y a llevarla de paseo por entre los restos de las forti­ficaciones demolidas. Ama a su dueño con un afecto tierno y fiel, que ve sinceramente correspondido; como Tobías, también él es cándido, ingenuo, bueno y siempre dis­puesto a ayudar a los infelices y a verter una lágrima sobre sus desventuras.

Su cul­tura es bastante limitada: conoce, en efec­to, el catecismo a la perfección, pero debe recitarlo de corrido y a compás, como si realizase un ejercicio militar; no obstante, le gusta discursear y se precia de una cier­ta elocuencia, por lo que su único defecto es, precisamente, el de complacerse dema­siado en escucharse y «le encanta sobre­manera poner su lengua en movimiento»; charla infatigablemente y a cada momento intercala en su discurso respetuosas reve­rencias y la expresión «si así place a Vuestro Honor».

Tobías le deja hablar a placer y se divierte escuchando las histo­rietas que le cuenta, todas verídicas — si exceptuamos una «acerca del rey de Bohe­mia y sus siete castillos» que nunca con­sigue narrar entera por las continuas interrupciones de su señor — por cuanto se re­fieren a su vida: como la que se refiere a su amor, el único, por una beata flamenca que curó su herida, y la de su hermano Tom, quien, empleado en Lisboa como cria­do, se casó con la viuda de un judío ne­gociante de salchichas y luego, sin que se sepa cómo, acabó en las cárceles de la In­quisición.

Se trata, pues, de una figura viva y completa que ayuda a poner de re­lieve, con sus cualidades, el generoso y tierno candor de Tío Tobías.

A. P. Marchesini