Dossennus

Es la más importante y fina de las máscaras de las antiguas Atelanas (v.); sus compañeros son Maccus (v.), Buc­eo (v.) y el viejo Pappus (v.).

Viejo a su vez y jorobado — su nombre deriva de «dorsus», espalda, y significa el hombre de la espalda encorvada —, Dossennus, en con­traste con Pappus, el viejo chocho, es un hombre prudente y sentencioso que con su sagacidad y astucia sabe salvar muchas si­tuaciones, sin dejar por ello de hacer honor a una buena mesa ni de saber buscar las invitaciones como hábil parásito que es.

No parece sino que con su presencia la atelana conserve aquel mínimo de solidez que convenía a las antiguas tradiciones que la ligaban — o por lo menos así parece — a las ceremonias y al culto: así Séneca ates­tigua que los antiguos romanos conocían la palabra «sophia» (sabiduría), como de­muestran las fábulas togadas y las atela­nas, así como el conocido monumento a Dossennus, en el que se lee: «Detente, ex­tranjero, y lee la sabiduría de Dossennus».

Esto es cuanto se sabe de positivo sobre este personaje de la antigua farsa: el «cognomen» de Dossennus, podemos añadir, se halla en Roma tres veces, atribuido a un Rubrio, un Fabio y un Petronio, el segundo de los cuales, por cierto, fue escritor en tiempos anteriores a la época de Plinio el Viejo, aunque no sea posible precisar en cuáles ni hasta qué punto tuvo interés su obra.

I. Cazzaniga