Dionisos

El severo dios de la Tragedia, el dios de Las bacantes (v.), de Eurípides (480-406 a. de C.), se convier­te, en Las ranas (v.) de Aristófanes (450- c. 385 a. de C.), en un pacífico viajero, ta­caño y pusilánime, que es una verdadera caricatura del explorador de vía estrecha.

Su empresa es grande y peligrosa y sólo Hércules (v.) la ha intentado una vez en toda la historia humana: se trata nada me­nos que de bajar al Hades para traer nue­vamente a Eurípides (v.) a la luz. Aristó­fanes toma pie de ello para componer una finísima caricatura: Dionisos lleva sobre los hombros una piel de león, como Hércules, y sus palabras asumen a menudo una ridícula entonación trágica y su juicio se manifiesta con frecuencia bufonescamente severo. Peligros e irreverencias vienen a acentuar lo grotesco de tales actitudes: Santias, el esclavo, se burla de Dionisos, y Heracles, el necio comilón, se ríe de él en sus barbas y le asusta.

Desde lo alto de su rango de dios de la tragedia, Dionisos es­cupe sentencias sobre los nuevos poetas trágicos, se presenta a Heracles con ridícula fiereza, pero como un viejo verde em­pieza a babear de deseo cuando ve que a Santias, a quien ha cedido sus vestiduras por temor a una paliza, se le ofrecen cita­ristas y flautistas en lo más florido de su juventud. En la segunda parte de la come­dia, durante el «agón» literario, se derrum­ba toda esa fachada heroica y protectora y Dionisos se convierte francamente en un bufón que toma a ironía las afirmaciones de los poetas convirtiéndolas en triviali­dades con su vulgar sentido común a ras de tierra.

Característico ejemplo de la de­formación cómica de los personajes ya exis­tentes, Dionisos es una viva figura de presuntuoso continuamente desmentido o de señor precipitado en la más grosera vulga­ridad propia de un sabelotodo ignorante. Como es frecuente en los personajes de Aristófanes, su figura está compuesta de diferentes rasgos pertenecientes a diversos tipos cómicos de cuya fusión nace un per­sonaje nuevo y característico, que nada conserva del original.

P. Pucci