Darcy

[Fitzwilliam Darcy]. Personaje de la novela Orgullo y prejuicio (v.) de Jane Austen (1775-1817), representa al «orgullo» frente al «prejuicio» de Elizabeth Bennet (v.) y Juana y su mundo provincia­no. Joven noble, rico e independiente, se halla estrechamente vinculado a su clase y se muestra orgulloso de pertenecer a una aristocracia sana y culta que utiliza sus ri­quezas para mejorar la propia educación.

Darcy es, por encima de todo, una persona «educada», con todo lo que la acepción inglesa de este calificativo puede compor­tar: cultura, seriedad, lógica según los pro­pios principios y moderación. En él puede notarse la influencia de una todavía viva tradición de vida y comportamiento auste­ros no demasiado alejados de los ideales puritanos que la aristocracia, en lugar de exasperar, había convertido en espíritu de quieta dignidad, dominio de sí mismo y sensatez. Darcy, en efecto, no desdeña las comodidades y diversiones que puede ofre­cerle su posición social; pero su comporta­miento es siempre mucho más comedido y juicioso que el de los demás jóvenes nobles de su tiempo.

Su excesiva moderación y su adustez son, precisamente, y según las nor­mas de conducta de la época, un defecto. El punto débil de su carácter no consiste en percibir la insignificancia de un baile, el carácter vulgar de la señora Bennet (v.) y la diferencia no tanto de casta como de formación que le separa de Elizabeth Ben­net, sino en manifestar francamente sus impresiones, sin esfuerzo alguno de cortesía, únicamente su irresistible pasión por Eliza­beth le induce a humillarse ante una perso­na a la que considera como socialmente in­ferior. Él mismo expone claramente las ra­zones de su manera de ser: «De pequeño me enseñaron qué era lo ‘justo’, pero no me enseñaron a corregir mi temperamento.

Y aunque se me inculcaron buenos princi­pios, me permitieron seguirlos con orgullo y presunción…». Darcy, por lo tanto, es un personaje psicológicamente simple. La autora pone claramente de relieve sus cua­lidades: profundidad de sentimientos, se­ñorío y firmeza. Hay en él, no obstante, una característica que le distingue de casi todos los restantes personajes de Jane Aus­ten: su falta de sentido del «humour», de­fecto que Elizabeth tratará de corregir para hacer de él un marido ideal, como Jorge Knightley (v.), por ejemplo.

A pesar de ello, Elizabeth, en el momento de la boda, no ha empezado siquiera su obra de re­dención: «Acordóse de que Darcy aún debía aprender a soportar las burlas, y vio que todavía era demasiado pronto para empezar a enseñárselo».

G. Melchiori