Critón

Es el interlocutor del diálogo platónico de su mismo nombre (v.) y el amantísimo discípulo de Sócrates (v.) que no puede resignarse a la idea de la muerte del maestro. Critón siente una pro­funda veneración hacia Sócrates, pero no llega a comprender el valor de su perso­nalidad moral.

En los dos hombres que discuten sobre el derecho de escapar a una injusta condena a muerte, Platón nos pre­senta al filósofo, Sócrates, que atiende úni­camente a la voz interior de las razones jus­tas y se muestra sordo a todo lo demás, cual los discípulos de los Coribantes a cualquier otro son que el de las flautas, y al amigo fiel y bueno pero de pocos alcan­ces, incluso en su deseo de salvar a toda costa al maestro. Critón se preocupa sólo por la vida de su amigo y procura inducir­le como sea a la fuga.

Sus argumentos se fundamentan en motivos de orden práctico, pero Sócrates le obliga a elevarlos a otro nivel, el de «lo que debe hacerse». Después de la larga argumentación socrática sobre la obediencia a las Leyes de la ciudad, Critón sólo puede exclamar: « ¡Oh Sócrates, nada tengo que objetar!» En la misma po­sición se presenta también en otro diálogo, el Fedón (v.); aquí le vemos solícito en aliviar a Sócrates de las dificultades de la situación: hace salir a la mujer de éste que llora, le interrumpe para comunicarle las advertencias del encargado de adminis­trar la cicuta, se informa de los deseos de Sócrates acerca de su sepultura, pero nun­ca interviene en la discusión sobre la muer­te y el alma. No obstante, es el discípulo que le acompaña a lavarse y el que una vez muerto le cierra los ojos y la boca.

A. Pasquinelli