[Katherine]. Protagonista de La fierecilla domada (v.) de William Shakespeare (1564-1616). El tipo de la mujer irascible dominada por su marido a fuerza de brutalidad es, en realidad, tan viejo como el proverbio «mujer buena o mala necesita palo»; y no menos común en la literatura misógina es la figura de la mujer que, poniéndose los pantalones, gobierna a su antojo a su marido, magistralmente descrita por Geoffrey Chaucer (1340/45- 1400) en la Pañera de Bath (v. Cuentos de Canterbury).
La versión de la doma de la bravía que presenta más analogías con la comedia de Shakespeare se halla en una antigua tradición popular danesa (cuento 1, 88, de la colección del folklore danés de Grundtvig). Catalina, de carácter insoportable a causa de su testarudez y autoritarismo, aspira, no obstante, como cualquier muchacha, a encontrar marido, como lo manifiestan las iracundas palabras que dirige a su padre refiriéndose a su hermana Blanca: «Ésta es la niña de vuestros ojos» ésta sí se casará», y, también su interés en ponerse a andar por la habitación para demostrar a Petruccio, quien pretende haber oído decir que cojea, que no es cierto sufra tal defecto.
Esta atracción por el hombre es, naturalmente, el punto débil de Catalina: apenas advierte una violencia más brutal aún que la suya en una persona que le agrada, su docilidad supera a su anterior arrogancia hasta acabar en la más abyecta sumisión: «Me avergüenzo de que las mujeres sean tan necias como para dar guerra cuando deberían pedir la paz de rodillas; de que quieran imponer leyes, dominar y señorear habiendo nacido para servir, amar y obedecer… ¡Ea, pobres gusanos insolentes e incapaces!… Humillad vuestra arrogancia, que vanos son vuestros esfuerzos, y poned las manos a los pies de vuestro esposo…».
En este caso, mejor que del desarrollo de un carácter puede hablarse de una fascinación animal, elemental expresión de un originario antagonismo sexual entre el hombre y la mujer.
M. Praz

