Protagonista del drama ruso El huracán (v.), de Alejandro Ostrovoski (Aleksandr Nicolaevič Ostrovskij, 1823-1886). Es uno de los tipos femeninos más conmovedores de la literatura rusa.
Su valor se debe, singularmente, a que en tanto la mayoría de las figuras de mujer rusa pertenece a las clases superiores y particularmente a la intelectual, Catalina es de origen humilde y las virtudes que manifiesta, aun en la situación pecaminosa del drama, son espontáneas y fundamentales. Su naturaleza es profunda, dulce y poético su espíritu, y no puede adaptarse al ambiente que la rodea, el característico «samodurstvo», mezcla de capricho, obstinación y falta de conciencia moral, que Ostrovski presenta, si no como exclusivo, por lo menos habitual en la clase mercantil rusa.
Catalina se siente no sólo extraña, sino en continuo conflicto con la familia Kabanov, de la que pasó a formar parte por un matrimonio contra su voluntad. Opone inconscientemente la sinceridad y espontaneidad de su carácter a la falsedad del ambiente, su religiosidad a la hipocresía y su necesidad de amor y cariño al egoísmo. El crítico Dobroljubov, en su famoso ensayo sobre Ostrovski El reino de las tinieblas, llama a Catalina «un rayo de luz en el reino de las sombras».
Luz fundamentalmente religiosa, erróneamente considerada como superstición; la religiosidad de Catalina es un sentimiento positivo, profundo y sincero: las supersticiones son únicamente el producto inevitable del ambiente en que este sentimiento debe afianzarse. No sin razón se ha comparado a Catalina con la Lisa (v.) del Nido de nobles (v.), de Turguenev. Aunque Lisa pertenece a otra clase social y ha tenido una formación cultural distinta, sufre, como Catalina, la influencia de los relatos de los peregrinos y vagabundos religiosos y de la lectura de las vidas de santos.
Debido al ambiente y a la coercitiva presión que ello ejerce sobre Catalina su actitud representa asimismo una protesta contra la sociedad, reprobación instintiva a la que el autor une también la protesta consciente encarnada en el drama por un personaje secundario, Kuligin (v.); protesta, empero, que por lo mismo que es instintiva y pasional, es de tono religioso. Catalina, por lo tanto, es una de las primeras mujeres, la primera acaso, en que aparece una crítica precisa del mundo masculino y su organización social. Hija de Clarisa Harlowe (v.), se adapta a su época y, aun cuando será derrotada, se lanza al ataque armada no sólo de la capacidad femenina para el sufrimiento, sino también de esperanza y de una gran fuerza de rebelión.
E. Lo Gatto

