Bradamante

(El Bradiamante del Or­lando enamorado, v.). Personaje de los poemas caballerescos italianos. Extraña a la epopeya francesa, como otras mujeres guerreras propias de la literatura caballe­resca italiana, bajo el nombre de Bradiamonte aparece en la Historia de Rinaldo como hija natural del duque Amone y una dama noble pagana, y, por tanto, como hermana de Rinaldo (v.), con quien lucha sin conocerle, descubriendo luego ser su hermana; un cantar, la Historia di Bradiamonte Sorella di Rinaldo di Monte Albano, nos cuenta que obligó a combatir con ella y que derrotó a un poderoso guerrero pa­gano que la pretendía por esposa.

En ese cantar se inspiró Boyardo para convertir uno de tantos episodios surgidos en torno a la leyenda de Rinaldo y que tendían a glorificar a este popularísimo héroe y a toda su familia en una de las historias de amor y de guerra por él tan apreciadas, y para cantar, en el amor entre Bradia­mante y Ruggiero (v.), la nobleza de la casa de Este, a la que supone descendiente de la heroica pareja

Sólo pudo, no obs­tante, narrar el comienzo del poema; pero aunque las primeras empresas guerreras de su Bradiamante, que defiende contra Rodomonte (v.) su tierra natal de Francia, tengan escaso valor poético, es inolvidable su encuentro con Ruggiero, que milita en las filas sarracenas y atrae por primera vez su atención con un acto de gran cor­tesía, inspirándole un repentino y púdico afecto, e indeleble también la revelación de su condición femenina a Ruggiero, así como la súbita aparición del amor en éste cuando ella se quita el yelmo de la frente («Al trar dell’elmo si sciolse la trezza / Ch’era di color d’oro alio splendore: / Avea il suo viso una delicatezza / Mescolata di ardire e di vigore…» [«Al quitarse el yelmo se soltó su cabellera / Que brillaba con co­lor de oro: / Su rostro tenía una delica­deza / Con matices de audacia y vigor…»]).

Ambos, aun cuando adversarios, combaten uno junto al otro; más tarde la casualidad los separa y no vuelven a encontrarse has­ta en el Orlando furioso (v.) de Ariosto. Este poeta, al continuar la composición de su predecesor, convierte los amores de Bradamante y Ruggiero en uno de los motivos centrales de su poema, también con el propósito de cantar en los dos héroes el origen glorioso de los Este, sin que ello — ya pesar de las numerosas predicciones acerca de los descendientes de sus personajes — suponga el sacrificio del motivo poético de su leyenda amorosa a la intención adulatoria.

El protagonista de aquélla no es Ruggiero, sino Bradamante, la mujer que con su blanca armadura re­corre un país tras otro en busca de su amado, que por él arrostra los más graves peligros y que siempre, apenas le ha al­canzado, ve como se lo arrebatan ya los engaños del mago Atlante (v.), ya el jue­go voluble de la fortuna, ya los deberes que Ruggiero tiene aún para con su rey Agramante (v.). A menudo acude en su ayuda la maga Melissa, con cuyo auxilio consigue Bradamante liberar primeramen­te a Ruggiero del inaccesible castillo de Atlante; pero cae de nuevo en las redes del mago y es atraída hacia su palacio, al que, persiguiendo espejismos diversos, han ido a parar, uno tras otro, tantos ca­balleros y, entre ellos también Ruggiero, que, por obra del mago, permanece invi­sible para ella, como ella lo es para él.

El encantamiento es roto por Astolfo (v.), quien pone en libertad a los cautivos y confía a su prima Bradamante el ágil y velocísimo caballo Rabicano y la lanza de oro que derriba a cualquier adversario. Lanza y corcel parecen completar admira­blemente la figura de esta mujer guerrera, la cual, muy al contrario de Marfisa (v.), conserva bajo la armadura varonil su fe­menino encanto, que hace parecer impro­pios de ella los feroces combates y las matanzas inhumanas.

No obstante, con la lanza de oro llevará a cabo empresas muy afortunadas; entre otras, a ruegos de Flordelís (v. Brandimarte), vencerá — como siempre, al primer golpe — a Rodomonte y le obligará a revocar la ley impuesta a los pasajeros del puente peligroso y a dar libertad a los presos. Sin embargo, más profundo aún que el de sus victorias contra los más valerosos héroes y su gra­cia femenina es el contraste entre su porte guerrero y su debilidad de mujer enamo­rada que, separada nuevamente de su Rug­giero, se ve afligida por una vana espera y por la idea de haber sido quizás olvi­dada y traicionada por él.

El drama cul­mina en el propósito de presentarse ante el campo sarraceno y desafiar, guardando el incógnito, a Ruggiero como perjuro: su altivez de guerrera es incapaz, en aquel momento, de reprimir su temor íntimo y su delicado pudor de mujer. Más tarde se desvanece el equívoco que alentara sus celos y Bradamante, junto con Ruggiero y su hermana Marfisa, lleva a término otras nobles hazañas; ahora, empero, se ha ex­tinguido ya el motivo que tan poética y viva hiciera su figura, y, así, los últimos cantos en que se narran los obstáculos opuestos por los suyos a su matrimonio con Ruggiero desplazan a la graciosa gue­rrera hacia un ambiente burgués que le es impropio.

En la poesía antigua reaparece cuando, de manera semejante a la heroína popular de la Historia di Bradiamonte, declara a Carlomagno (v.) que sólo aceptará por esposo a quien sepa vencerla en de­safío, esperando poder evitar así el matri­monio con Leone, deseado por sus padres, y luego combate con el que habiéndose presentado como Leone no es otro que Ruggiero, inducido a este inverosímil sa­crificio por su amistad hacia aquél. Bradamante no consigue derrotar al adversario y Carlomagno decide que debe casarse con Leone.

Finalmente, la complicada intriga se ve resuelta por la generosidad de este último, y, al cabo, pueden celebrarse las bodas de Bradamante y Ruggiero. Con to­do, durante la solemnidad nupcial, Brada­mante aún debe una vez más temer por su Ruggiero, desafiado por Rodomonte y, en varias ocasiones del duelo, a punto de ser vencido y muerto.

Como los restantes personajes del Orlando furioso, Bradamante aparece nuevamente en los poemas de la decadencia de la novela caballeresca; más original que en el resto, donde no es otra cosa que un mero nombre insustancial, su figura aparece en la Marfisa bizzarra (v.) de Cario Gozzi, que nos la presenta como esposa de Ruggiero, aburguesada y desa­brida, ama de casa tacaña hasta el cén­timo y por lo mismo en continua diver­gencia con su marido, preocupada sobre todo por la necedad de su cuñada Marfisa, desesperación y ruina de su casa, ya bastante desordenada aún sin esta calamidad.

M. Fubini