Bergamino

Protagonista del séptimo cuento de la jornada primera del Decamerón (v.), de Giovanni Boccaccio (1313-1375). Representa, por así decirlo, una especie de bufón, aun cuando no en el actual sen­tido estricto y un tanto denigrante de esta palabra; se trata de una típica figura de la vida cortesana en la Baja Edad Media, uno de aquellos hombres que, dotados de una fina agudeza, andaban de corte en corte para distraer a la gente con sus ocurrencias.

En este cuento, concretamente, Bergamino se halla en Verona, donde Cangrande della Scala ha anunciado una gran fiesta, que no se llega a celebrar, por lo que el bufón permanece en la ciudad vi­viendo de lo suyo, en espera de que Can- grande le indemnice de una manera u otra.

Vana esperanza, no obstante, porque el señor, desmintiendo excepcionalmente su fa­mosa prodigalidad, no presta la menor aten­ción al pobre Bergamino, quien, un día que se halla en su presencia, le recuerda sus deberes de huésped mediante una na­rración en la que le explica cómo un abad de Cluny, después de haber despreciado en su mesa al docto y bizarro cantor Primasso, muy pronto se arrepiente de tal desdén y ayuda con largueza a su comensal.

La anécdota no cae en saco roto, puesto que el señor de Verona, arrepentido también de su insólita avaricia, colma de regalos a Bergamino. Como puede verse, la historia carece casi por completo de intriga, pero el personaje mantiene toda su viveza; como personificación de un ideal de garbosa y civilísima agudeza, puede parangonarse con el panadero Cisti (v.).

Es un «hablador fá­cil y elegante», nueva figura de astuto bur­gués que, junto con Cisti y otros seme­jantes, inaugura una sociedad postfeudal y halla en Boccaccio un cronista poético y complacido.

F. Giannessi