Protagonista de la novela de este nombre, del escritor norteamericano Hermán Melville (1819-1891), publicada por vez primera en 1853 y reeditada en los Cuentos del Mirador (v.).
Se trata del capitán de un mercante español cuyo cargamento de esclavos negros se amotina, da muerte a los oficiales de a bordo, se adueña de la nave y reduce a Benito Cereno a un cautiverio físico que muy pronto se transforma en un yugo moral. La narración está basada en un capítulo de los Viajes y travesías [Voyages and Travels] del capitán yanki Amasa Delano. A través de la mentalidad de Delano, cifra y compendio de la sencilla honradez del hombre de mar, Melville analiza las torturadas contorsiones de un ser preso en las mallas de un mal del que, a pesar de su aparente inocencia, él mismo es, por lo menos en parte, responsable.
Don Benito es un tipo de español que parece sacado de un cuadro del Greco; Delano le encuentra en un estado semiinconsciente de terror próximo a la locura, causado por su cautividad a manos de los negros. El ambiente que respira se halla contaminado por el Mal que señorea en su nave; y aunque Delano consiga librarle de manos de los amotinados, don Benito no puede sanar de algo que se ha apoderado íntimamente de su cuerpo y de su espíritu y muere luego de haber sido castigados los rebeldes.
Benito Cereño interesa menos como personaje que como material humano que el teólogo Melville utiliza para la exposición de un drama espiritual: el drama de la ambigüedad moral, por una parte, que es el tema más obsesionante de sus obras, y por otra, el del contagio moral. La habilidad del narrador en la creación, en un terreno artístico, del terror y la incertidumbre, no alcanza a disimular del todo el comentario del teólogo en el Moby Dick (v.): « ¡No te detengas demasiado, oh hombre, mirando el fuego!»
S. Geist

