Beatriz Esmond

[Beatrix Esmond]. Personaje de la novela Historia de Enrique Esmond (v.) de W. M. Thackeray (1811- 1863). De familia noble, hereda de su ma­dre la maravillosa belleza y de su padre el carácter libertino y ambicioso.

Se une a todo ello una voluntad fría y constante, una falta de afectos que la hace insensible a las condiciones penosas de su familia y a los dolores de sus propios parientes, y una malicia que su egoísmo le ayuda a di­simular bajo el disfraz de una pueril ama­bilidad.

Decidida a elevarse hasta un nivel principesco y a disfrutar de la vida en un ambiente de fastuosidad y admiración, sabe que únicamente le será dado alcanzarlo si, audaz y astutamente, pone en juego la carta de su belleza, manejándola a modo de espejuelo. Siente hacia Enrique Esmond (v.) el afecto propio de una infancia co­mún, que luego se trueca en desprecio por su carácter y condición.

No obstante, man­tiene siempre hacia él cierta inclinación, que se cambia en admiración cuando se entera de su valor y de la gran renuncia a que se somete por amor a ella y a los suyos. Pero aunque le admira no puede amarle, segura, además, de que tal unión sería la infelicidad de ambos. Este tipo de mujer abunda en las obras de Thackeray, y, por otra parte, no deja de ser una figura un tanto artificiosa y trivial.

Así, Beatriz, que podría parecer una figura preparatoria de la de Becky Sharp (v.) es, por el con­trario, su efecto y, hasta cierto punto, su decadencia. En esta última el engaño ins­tintivo, la duplicidad innata, la energía fle­xible de un tipo eterno de mujer se hallan maravillosamente expresados en su esencia burguesa y vulgar, aunque nunca exentas de ciertos resabios de un estridente senti­mentalismo.

En Beatriz, en cambio, siempre actriz y aventurera (esencia que permanece inalterada a pesar de su elevación a un ni­vel superior), predomina la caracterización sentimental, transformada en clara artificiosidad, particularmente en los momentos en que la figura es analizada de manera más realista.

El tipo de mujer bella y cruel está aquí muy superficialmente tratado y sólo hasta cierto punto sus actos responden a una necesidad interna; especialmente al final de la novela da la impresión de que Beatriz se marcha no se sabe dónde tan sólo para permitir que la obra concluya felizmente.

N. D’Agostino