Areté

En los cantos populares griegos, especialmente en los del ciclo acrítico, Areté es el nombre típico de mujeres jóvenes de señalada modestia y virtud.

La que más destaca sobre las otras, por los rasgos de su personalidad humana, es la Areté que se halla en la «Balada del her­mano muerto», difundida por toda Grecia y que de allí pasó a los Balcanes; en Occi­dente está representada por la famosa Leo­nora (v.) de Bürger.

Aunque la figura central de la balada es el trágico Constan­tino, el hermano que saldrá de su tumba para ir a rescatar a Areté de una tierra ex­traña, el poeta confiere también especial re­lieve a la figura de la muchacha, represen­tándola con afectuosa simpatía y delica­deza.

Es la única muchacha entre nueve hermanos («Madre con tus nueve hijos y tu única hija») y es hija de viuda. Ya se adivina con cuán tierna abnegación y ce­loso amor la madre se consagra a su hija predilecta: «tenía doce años y el sol toda­vía no la había visto: en la oscuridad la lava, a oscuras la peina, y a la luz de la estrella matutina trenza sus cabellos». De­liberadamente, el canto se detiene en estos pormenores, para dar mayor fuerza trágica a la desventura que se cierne sobre este ser increíblemente delicado y criado con tanto cariño.

Y luego, cuando Constantino, obligado a salir de su sepulcro por las im­precaciones de su madre, emprende el via­je, en forma de terrible espectro, para de­volver su hermana a su patria y a su ma­dre, el poeta vuelve a presentarnos a Areté con los mismos delicados y luminosos ras­gos. En efecto, la encuentra «peinándose fuera, a la luz de la luna», o, según otras redacciones, en plena danza o lavando la ropa en la fuente o poniendo a dormir a su niño.

Estas pinceladas luminosas e idílicas caracterizan la figura humana de Areté y aumentan el horror y la intensidad trágica de la balada por su contraste con el tono sobrenatural y terrible del resto del relato. Es admirable que con medios tan sencillos el poeta popular haya logrado pintar esta terrible antítesis y la personalidad humana de Areté. Al publicar esta balada en sus Cantos populares toscanos, corsos, ilirios, griegos (v.), Tommaseo escribía: «En comparación con esta Areté, la Leonora de Bürger es una amplificación retórica y una figura profana», y concluía diciendo: «Tales candores de poesía no admiten expresión en palabras. Callemos y admiremos».

L. Politis