Almayer

Protagonista de la novela La locura de Almayer (v.) de Joseph Conrad (1856-1924). Su figura aparece también bre­vemente en otra novela del mismo autor: El proscrito de las islas (v.).

Nacido en Java, de padres holandeses que mantienen vivo el recuerdo y la nostalgia de la pa­tria, Almayer se traslada, muy joven aún, a las islas del archipiélago malayo, como agente de un rico comerciante, «dispuesto a conquistar el mundo y sin la menor duda de que podrá lograrlo»; pero a pesar de su juvenil entusiasmo, es en el fondo un ser «débil, irresoluto y desdichado», con la cabeza perpetuamente en las nubes e incapaz de aferrar y dominar la realidad.

Su vida no es más que una larga serie de fracasos: cuando se establece en Sambir, en Borneo, con su mujer mestiza, con la que se ha casado sin amor, por codicia y debilidad, no sabe imponerse a ésta^ ni a sus competidores los mercaderes árabes que minan astutamente su fortuna y su prestigio; y poco a poco se hunde en la indolencia, el desaliento y la miseria.

La única luz de su vida es su amor por Nina, una hija a la que ha dado educación euro­pea y a la que sueña en llevar un día con­sigo a Holanda para vivir allí «gozando de su fortuna, de sus triunfos y de su felici­dad», cuando se haya enriquecido conquis­tando un misterioso tesoro del cual confía en vano poder hacerse dueño. Absorto por este sueño, soporta pacientemente «el peso del trabajo, de las decepciones y de la humillación entre los salvajes», esperando sin desmayo aquella espléndida recompen­sa que podrá hacerle olvidar los veinticinco años de lucha «que le han destrozado el corazón» en aquella costa donde se siente prisionero.

Pero cuando Nina se enamora de un jefe malayo y huye con él, renegan­do de su padre y de la raza de éste, Almayer tiene la impresión «de haber sido arrojado por años, día por día, hora por hora, a un profundo abismo»; y para no enloquecer, quiere olvidar a su hija y bo­rrarla de su vida. Pega fuego a su vieja casa y se retira a otra que no tarda en ser una «nueva ruina», y allí «en la inmutable locura de su corazón, se queda aguardando con penosa ansiedad aquel olvido que tanto tarda en venir».

Por fin muere, envenenado por el opio, y «su alma liberada de las tor­turas dé su locura terrestre vuela a la presencia de la infinita sabiduría». Almayer es el verdadero tipo del hombre desplazado y fracasado, que no sabe dirigir su vida, sino que se abandona a los caprichos del des­tino y que, absorto en sus fantásticos sue­ños, no se da cuenta «de lo tortuoso de sus caminos, ni de lo irreal de sus fines, ni de la futilidad de sus lamentos».

A. P. Marchesini