Alejandro Magno

Una versión siríaca de la novela del pseudo-Calístenes fecundó los vagos re­cuerdos de Alejandro que por otros con­ductos habían llegado a Asia Anterior, dan­do vida a la figura de Zul-qarnain, el fatal héroe «bicorne» que hallamos en fuentes siríacas, árabes, persas, turcas y etiópicas.

Un poema siríaco sobre Alejandro se re­monta nada menos que al siglo VI. En la Sura 18 del Corán (v.) aparece el Bicorne, al cual aluden unos oscuros versículos que se refieren a su viaje por toda la tierra, desde el extremo Occidente hasta el ex­tremo Oriente, y a los pueblos salvajes y devastadores de Gog y Magog (v.), a los cuales, atendiendo a los ruegos de sus ve­cinos, encierra en una muralla de bronce.

En el Libro de los Reyes (v.) de Firdusi, el gran Iskandar aparece precisamente asi­milado al linaje que Alejandro derrotó, ya que se le supone iranio por parte de su madre, presunta hija de Darío I. La poe­sía novelesca persa se apodera de todos estos rasgos y los combina con otras alu­siones coránicas, y en sus diversos Iskandar-name (v. Alejandro Magno), los dos más famosos de los cuales se deben a Nizami (siglo XII) y a Jami Djami (siglo XV), elabora la leyenda en su forma más completa: Alejandro no sólo erige la mu­ralla, sino que guiado por el misterioso pro­feta Khidr, busca por el país de las tinie­blas la fuente de la vida. (En el Corán, en cambio, por un error de Mahoma, quien busca el agua de la vida es Moisés, v.).

En esta refundición el macedonio se ha convertido en un piadoso soberano mono­teísta y, especialmente en la obra de Jami Djami, en poco menos que un místico pe­regrino musulmán ansioso de asegurar la salvación de su espíritu; tales seguirán siendo sus rasgos en las literaturas deri­vadas de la persa, como las turcas y la indostánica. Muchas de estas versiones y fantasías orientales fueron recogidas y ar­monizadas en Occidente, con extremado poder sugestivo, por el poeta italiano Pascoli en su Gog y Magog (v. Poemas con­viviales).

F.  Gabrieli