Agramante

Personaje de los poemas caballerescos italianos. Rey de África, des­cendiente de Alejandro Magno (v.), hijo de Troyano y por ello mismo nieto de aquel Agolante cuyas insensatas empresas en Ita­lia y cuya derrota a manos del emperador Carlomagno (v.) y de Roldán (v.) se narran en los poemas y relatos novelescos france­ses e italianos, Agramante renueva en el Orlando enamorado (v.) las gestas de su abuelo, anheloso a su vez de dar pruebas de su inmenso poder en una empresa extra­ordinaria contra la Cristiandad.

La escena en que Agramante reúne en su palacio a reyes vasallos suyos, para exponerles sus ideas acerca de la expedición contra Francia y para solicitar su consejo y ayu­da, es de una grandiosidad fabulosa y cons­tituye la más bella descripción que Boyardo pudo dar del carácter de su personaje, muy distinto de aquellos guerreros sarracenos de extraordinaria fuerza y enorme ambi­ción por quienes su amor por lo rudo y lo fabuloso le hacían sentir una extraña sim­patía.

Después, Agramante va en busca de Ruggiero (v.), el guerrero indispensable para su empresa, y se enfrenta con varias aventuras, perdiendo en ellas un poco de su grandeza y de su inicial superioridad sobre la caterva de bárbaros reyes que le rodean. En Ariosto, su figura suele re­ducirse a proporciones más verosímiles: no es ya el joven de alocadas ambiciones, sino el jefe de una difícil empresa bélica que, a trueque de perder relieve respecto a otros guerreros sarracenos, adquiere, como por otras razones adquiere también Carlomagno, una genérica dignidad real que con­trasta con el carácter que se le atribuye en el poema de Boyardo.

Por ello en la obra de Ariosto, Agramante no representa una de las fuerzas vivas y poéticamente activas, sino que cuando estalla la discordia en su campo, no es él, preocupado en restablecer la paz entre los suyos, quien atrae nuestro interés, sino aquellos guerreros insolentes y orgullosos que provocan el conflicto.

Pero después de la catástrofe, cuando aborda en su huida una isla desierta y por consejo de Gradasso (v.) decide seguir resistiendo a su adversa fortuna y desafiar a Orlando, su figura asume una severa grandeza. En la página más épica del Orlando furioso (v.), esto es, en el duelo de Lipadusa, Agramante desempeña un papel esencial, no tanto por el valor que demuestra en el combate contra los tres campeones cristia­nos ni por su dramática muerte, como por la respuesta que da a uno de^ aquéllos, Brandimarte (v.), que la noche antes del duelo le ha invitado a convertirse al cris­tianismo, como él por su parte ha hecho, ofreciéndole en nombre de Carlomagno condiciones favorables.

La negativa del rey vencido y destinado — así lo sentimos — a una próxima muerte («si estuviera seguro de mi muerte, quisiera antes morir que desmentir mi sangre») proyecta una nobi­lísima luz sobre su figura.

M. Fubini