[Adolphe]. Protagonista de la novela de este nombre (v.) de Benjamin Constant (1767-1830). En el personaje se encarna el propio autor: inquieto, ávido de placeres y de conocimientos, hombre de talento vasto y dúctil pero al mismo tiempo profundamente individualista, en él puede reflejarse y hallar desesperado consuelo cualquier enamorado.
Dominado por el fervor de un minucioso análisis, Adolfo ahonda en sí mismo hasta suscitar su propia compasión. Concentrado en la curiosidad de su propio ser, atormentado por un pasado que desde la religión del amor ha ido a parar al éxtasis del sentimiento, Adolfo logra dar colores naturales a la virtud, la inteligencia y la alegría. En su aspiración al placer y a todas las más agudas y exquisitas experiencias del corazón humano, su afanosa búsqueda halla una morbosa satisfacción y tal vez un goce que equivale a la misma felicidad.
En una palabra, es el hombre que ha creído y confiado en la eternidad de toda exaltación interior y que se ve obligado a renunciar aun a estos inútiles esfuerzos para admitir que la única salvación está en «ver transcurrir el tiempo y amontonarse los días unos encima de otros». Con todo, Adolfo no es jamás irónico. Se lo impide la timidez, aquella misma timidez que le niega toda capacidad de abandono y le somete, al mismo tiempo, a la voluntad de otros o a la fuerza de las circunstancias.
Finalmente se da cuenta de que sólo «ha logrado añadir remordimientos a las quejas y errores a los sufrimientos». Si los autores que le habían precedido, desde Bernardin de Saint-Pierre hasta Sénancour, desde Mme. de Staél hasta Chateaubriand, habían hablado del amor que nace, Benjamin Constant narra el amor que se disuelve. Ésta es quizá la nota más original y la aportación más notable de este personaje a la literatura de la época romántica.
F. Bondioli

