Abimelec

[Abimélek] La Biblia (v.) menciona a dos soberanos cananeos de este nombre: uno contemporáneo de Abraham, el otro de Isaac.

Su relación con los dos patriarcas es idéntica, hasta el punto de inducir a pensar, equivocadamente, que se trata de un solo personaje: el primero re­tiene a Sara (v.), hermana, al mismo tiem­po que esposa, de Abraham (v.), y la rapta; el segundo retiene a Rebeca (v.), hermana, al mismo tiempo que esposa, de Isaac, y censura a su marido por haberle callado este parentesco.

Uno y otro se hallan en suspenso entre el escándalo y el acto ilí­cito, pero el conocimiento de la verdad les detiene en el umbral de la acción. Son breves episodios, sin futuro, pero la pro­mesa divina a los patriarcas resplandece en la honradez de los dos paganos, envol­viendo a la familia elegida (que no es to­davía un pueblo), como una aureola que ilumina todo cuanto alcanza. Del mismo modo que la concepción de Sara, mujer estéril, viene de lo alto, también de lo alto viene el honor de Rebeca.

E incluso el temeroso silencio de Isaac (v.) equivale a una alusión a este tema esencial: la sal­vación desde lo alto. En efecto, la carne de Israel es carne de Abraham, pero su espíritu es espíritu de Dios. Abimelec, es también el nombre de uno de los 70 hijos de Gedeón (v.), juez en Israel.

A la muer­te de su padre intentó sucederle él solo y dio muerte a todos sus hermanos. Pero sus pocos seguidores se desbandaron cuando él a su vez murió al pie de las torres que no abrían sus puertas a su cetro ensangrentado. La tremenda parábola de Abime­lec figura en el hebraísmo para enseñar que la función de Dios no es hereditaria sino que se posa como una paloma, aquí y allí, sobre las almas elegidas y no sobre una semilla carnal.

P. De Benedetti