Historia de una Ciudad, Michail Evgrafovič Saltykov

[Istorija odnogo goroda ]. Crónica satírica de Michail Evgrafovič Saltykov (pseud.: ščedrin; 1826- 1889), publicada en 1870. El escritor imagina reconstruir la historia de una ciudad rusa durante un siglo entero, del 1731 al 1825, a base de los materiales diversos recogidos en los distintos archivos del lugar. El nom­bre de la ciudad, Glupov, formado del adje­tivo «glupyi», que significa «estúpido», revela la idea del escritor, o sea que Glupov no indica a ninguna ciudad determinada, sino a la típica ciudad rusa de provincia, cuyas mentiras y falsedad administrativa delata, y que se conservan siempre a pesar de todos los cambios históricos del país. No es difícil reconocer en los potentados de Glupov a los diversos zares, favoritos y mi­nistros rusos que se sucedieron en el largo período de tiempo que comprende la cró­nica. La figura del zar Alejandro I se nos presenta bajo la forma de uno de los per­sonajes, Erast Andreevič Grustilov (el nom­bre está formado de «Grust» = tristeza, melancolía). Grustilov es un ministro senti­mental que no puede ver a las mujeres sin enrojecer, pero también es sensual hasta la medula.

El ministro liberal de Alejandro I, Speranskij, está representado por el hijo de Benevolenskij, que ya como seminarista sin­tió afición a redactar leyes y como gober­nador elabora un «Reglamento para prepa­rar los dulces de modo decente»; el terrible Arakčev, que fue el verdadero dominador de Rusia en los últimos años del reinado de Alejandro I, está representado en la figura de Ugrjum Burčev («ugrjum = tétrico, fos­co; «burcat» significa murmurar). Los ha­bitantes de Glupov se comportan frente a sus gobernadores del modo que corres­ponde a su nombre colectivo. Como en la mayor parte de las obras de Saltykov, en los bosquejos provincianos (v.), en Los se­ñores de Taškent (v.) y en la Antigüedades de Pošechen (v.), también en la Historia de una ciudad falta una trama que se pue­da resumir brevemente; se trata de esbo­zos, de episodios, de historias varias que se suceden y se mezclan para formar el cuadro de conjunto. Por su carácter de sátira política, además de sátira social y mo­ral, la Historia de una ciudad ocupa por sí misma un lugar en la obra del autor.

E. Lo Gatto

Historia de tres Generaciones, Jacques Bainville

[Histoire de trois générations]. Obra del his­toriador francés Jacques Bainville (1879- 1936), publicada en 1934. Tres generaciones desfilan de 1814 a 1914 entre las peripecias heroicas y trágicas de Francia, en un siglo dominado por los exaltados recuerdos de las guerras napoleónicas y por el sentimiento de una misión liberadora y coordinadora de los pueblos que Napoleón le dejaba en herencia desde Santa Elena. En vano luchó Metternich contra el principio de las nacio­nalidades, comprendiendo el peligro de la formación de nuevos estados con sus ambi­ciones; en vano Luis Felipe se opuso a la voluntad de guerra contra los «tiranos» y a la abolición de los tratados de 1815, que garantizaban la integridad territorial fran­cesa. Napoleón III recogió el testamento del tío, se hizo intérprete, participando en ellas, de aquellas tendencias, y tras un breve período de fascinación, llevó a Francia a Sedán. En Versalles se fundó el Imperio Germánico, en tanto que poco después fra­casaba la monarquía francesa. La Tercera República se fundó sobre la paz desarmada, creyéndola esencial para la paz europea, y se meció en la seguridad del bienestar al­canzado, hallando una derivación para las aspiraciones nacionales en el colonialismo.

Por el contrario, el nacionalismo germánico, asociado en sus orígenes con la idea liberal, se desenvolvió en el sentido imperialista y se colocó amenazador frente a Francia. La agresión alemana de 1914 no bastó para hacer repudiar a la política democrática. Y así las ideas y las doctrinas, a las que los franceses se habían sacrificado, fueron re­chazadas con desprecio y con irrisión por los pueblos que las habían usado para su ascensión. Doloroso examen de conciencia, en vísperas de la catástrofe que el autor no vio, y apasionada requisitoria, templada en líricas páginas de una afectuosa piedad hacia la Patria, «Cristo de las Naciones». En sustancia, la Francia democrática fue des­viada por un idealismo contrario a sus in­tereses en beneficio de pueblos que en deter­minados momentos se han revelado como sus enemigos. Es fácil oponer que el prin­cipio de nacionalidad se habría abierto ca­mino igualmente y que, si para la existencia de Francia, era necesario que el principio de nacionalidad se aplicase sólo a ella, per­maneciendo los demás pueblos divididos y desmembrados, precisamente esto mismo la condenaba a ser rechazada por las naciones jóvenes.

P. Onnis

Historia de Tom Jones, Expósito, Henry Fielding

[The History of Tom Jones, a Foundling]. Novela del escritor inglés Henry Fielding (1707-1754), publicada en 1749, en 6 vo­lúmenes divididos en 18 libros, cada uno de los cuales está precedido por un ensayo (a menudo escrito en una excelente prosa) sobre un tema más o menos relativo a la his­toria.

Tom Jones es hijo adoptivo del rico filántropo Mr. Allworthy, un modelo de virtudes, verdadera encarnación de la jus­ticia y de la caridad, «alter ego» de la Pro­videncia: éste encontró misteriosamente una noche, en su cama, a ese hijo de descono­cidos y lo educó junto a su sobrino y legí­timo heredero, Blifil. Blifil es el sinvergüen­za que se contrapone al héroe de la novela, Tom; egoísta e hipócrita, odia a Tom, que se ha ganado el cariño de la bella Sofía, hija del iracundo «squire» Western, un gran ca­zador. Pero Tom, al principio, tiene puesto su corazón en otros intereses: mantiene re­laciones con Molly Seagrim, la hija de un guardabosque, y desea casarse con ella; se da cuenta por fin que en realidad ha sido ella quien ha tratado de seducirle y, con la conciencia más ligera, trata de correspon­der a la pasión de Sofía. Pero la tía de ésta, conociendo el secreto de la muchacha, ace­lera los preparativos para su boda con Blifil. Tom, calumniado por Blifil, con la ayuda del envidioso preceptor Twackum y de su colega, el filósofo Square, es echado de casa de Mr. Allworthy y se dedica al vagabun­deo, acompañado, como Don Quijote (v.) por su Sancho (v.), por el charlatán, bobo, medio interesado y medio aficionado maes­tro de escuela Partridge, que le mete en mil apuros.

Entretanto, Sofía, muchacha enér­gica, envía a Tom todo su dinero y huye de casa para evitar su boda con Blifil; se refugia en un hotel, pero tiene la sorpresa de comprobar que también se hospeda allí Tom, pero con una aventurera, la señora Waters, a quien él salvó de los bandidos. Sofía no sabe dejar otro testimonio de su reproche que su manguito, que abandona sobre la cama de Tom con su nombre es­crito en una tarjeta. El argumento va complicándose cada vez más. Sofía se refu­gia en casa de su prima, lady Bellaston, que le prepara una pérfida trampa para que la chica se case con un hombre de su mundo, disoluto y equívoco, lord Fellamar. Tom, buscando a Sofía, encuentra a lady Bellas­ton y tiene una aventura con ella, pero una noche, dirigiéndose a una cita que ella le ha concedido, encuentra, en cambio, a Sofía; la intervención de lady Bellaston da origen a escenas bastante cómicas. Tom va a la cárcel, más tarde, por haber herido grave­mente a un hombre en legítima defensa; abandonado por todo el mundo, se encuen­tra al borde del abismo. Se descubre, por fin, que Tom es hijo de la hermana de Allworthy; Blifil había interceptado la carta con que ella, en trance de muerte, informa­ba a su hermano del asunto. El descubri­miento y al mismo tiempo el desenmasca­ramiento de Blifil cambian la situación: Tom llega a ser heredero de su tío, y Western consiente en que Sofía se case con él.

Fiel­ding basa su moral sobre la «bondad natu­ral del corazón», que a su parecer redime todo defecto; y la bondad instintiva de Tom se pone continuamente de manifiesto con efusiones de retórica sentimental; sin em­bargo, aparte de este aspecto, característico de su siglo, la novela tiene cualidades de vigor realista y de sana comicidad que ha­cen de él un clásico de todos los tiempos. Simeone Antonio Sografi (1759-1818) extrajo de esta obra una comedia homónima que es, empero, una de las peores que salieron de su pluma. [La primera versión castellana traducida directamente del inglés es la de don Ignacio de Ordejón (Madrid, 1796). Existe una versión moderna de G. Sans Huelín (Madrid, 1933).]

M. Praz

Como todas las otras obras del autor, tam­bién este libro se lee como se bebería un vino generoso, sano y robusto, que rebosa de buen humor y tonifica, sin carecer del perfume delicado de los vinos refinados. (Taine)

El tono filosófico es una de las cosas que a muchos nos hacen apreciar a Fielding: la solidez y la humanidad de su caracteriza­ción son unos de los motivos que le dan un sitio tan elevado en nuestro Panteón. Indu­dablemente él pensaba que era su filosofía lo que daba peso a una forma literaria ge­neralmente tan frívola y sin importancia. (J. W. Beach)

La Historia de Sir Carlos Grandison, Samuel Richardson

[The History of sir Charles Grandison]. Novela en siete volúmenes, del in­glés Samuel Richardson (1683-1761), pu­blicada en 1754. Después del gran éxito al­canzado por Pamela (v.) y Clarisa (v.), el autor creó un personaje que encarna el ideal masculino de la novela realista-pedagógico- sentimental que él puso de moda.

Enriqueta Byron, que acaba de llegar a Londres, se ve rodeada por numerosos cortejadores, entre los que destaca un tal Hargrave Pollexfen, bello y presumido. Al verse rechazado por la muchacha, trata de raptarla a la salida de un baile, pero sir Carlos, que casual­mente se encuentra allí, lo impide, y pronto la amistad que nace entre él y Enriqueta se transforma en amor. Sin embargo, Car­los está ya comprometido; en efecto, en Ita­lia había conquistado sin quererlo el cora­zón de Clementina della Porretta. Al partir él, la joven había caído en una profunda melancolía, y ahora se encuentra tan mal que los señores Della Porretta invitan al joven a que regrese, dispuestos a dar su consentimiento a la boda. Así, aunque sus sentimientos hacia Clementina no superan la amistad y una generosa piedad, Carlos, moralmente comprometido, parte para Bolonia, abandonando a Enriqueta, deshecha en lágrimas. De Italia llegan sus cartas al amigo doctor Bartlett, describiendo minu­ciosamente a los señores Delia Porretta.

Y cuando las negociaciones para la boda están a punto de llegar a su conclusión. Cle­mentina se da cuenta de la imposibilidad de unirse con un hombre de distinta religión, decide hacerse monja y aconseja a Carlos que se case con su compatriota. La descrip­ción del noviazgo, de las felicitaciones, de la boda y de otros episodios, como la muer­te de Hargrave Pollexfen, que deja gran parte de sus riquezas a los novios, ocupa dos volúmenes. Y para que tan idílica felicidad no se turbe con la tristeza de Clementina, ésta abandona el convento, marcha a Ingla­terra y se casa con el conde Belvedere, uno de sus antiguos pretendientes. Si débil es la figura del protagonista, no podemos dejar de admirar, con Walter Scott, la poco co­mún penetración de análisis de Richard­son, especialmente en el alma femenina, cuando considera a sus personajes libre de preocupaciones moralistas. Johann Karl August Musaus (1735-1787) hizo una sátira en alemán de Richardson en el Grandison Segundo [Grandison der Zweite, 1760-1762].

E. Cione

Historia de Sibila, Octave Feuillet

[Histoire de Sibylle]. Novela de Octave Feuillet (1821- 1890), publicada en 1862. Sibylle de Ferias, huérfana y criada por sus abuelos mater­nos, vive en un solitario castillo de Normandía. Su carácter y la educación que le han dado han hecho de ella una muchacha muy piadosa y orgullosa de su religión. Durante una estancia en París, en casa de sus abuelos paternos, Sibylle, que ahora ya tiene veinte años, conoce al conde Raúl de Chalys, aten­to caballero y exquisito pintor; los dos jó­venes se aman, y Sibylle ya está decidida a casarse con él, cuando, en una conversa­ción mundana, oye a Raúl declarar que no cree en Dios y que tampoco quiere tratar de creer en Él. Con el corazón sangrando, Sibylle huye de él. Raúl, que no quiere si­mular para conquistar su felicidad, no se atreve a retenerla. Sin embargo, no se re­signa, y cuando Sibylle pide a una amiga suya que le envíe a un pintor para decorar la iglesia de su aldea, él se presenta con un falso nombre. La muchacha se va emo­cionando, poco a poco, frente al delicado arte del joven. La inspiración de sus fres­cos de carácter sagrado le hacen confiar en poderle convertir a la verdadera fe, y para lograrlo ofrece a Dios su vida a cambio de la redención del joven. Su voto es aco­gido; Sibylle, moribunda, tiene la alegría de oír rezar al joven y de unirse a él en una mística boda. Epígono de un romanti­cismo que ya ha conquistado los salones mundanos y burgueses, Feuillet da muestras aquí de su gran sensibilidad. La Historia de Sibila tuvo un gran éxito en su tiempo, y fue traducida a varios idiomas.

G. Alloisio