Historias de un Pilluelo, Ludwig Thoma

[Lausbubengeschichten]. Comprenden dos series, la primera, de 1905, con este título y el sub­título De mi juventud [Aus meiner Jugendzeit], la segunda, de 1907, titulada La tía Frida — Nuevas historias, etc. [Tante Frieda — Neue Lausbubengeschichten]. El pilluelo es el propio autor, Ludwig Thoma (1867-1921), el gran satírico bávaro, que ha escogido esta máscara para poder mos­trar al desnudo con la ingenua e incorrup­tible sinceridad de la observación infantil todos los aspectos ridículos y vanos de la pequeña burguesía de aquella época, con sus métodos anticuados de educación y con sus estúpidos y afectados pudores. Thoma escribe como piensa y habla un pilluelo de la Alta Baviera, y el efecto es de una comicidad irresistible, todavía más hoy que en su tiempo, porque bajo la vestidura satírica y divertida nos ofrece un cuadro completo de la cultura y de las costumbres del fin de siglo.

Alrededor del pequeño Ludwig se mueven personas y se desarrollan acontecimientos con una vivacidad multicolor: allí están las dos her­manas mayores con sus cómicos preten­dientes y prometidos; la primita que viene de la India, una de las figuras más gracio­sas, que por su naturaleza escandaliza a to­dos los parientes de la pequeña ciudad y, sin saberlo, causa estragos en los corazones juveniles: los fatuos caballeros llenos de afectación, el joven y modesto cervecero, con su adoración tímida y conmovedora. Es incomparable por su grotesca comicidad y falta de tacto la tía Frida: sus visitas son el espanto de los sobrinos y el pilluelo consigue abreviarlas molestando a su papa­gayo predilecto. Dulce, humana, justa en su sencilla bondad, es en cambio la madre, a quien una temprana viudez ha expuesto a mil amarguras, aparte de las críticas de los parientes, pero que sabe conservar su cora­zón cálido y sereno para sus hijos. Contra los maestros y los educadores, a los que el autor no perdona la vaciedad y la hipocre­sía de sus agrios sistemas pedagógicos, la sátira es mucho más cruda. Por otra parte, las dos series de las Historia de un pilluelo constituyen un conjunto de bocetos y esce­nas que rebosan una espontánea fragancia; especialmente en Baviera, patria del autor, gozan de una extraordinaria y merecida popularidad.

C. Baseggio-E. Rosenfeld

Historias de un Abuelo, Walter Scott

[The Tales of a Grandfather]. Historia de Escocia hasta la terminación de la revolución de 1745-46, de Walter Scott (1771-1832), publicada en 1827-29. En principio el autor compuso estas narraciones para su nieto, John Hugh Lockhart; de ahí el título. Precedidas de un pre­facio en el que hace un resumen de la ocupación romana, ilustran también sobre los personajes y sucesos más importantes de la historia escocesa hasta llegar a la revolu­ción de 1745-46 y a la romántica y nove­lesca figura del Pretendiente Carlos Eduar­do Stuart, el «Bonnie Prince Charlie» de los montañeses escoceses. Constituye, toda­vía hoy, la narración más viva y digna de crédito sobre este período, en especial por la seguridad con que están descritos perso­najes y ambiente. Una serie ulterior publi­cada en el año 1831, trata de la historia de Francia.

M. Praz

Historias, Cayo Veleio Patérculo

[Historiae]. Son dos libros que Cayo Veleio Patérculo (19 a. de C.? – 31 d. de C.?) escribió sobre los hechos históricos que se extienden desde la destrucción de Cartago hasta el consulado de Vinicio, en el año 30 d. de C. Dedica la obra al mismo Vinicio, y aspira a ser una historia militar, encuadrada en una visión universal del mundo y de la cultura romana. La tradición familiar había llevado al historiador a elegir la vida de las armas; la carrera militar le permitió conocer el Oriente y la Germania; los estudios litera­rios y la ambición política le impulsaron a componer esta obra en la cual afloran mu­chos — tal vez demasiados — elementos he­terogéneos. En el conjunto equilibrado de la obra aparecen sobre todo desarrollados los acontecimientos recientes. El reino de Tiberio en particular adquiere una deci­siva importancia a la vista del historiador, también porque en muchas de aquellas empresas había tomado parte él mismo. No escasean las digresiones; son notables las concernientes a la historia literaria, en las cuales, si bien sigue una orientación rígida­mente académica, demuestra Veleio su pre­dilección y, hasta un cierto punto, su pro­grama literario, al cual perjudica la expe­riencia retórica que poseía el autor, sufrida pasivamente por el hombre de armas en el curso de sus relaciones con los hombres de letras.

F. Della Corte

Esa continua inclinación a la sentencia, es decir, a resumir y a definir el hecho sucedido como un hecho que tendrá lugar; esa arquitectura aguzada de frases y de conceptos que penetran de golpe en nuestro espíritu, si bien no siempre están destina­dos a retenerse; esa excitación continua del narrador que de cuando en cuando se transforma en declamador, insoportable en una obra extensa, dan en cambio animación a este compendio que es como un ensayo his­tórico en dos libros, como una larga confe­rencia sobre la historia de Roma. Y es una novedad, porque la historia no es conside­rada solamente como narración de aconte­cimientos políticos y guerreros, sino como exposición de toda la vida pública, com­prendida la intelectual. (C. Marchesi)

Historias, Cayo Crispo Salustio

[Historiae]. Cinco libros compuestos por Cayo Crispo Salustio (86-35 a. de C.). Comenzaban en el año 78 y terminaban en el 67, es decir, desde la muerte de Sila a la guerra contra los piratas. De los fragmentos conservados, los más im­portantes comprenden cuatro discursos y dos cartas: el discurso de M. Lèpido contra las reformas de Sila, el de M. Filipo contra Lèpido, el de C. Aurelio Cotta contra Ser- torio y Mitrídates y el de C. Licinio Macro sobre los peligros de la dictadura. De las cartas, una es de Pompeyo, quien desde Es­paña pide ayuda al Senado, y la otra es del rey Mitrídates, dirigida a Arsaces, solicitan­do su alianza contra los romanos. Las mo­nografías que de él se nos han conservado, como la Guerra de Catilina (v.) y la Guerra Yugurtina (v.), nos permiten entrever cuál fue el espíritu partidista en el que Salustio se inspiraba al componer sus historias, en las que adopta una evidente posición antisensatorial y filocesarista. De esta forma historiográfica sectaria y parcial, aunque siem­pre artística, será Tàcito el supremo émulo e imitador, con sus Historias (v.) y sus Anales (v.).

F. Della Corte

Libertino, impúdico, vicioso y monstruoso, tanto en su vida como en sus escritos, además de ladrón ignorantísimo de las viejas palabras de Catón. (Leneo, liberto de Pompeyo)

Primus romana Crispus in historia. (Marcial)

La concisión del inmortal Salustio… a cuyo lado nada puede ser más perfecto para el oído atento y experto. (Quintiliano)

Rerum romanarum fiorentissimus auctor. (Tácito)

Escritor majestuoso y proporcionado a la grandeza romana, si hubiese abrazado todas las memorias romanas, y si las que abrazó no se hubieran perdido. (Gravina)

Salustio sintió en la historia el drama con­tinuo de la vida y quiso manifestarlo y ha­cer visible, no sólo las acciones, sino también los pensamientos de los hombres; escribió de las cosas pretéritas de forma que apare­cieran siempre presentes a nuestro espíritu. (C. Marchesi)

Historias, Teofilacto Simocata

Es el título de la obra de Teofilacto Simocata, egipcio de nacimiento y que vivió en la Corte de Bizancio, en la que ocupó altos cargos durante el reinado de Heraclio (610- 640). La obra, en ocho libros, narra los acontecimientos registrados en el reinado de Mauricio (582-602). Teofilacto es el más eminente de los sucesores de Procopio. y sus Historias figuran entre las fuentes más autorizadas de su tiempo, siendo como tales usadas por muchos cronistas posteriores. El estilo de este escritor es increíblemente pre­ciosista.

R. Cantarella