L’ Italia del Popolo, Filippo de Boni y Giuseppe Révere

Órgano de la Asociación Nacional Italiana, fundado por Mazzini en Milán el 20 de mayo de 1848, con programa unitario republicano y de oposición a la anexión inmediata de la Lombardía al Piamonte.

Tuvo por principa­les colaboradores a Filippo de Boni y Giuseppe Révere, y salieron de él setenta y cuatro números, el último de los cuales lleva la fecha del 3 de agosto de 1848. Su lema era: «Verdad, Dios y pueblo». En su mani­fiesto – programa se decía: «Somos decla­radamente y antes que todo unitarios. Rechazamos la «Unión», voz equívoca, no defi­nida, que usurpa las formas y hace traición al alma de la idea italiana, sustituyendo el futuro por un manoseo en las condicio­nes del presente, y el triunfo del elemento nacional por una transacción de acuerdo entre los elementos provinciales que consti­tuyen actualmente el país… La asamblea del pueblo italiano es la única que puede resolver nuestro problema…». El periódico volvió a salir en Roma, durante el breve período de la República romana, el 25 de marzo de 1849 y vivió hasta el 3 de julio. Sus colaboradores más asiduos fueron Giuseppe Avezzana, la princesa Cristina de Belgioioso, Maurizio Quadrio y Adriano Lemmi. «L’Italia del Popolo» tuvo una tercera encarnación en forma de revista, en Lausana, editada por Stanislao Bonamici, desde el 25 de agosto de 1849 hasta julio de 1850 (XII y último fascículo), después de haber experimentado las acostumbradas persecu­ciones y haber publicado artículos, además de los de Mazzini, de sus correligionarios Saffi, Pisacane, Quadrio, De Bono, Varé, etc. Finalmente, después del paréntesis, «L’Italia del Popolo» volvió a publicarse en Génova como diario con destacado carácter antibonapartista, del 21 de febrero de 1857 al 3 de julio de 1858.

Llevaba en la cabe­cera las palabras «Libertad y unidad». Su último número contiene la siguiente declaración: «con el presente número cesan las publicaciones de «L’Italia del Popolo». Los motivos que se aducen para esta decisión son tan fáciles de comprender que parecería casi superfluo discurrir acerca de ellos. Las condiciones en que nos hallamos de algún tiempo a esta parte, el estado de lucha, no lucha de polémica contra adversarios, sino contra el gobierno que halla molesta nues­tra voz, y ha dirigido sus esfuerzos para hacerla callar a toda costa, constituye un estado de cosas anormal de manera que no podía durar…».

R. Caddeo

Italia Ilustrada, Flavio Biondo

[Italia illustrata]. Al escribir las Décadas de la historia de la decadencia de los romanos (v.) Flavio Biondo (1388-1463) había sentido a menudo la incomodidad del suntuoso ropaje del la­tín clásico que impedía el avance rápido y la adaptación a las cosas nuevas; pero más aún había advertido que la narración histórica, no consiguiendo seguir el gradual aumento de población y dar razón de la emigración interior que causaba la deca­dencia de ciudades un día famosas y el so­berbio auge de otras antes oscuras, dejaba insatisfechas algunas exigencias que su vi­vaz y ágil espíritu advertía. Para satisfacer la primera exigencia y adecuar las palabras antiguas a las cosas nuevas, trazó ante el lector, como preludio a la tercera década, una especie de paralelo entre los nombres modernos y los antiguos; para satisfacer la segunda emprendió en 1448 una obra me­dio biográfica y medio histórica que publicó en 1451 con el título de Italia ilustrada.

En ella, la península itálica está dividida en regiones y cada una de éstas está estudiada por separado, indicando sus confines, na­rrando sus vicisitudes históricas, enume­rando sus ciudades mayores y menores y celebrando sus nombres famosos en las le­tras, en las artes y en la política. Aun deri­vando la inspiración del mundo clásico, de la Periegesis de Grecia (v.) de Pausanias y de la Historia natural (v.) de Plinio, su obra respondía a exigencias nuevas; volvía a po­ner en lugar de honor el estudio de la geografía histórica utilizando para ello auto­res clásicos y cronistas medievales. Hoy se­ría fácil descubrir en su obra gran número de inexactitudes, pero sus contemporáneos la tuvieron, como se merecía, por ayuda preciosa. Desde 1460 el autor emprendió una serie de correcciones para una segunda edi­ción, pero el 4 de junio de 1463 la muerte truncó aquel propósito. La edición impresa más reciente es la de Basilea, en 1559; el año antes se había publicado en Venecia la traducción de Lucio Fanno.

G. Franceschini

Italia Antes de la Dominación de los Romanos, Giuseppe Micali

[l’ltalia avanti il do­minio dei Romani]. Obra historicoarqueológica de Giuseppe Micali (1769-1844), impresa en Florencia en 1810. Abraza todo el período comprendido entre los orígenes de los pueblos itálicos hasta la época de Au­gusto y está dividida en dos partes y cuatro tomos.

El primer tomo comprende los oríge­nes, las constituciones y los usos de los primeros habitantes de Italia, y trata de las fabulosas vicisitudes de la historia de aquel período, desde las revoluciones de los sí cu­los hasta las confederaciones de los ligures; desde el dominio de los etruscos al de los pueblos latinos (rútulos, equos, ernicios, sammitas, etc.) hasta la venida de los grie­gos a Italia. En el segundo tomo Micali habla más precisamente de las condiciones agrí­colas, sociales y económicas de aquellos pueblos antiguos y del estado primitivo de la religión y de las leyes, completando su investigación con un notable ensayo sobre el arte de la guerra y el desarrollo de la navegación y de las artes figurativas en aquel lejano período. Con la segunda parte se inicia en el tomo tercero la historia de los sucesos que determinaron la funda­ción de Roma, y se explican los princi­pales acontecimientos relativos a los pue­blos latinos en sus relaciones con la civili­zación romana.

La obra se cierra con la historia de la conquista de Liguria a la que siguió una sucesiva ampliación de los dominios romanos hasta los Alpes, gracias a la rendición absoluta de los pueblos itá­licos pacificados e incorporados a la ciu­dadanía en Roma bajo Augusto. La impor­tancia de esta obra estriba sobre todo en la demostración científica y objetiva de la au­tonomía de las más antiguas poblaciones de la península. En cuanto a las inciertas no­ticias que Micali nos da acerca del mundo primitivo, se puede decir en su favor que el autor ha reunido con orden y método todo cuanto se sabía entonces acerca de esta materia. Como consecuencia de su te­sis, son notables algunos de sus juicios so­bre la civilización de los países itálicos en un principio, e independientemente del in­flujo bárbaro, su reacción frente a las fic­ciones fabulosas y poéticas difundidas acer­ca de las gentes del septentrión y la idea, afirmada por primera vez con justo criterio de seriedad histórica, de que Italia fue el país más apto, en épocas lejanísimas, para acoger las poblaciones primitivas por la riqueza de su suelo y la salubridad de su clima. Es digna de alabanza entre otras co­sas, la objetividad de Micali, al exaltar los méritos y el valor de los pueblos que estu­vieron en relaciones de amistad o de riva­lidad con Roma, sin rebajar la importancia de ellos como lo habían hecho hasta enton­ces casi todos los historiadores con el pre­ciso objeto de hacer resaltar solamente la gloria de la urbe antigua.

Aunque ofrezca lagunas desde algunos puntos de vista, y en conjunto esté superada por el progreso de los estudios históricos y arqueológicos de estos últimos tiempos, especialmente en cuanto se refiere a la investigación acerca de los pueblos etruscos, la obra de Micali queda siempre como documento de primer orden que da testimonio de un noble esfuerzo para remontarse con criterio serio y científico a las primeras fuentes de la Antigüedad.

C. Angeleri

Italia, Marja Konopnicka

Poesías polacas de Marja Konopnicka (1842-1910), publicadas con este título en 1901: Habiendo vivido el período del positivismo, tan desfavorable para la poesía, luego que el trágico fracaso de la insurrec­ción del 1863 había despertado un sentido casi de rebelión contra la poesía romántica y las grandes ilusiones alimentadas por aquélla, Marja Konopnicka se destacó sobre los mediocres poetas de su tiempo gracias a su profundo sentido del dolor universal, la tierna diligencia en favor de los pobres y desheredados, el amor a la tierra y a los campesinos polacos y la fuerza viril de su espíritu e ingenio. Llega a Italia como pere­grina que quiere visitar «el templo de la belleza eterna», y desde el umbral saluda con entusiasmo el encanto solar: «Italia: el día se apresura para ir a tu lado, como un amante;/sobre tus amplias aguas, sobre tu vasto cielo/tu sol alado no asciende sino que vuela./pero yo vengo de la tierra en que al amanecer/el alba, llena de lágrimas, implora a Dios/que no le permita ver el viejo dolor del mundo». Fruto de su estan­cia en Italia es este libro, uno de los más hermosos que sobre la tierra italiana haya creado un artista extranjero, a la vez que uno de los mejores de la poesía polaca.

En ciclos de sonetos, cincelados admirablemen­te, en tercetos, en cuartetas, en octavas y en las cuartetas populares de heptasílabos y pentasílabos alternados, apropiados para ex­presar el sentido sencillo y tierno de la naturaleza, la autora canta el Mediterráneo, las madonas de los grandes pintores, el en­canto de Florencia y de Toscana. La visión de la Capilla Sixtina parece despertar en la poetisa el espíritu profético de los gran­des románticos de su país y su prometeísmo espiritual; para ella, como para aquéllos, la estancia en Italia supuso un período de concentración espiritual, de redescubrimien­to de su propia unidad interior: también ella, al abandonar Italia, se encuentra ro­bustecida y más impuesta en su arte. Trad. italiana de Cristina Agosti y Clotilde Garosci (Roma, 1929).

C. A. Garosci

Italia, Iván Vazov

 [Italija]. Colección de cantos lí­ricos del poeta búlgaro Iván Vazov (1850- 1921). Son, en conjunto, cincuenta poesías escritas con ocasión de un viaje del poeta a Italia, efectuado en 1884. Sólo la mitad de ellas es de inspiración o tema italiano: las demás reflejan momentos, impresiones, re­flexiones del poeta durante el viaje por mar desde el Bósforo a Nápoles y especialmente a la vista de Grecia («El Mar de Mármara», «El Olimpo», «El Mar Egeo», «Byron», etc.). Los cantos de asunto italiano se caracteri­zan por un «pathos» vibrante, lleno de ad­miración hacia la tierra de Dante, cuna de las artes y de la civilización, que el poeta visita por primera vez en su vida. Las prin­cipales poesías de inspiración italiana son: «Italia», «El Vesubio», «El golfo de Nápo­les», «A Pompeya», «La estatua de Moisés», «El Coliseo», «El valle de Capua», «El Va­ticano», «Ante el busto de Tasso», «Nápoles», «Roma», «El Tiber», «En el museo pompeyano», «Ante el busto de Dante».

Los mismos títulos indican claramente la sus­tancia de estas poesías, las cuales, por lo demás, no se hallan entre las mejores de Vazov, tanto por su contenido (a menudo vulgar y superficial) como por su forma (por lo común demasiado retórica). Pero tienen particular importancia en el cuadro general de la copiosa y múltiple obra lite­raria de Vazov en cuanto constituyen, por decirlo así, la única excepción al contenido estrictamente búlgaro de todos los temas por él tratados (y, en sustancia, una de las poquísimas excepciones en el contenido exclusivamente búlgaro de toda la litera­tura nacional) y documentan el culto pro­fundo del poeta por Italia. Trad. italiana parcial en l’ltalia nella poesía búlgara de Guido Grazia (Sofía, 1940); en la revista «Bulgaria» (I, 1939), a cargo de E. Damiani; en la antología Poeti bulgari de E. Da­miani; en la «Revista di letterature slave» (III, 1928), por E. Lo Gatto.

E. Damiani