Jan Belecki, Juliusz Slowacki

Poema romántico del poe­ta polaco Juliusz Slowacki (1809-1849). El argumento se desarrolla en un marco histó­rico, evocando la figura y las hazañas de un noble de Lublín, que existió efectiva­mente, Jan Belecki (v.), el cual,, después de convertirse al islamismo, estuvo por muchos años al servicio del rey Batory; al fin Belec­ki se volvió contra Polonia, a la cabeza de una horda de tártaros, para vengarse de los nobles polacos que le habían confiscado las posesiones que el rey le había regalado. El breve poema, como muchos otros de Slo­wacki, tiene un sello típicamente byroniano, y tampoco consigue librarse de la in­fluencia del Conrad Wallenrod (v.) de Mickiewicz y de la María (v.) de Malczewski.

E. Damiani

Jane Eyre, Charlotte Bronté

Novela inglesa de Charlotte Bronté (1816-1855), publicada en 1847 con el pseudónimo de Currer Bell. La protago­nista, Jane Eyre, es una pobre huérfana que, después de pasar su infancia en un triste colegio de Lowood, entra cómo institu­triz en casa de los Rochester. La joven ins­titutriz, puntillosa y feúcha, atrae la aten­ción del señor de la casa, que al principio le concede su aprecio y su amistad, aca­bando por enamorarse de ella. Pero, cuando los dos están a punto de casarse, se descubre que Rochester no es libre; su mujer está loca, y él la tiene encerrada en su casa. Rochester suplica, entonces, a Jane que huya con él al más apartado lugar del mundo, pero ésta, abrumada por la trágica revela­ción, huye de la casa y es recogida desma­yada en las praderas y curada por el pastor John Rivers y sus dos. hermanas. Está casi a punto de consentir en casarse con el reve­rendo Rivers, cuando una noche le parece oír la voz de Rochester que la llama.

Al enterarse de que él ha perdido la vista en la inútil tentativa de salvar a su mujer de un incendió que provocó ella misma, Jane corre a él .y los dos se casan. Esta novela, la primera de Charlotte Bronté, fue publi­cada casi simultáneamente a las obras de sus dos hermanas, también escritoras, Agnes Grey de Anne y Cumbres borrascosas (v.) de Emily, obteniendo tal éxito que la obra, más poderosa y original, de Emily pasó casi inadvertida, y fue descuidada por sus contemporáneos. El excesivo dramatismo y la morbosa búsqueda de lo sensacional que se notan en la obra, explican la gran popularidad que gozó desde un principio, aunque parezca hoy constituir su aspecto menos convincente. El arte seguro y delicado con que Bronté sabe presentar los sen­timientos de sus protagonistas, y sobre todo el amor ardiente y devoto de Jane, su ca­rácter noble, su admirable lealtad, consti­tuyen sin duda el mayor mérito de la no­vela. [Trad. española de María Fernanda Pereda (Madrid, 1950)].

S. Rosati

Jaime, Josep Pin i Soler

[Jaume], Novela del narrador y comediógrafo catalán Josep Pin i Soler (1842-1927), publicada en 1888. En realidad, constituye la segunda parte de La familia deis Garrigas (v.). Comienza con unos re­cuerdos de la infancia de Jaume, el hijo segundo del viejo Ramón Garriga, que al ser destinado al sacerdocio huyó a Francia. A continuación sigue un capítulo que enla­ja con el final de La familia deis Garrigas, que acabó con la defenestración y muerte, de Narcís.

En Jaume, el autor lo resucita — a petición de un amigo, según cuenta en el prólogo — y es recogido muy maltre­cho y curado por la propia familia Ga­rriga. Jaume, de nuevo en su tierra, fre­cuenta la alta sociedad tarraconense, y en casa de las señoras de Requesens conoce a Guadalupe Salvat, hija de un acaudalado exportador. Debido a lo difíciles que eran las relaciones entre los jóvenes de ambos sexos en la época en que transcurre la no­vela, Jaume no puede comunicarse con Gua­dalupe, de quien se ha enamorado. Pero en una excursión colectiva al «Pont del diable», tiene la fortuna de ver a solas a Guadalupe y de obtener su aquiescencia amo­rosa. Entre tanto, Narcís, ya sacerdote, mar­cha a las misiones para ejercer su aposto­lado y alejarse además de Mercé, hermana de Jaume y su antigua enamorada, que se ha casado con Quim Garcés. Mientras que Jaume se traslada a Barcelona para intentar la representación de su ópera «Cartago». Allí colabora cori Paulina, una famosa can­tante, que se enamora de él. El rumor de sus pretendidas relaciones con la artista llega hasta Bernat Arbona, maduro preten­diente de Guadalupe, y consigue que ésta rompa con Jaume. Pero al cabo de unos años, Mercé reconcilia a los dos antiguos enamorados, antes de morir ella y su hijita, a la que acaba de dar a luz.

La obra, de estilo maduro y vigoroso, a pesar de la falta de fijeza del catalán de entonces, abundante en detalles, con un léxico rico y nada lite­rario, refleja vividamente el ambiente de la sociedad de Tarragona. Los conflictos mora­les, con algún ribete trágico pero no trucu­lento, permiten que la novela no sea exclusivamente una narración de costumbres.

A. Manent

Jacques el Fatalista, Denis Diderot

[Jacques le fataliste et son maître]. Novela satírica de Denis Diderot (1733-1784), escrita en varias etapas desde 1772 a 1775, publicada primero fragmentariamente en la Correspondencia (v.) de Melchior Grimm, y finalmente edi­tada póstuma en un volumen en 1796. Es la narración más extensa de las de Dide­rot, comparable a La Monja (v.) por ciertos fragmentos de sátira anticlerical, hecha aquí burlonamente, y al Sobrino de Rameau (v.) por su forma dialogada, la variedad de sus temas y la abundancia de digresiones. No se puede hablar de un argumento en sentido estricto: Jacques (v.) y su señor, persona­jes extravagantes y curiosos, dispuestos a discutir sobre cualquier cosa y extraordinariamente habladores, nos son presentados al emprender un viaje, del cual el autor (que mezcla a menudo sus consideraciones per­sonales a la narración) nos hace una especie de relato, reproduciendo minuciosamente sus diálogos y deteniéndose con complacen­cia sobre una gran cantidad de pequeños y grandes incidentes que les sobrevienen durante el camino.

Jacques se ha empeñado, en contar a su señor, para distraerle, la his­toria de su vida y de sus amores; pero su exposición es interrumpida continuamente por mil contratiempos, además de las inter­venciones del señor y por las consideracio­nes filosóficas del mismo Jacques. El exce­lente joven tiene, en resumidas cuentas, una opinión perfectamente definida sobre la vida humana y sobre las vicisitudes de este mundo, que dice haber sacado de las ense­ñanzas de su capitán, cuando era soldado: todo lo que sucede está escrito «allá arriba», en el gran libro del destino, y el solo hecho de que las cosas hayan sucedido indica que no podían suceder de otra manera. A la luz de este principio juzga todos los suce­sos humanos: se exhorta a sí mismo y a los demás a una resignada aceptación, pero a veces él es el primero en abandonarse a inútiles recriminaciones, se arrepiente y se amonesta, dispuesto a reincidir, sin embar­go, en la misma inconsecuencia. Con todo, es un curiosísimo investigador de las accio­nes propias y de las ajenas, formando así una pareja extraordinariamente afortunada con su señor que tiene los mismos gustos.

En la accidentada sucesión de las narracio­nes de Jacques se insertan, a medida que se presenta la ocasión, una gran cantidad de otras historias: la de los amores de Ma­dame de la Pommeraye y del Marqués des Arcis (contada por un magnífico tipo de posadera parlanchina y campechana) cuyo tema será más tarde recogido por Sardou en su Fernanda (1870); la romántica aven­tura de un ex fraile, secretario del suso­dicho marqués, referida por él mismo a nuestros héroes, y la vida y las aventuras del señor Desglands, contadas entre Jacques y su señor, que completan sus informes y sus recuerdos. Como Jacques, en un momen­to dado, no puede hablar a causa de un dolor de garganta, el señor le releva narrán­dole la complicada intriga de un amor de juventud. Al final del viaje el señor mata a un hombre en duelo; Jacques, arrestado en lugar de aquél y puesto en libertad en el curso de un motín, acaba convirtiéndose en bandido, hasta que los dos se encuentran en el castillo de Desglands, donde Jacques se casa y se establece definitivamente, dis­poniéndose a vivir en paz el resto de sus días.

La extraña narración recuerda una gran cantidad de novelas dieciochescas, des­de la refundición, por Lesage, del Diablo cojuelo (v.) al Cándido (v.) de Voltaire y a la Vida y opiniones de Tristán Shandy (v.) de Sterne (que fue su fuente principal, confesada incluso por el autor); mientras que, por otra parte, la truculencia de mu­chas situaciones, la atrevida licenciosidad de lenguaje y la vivacidad del colorido revelan la influencia de Rabelais, del cual fue Diderot un gran admirador. Con todo, pre­senta una fuerte originalidad: resume inclu­so en sus mismos defectos, en el complicado desorden de los episodios, en la densidad de sus razonamientos, en la facilidad y va­riedad de las digresiones, los caracteres típicos del fuerte y originalísimo tempera­mento de este escritor. Diderot, dando libre curso al vivaz humor de su estilo, llega a veces a poner de relieve sus defectos, ce­gando y confundiendo al lector con cente­lleantes complicaciones, pero recobrándose cada vez con una gran cantidad de hallaz­gos que se suceden de página en página.

M. Bonfantini

Es el Tristan Shandy de Sterne, sin el genio adorable de Sterne. (Barbey d’Aurevilly)

Ha sido el más violento y el más brutal de los anticlericales, de los antirreligiosos. Apasionado en el anticlericalismo como Ra­belais, Voltaire y Michelet, y más decidido que todos ellos juntos en la irreligiosidad. (Drieu La Rochelle)

Jacobowsky y el Coronel, Franz Werfel

[Jacobowsky und der Oberst]. «Comedia de una tragedia en tres actos», publicada en 1944, última obra teatral del escritor austríaco Franz Werfel (1890-1945). De profunda ac­tualidad en el momento en que se publicó, tuvo un gran éxito en el teatro Broadway de Nueva York y en los escenarios sui­zos. Refleja con ligeros matices caricatures­cos las trágicas persecuciones de la última guerra mundial.

Se inicia en el refugio de un pequeño hotel de París durante un bom­bardeo nocturno en vísperas del derrumba­miento de Francia. La catástrofe europea ha reunido allí a dos antípodas de la socie­dad, desplazados por las vicisitudes de la guerra: un judío industrial fugitivo y un coronel polaco, hombres que en circunstan­cias ordinarias tal vez no se hubieran en­contrado nunca. Ahora el destino los vin­cula uno a otro, por el hecho de que el fugitivo judío tiene un coche y el oficial polaco sabe conducirlo. Mientras los alema­nes entran victoriosamente en París, los dos se lanzan a una accidentada fuga que, ade­más de ser una huida del ejército alemán, se convierte cada vez más en una evasión de la realidad. El contraste entre la figura romántica del coronel (que tiene que llevar a Inglaterra unos papeles importantes para la causa polaca y amenaza con hacer nau­fragar en la abstracción caballeresca sus ideales de honor y de amor) y la del judío inteligente y hábil, capaz de resolver con incomparable desenvoltura práctica las si­tuaciones más difíciles para sí y los demás, representa el contraste entre dos mundos, entre los cuales un tercer mundo, la Fran­cia decadente y desenfadada, aunque gene­rosa y valiente, es personificado por una figura de mujer, madame La France, que participa en las vicisitudes de la fuga.

El coronel, extraviado en una extraña aven­tura de amor con esta mujer y confiando inconscientemente en su buena suerte, se lleva a sí mismo, arrastrando consigo a Jacobowsky, al borde de extremos peligros. La solución final, determinada por la apari­ción de un «Deus ex machina» en la per­sona del comandante de un buque de guerra inglés, que salva a los dos perseguidos des­pués de un noble certamen de generosidad entre ellos, concilia a los dos mundos en conflicto, mientras que el tercero, madame La France, queda en la confiada espera del retorno de los fugitivos y del triunfo de su causa.

C. Baseggio