Tristan Bernard

(Paul Bernard) Nació el 7 de septiembre de 1866 en Besançon y m. en Paris el 7 de diciembre de 1947. Tras haber estudiado leyes inició sus actividades periodísticas como redactor-jefe del Jour­nal des Vélocipédistes, y colaboró después en muchos otros periódicos.

Escribió cuen­tos, novelas (Les mémoires d’un jeune homme rangé, 1899) y crónicas. Sin embar­go, debió su éxito a unas cuarenta obras teatrales, conjunto integrado por comedias y vaudevilles: Les pieds nickelés (1895), Le fardeau de la liberté (1897), L’Anglais tel qu’on le parle (1899), Triplepatte (v.), en colaboración con André Godfernaux, Amantes y ladrones (1901, v.), Le poulail­ler (1908), Le danseur inconnu (1909), Pe­queño café (v.), Le sexe fort (1917), etc.

Llevó a la escena un diminuto mundo don­de personajes débiles e ingenuos, instinti­vamente abandonados a sus defectos, se salvan en última instancia por obra del azar. Ásperas ironías, agudezas y una sátira a veces mordaz llenan el dinámico desa­rrollo de las situaciones, tratadas de una forma que permita destacar los aspectos ri­dículos de cada episodio.

La acción y las figuras de Monsieur Codomat (1907) y de Jules, Juliette et Julien (1929) se centran en la ligereza de las mujeres y en la debi­lidad de hombres que actúan tranquilamente en medio de situaciones peligrosas o dramáticas; sin embargo, aquí el ingenioso juego del autor resulta ya más próximo a la com­prensión humana, lo cual, empero, no dis­minuye jamás su contagiosa comicidad.

Fue muy apreciado por Jules Renard. Aun cuan­do ya de edad avanzada, soportó valerosa­mente bajo la ocupación alemana las más duras pruebas.

S. Morando

Valére Bernard

Nació en 1860 en Mar­sella, donde m. en 1936. Además de poeta y novelista fue pintor, escultor y grabador.

Perteneció a la «Escolo de la Mar», que, hacia 1880, se propuso crear una poesía de la Pro venza marítima, y siguió sus cáno­nes, tanto en los versos — La pobretería (1889, v.), especie de canción de los «gueux» marselleses, y L’aubre en flour (1913) — como en las novelas: Bagatouni (1894, v.) y Lei Boumian (1910).

Realista vigoroso, llevó a cabo logradas descripciones del paisaje y la vida mediterráneos. El espíritu socialista y el pesimismo que alientan en todas sus obras confieren originalidad a su produc­ción, la cual, de esta suerte, rebasa el círcu­lo ordinario de la literatura de los felibres.

C. Falconi

Diogo Bernardes

Poeta portugués que debió de nacer no antes de 1529, por cuanto ordenóse en Braga el 20 de septiembre de 1544; según la Constitución de 1538 vigente en esta diócesis, las órdenes menores no podían ser conferidas después de los quince años de edad.

Durante su infancia vivió en Ponte da Barca, y frecuentó las escuelas elementales del convento de San Agustinho de Vila Nova da Nuhia. En 1566 fue nombrado notario del distrito de Nóbrega, e ingresó en la corte. Diez años más tarde acompañó como secretario a Pedro de Alcágova Carneiro, embajador portugués en Ma­drid.

Vuelto a su patria siguió al rey don Sebastián en la campaña africana, y cantó sus empresas en la emotiva carta XV diri­gida a Cristováo de Távora, favorito del monarca. Sin embargo, el 4 de agosto de 1578 cayó prisionero en Alcazaquivir y hasta cuatro años después no consiguió la libertad.

Casado con una dama noble, llegó a «mogo da toalha» de la corte, honor que mantuvo durante la regencia en Portugal del enviado de Felipe II, el archiduque Alberto de Austria (1583-98). En 1594 publicó su primer libro de versos Varias rimas ao Bom Jesús, y en 1596, en Lisboa, El Lima (v.), Rimas varias y Flores do Lima.

Obtuvo de Felipe II una pensión anual de 40.000 reis, y fue nombrado caballero de la orden de Cristo. En 1605 un sucesor pasa a desempe­ñar el cargo que ocupara en la corte; ello induce a situar con anterioridad a esta fecha la de su muerte.

Poeta de inspiración fácil y extremadamente musical, considerado ya por Lope de Vega maestro en la égloga, Bernardes recurre con frecuencia a los clásicos latinos para sus temas, y sigue, en cuanto a la for­ma, a los grandes modelos italianos, desde Petrarca hasta los poetas bucólicos como Bembo, Sannazaro y, sobre todo, Tasso.

B. Crippa

Georges Bernanos

Nació en París el 20 de febrero de 1888 y m. en Neuilly el 5 de julio de 1948. Su carrera literaria fue breve, por cuanto no la inició con clamoroso éxito hasta 1926, en los umbrales de la cuaren­tena, con la obra Sous le soleil de Satan.

Su ascendencia paterna era lorenesa, en tanto que la familia de la madre procedía del Berry. El nombre del autor y la tradi­ción familiar han contribuido a la suposi­ción de remotos orígenes españoles, posible­mente legendarios. De cima rural, su padre, tapicero y decorador, había logrado reunir un discreto patrimonio.

Bernanos fue educado en varios colegios católicos parisienses y pro­vincianos; luego estudió letras y leyes, y todavía muy joven participó en las lides políticas y en el periodismo. En 1913 y 1914 fue director de un semanario monárquico de Ruán.

Alistado como voluntario, hizo toda 4a primera guerra mundial en un regimien­to de Caballería, y fue herido y condeco­rado. Tras el conflicto bélico, ya casado y padre del primero de sus seis hijos, abandonó su precedente actividad periodística y trabajó como inspector en una compañía de seguros en Bar-le-Duc.

Durante sus via­jes, en los vagones de ferrocarril y en los restaurantes de las estaciones, escribió su primera novela, cuyo éxito le permitió dejar los seguros y vivir de los ingresos de su pluma. A partir de entonces cambió de residencia en diversas ocasiones; pero, ya en los Pirineos, en Normandía o en Pro-venza, siguió trabajando en su gran pro­ducción literaria.

Pronto aparecieron otras dos novelas: L’imposture y La alegría (pre­mio Fémina, 1929, v.). Siguió después un libelo de polémica: El gran miedo de los bienpensantes (1930). Reanudada en algu­nos intervalos la actividad periodística, sos­tuvo, en 1932, una discusión que se hizo famosa con sus antiguos maestros de la Action Française.

Al año siguiente prosi­guió la actividad literaria y compuso una parte de la novela que, interrumpida con frecuencia, apareció, por fin, en 1943 bajo el título M. Ouine. La primera interrup­ción debióse a un grave accidente de moto­cicleta que dejó huella en Bernanos por todo el resto de su existencia. De 1934 a 1937 vivió con su familia en Palma de Mallorca.

Fue ésta una época de intensa fecundidad lite­raria; a costa de un duro trabajo escribió, simultáneamente casi, Un crime, Un mau­vais reve (obra no publicada hasta después de su muerte), Diario de un cura de aldea (v.), La nouvelle histoire de Mouchette y varios capítulos de M. Ouine. Estalló mien­tras tanto la guerra de España que el escritor vivió con profunda conmoción.

Vuel­to a Francia, publicó un vigoroso libro, Les grands cimitières sous la lune, dirigido a la conciencia de los católicos y cuya reso­nancia fue enorme. En julio de 1938 realizó un sueño acariciado ya desde su adolescen­cia y se embarcó junto con toda su fami­lia en dirección al Paraguay.

Sin embargo, solamente permaneció en este país unos días, al cabo de los cuales fue a estable­cerse en el Brasil, donde vivió muchos años, primero en la ciudad de Río, luego en Pirapora, lugar remoto del interior, y final­mente en la factoría de la «Cruz de las Almas», cerca de Barbacena, en el estado de Minas; allí terminó M. Ouine, en la pri­mavera de 1940.

Sin embargo, la guerra ha­bía estallado ya en Europa y el antiguo com­batiente desterrado siguió sus vicisitudes con pasión. A partir de entonces dedicó sus actividades a la redacción de textos polémi­cos, que — incluso antes de las hostilida­des — anuncian Scandale de la vérité y Nous autres Français; con sus múltiples artículos aparecidos en la prensa brasileña, la publi­cación de la Lettre aux Anglais y la compo­sición de Les enfants humiliés (diario de los años 1939 y 1940, que figura entre las obras más bellas del autor y que no apareció hasta 1949), Bernanos fue uno de los grandes ani­madores espirituales de la Resistencia francesa.

En junio de 1945 despidióse de sus ami­gos brasileños y fue a continuar su lucha en la Francia libertada. Sus últimos textos del destierro — La France contre les robots, Le chemin de la Croix-des-Ames—, los ar­tículos en la prensa de la Liberación y sus conferencias constituyen, frente a la evo­lución de la posguerra y a las grandes potencias, la protesta más elocuente en fa­vor de la libertad humana y la civilización cristiana, concebida, por lo demás, sin nos­talgias respecto del pasado.

Bernanos, empero, de­bía desterrarse una vez más aún; y así, vivió los dos años finales de su existencia en Tú­nez, donde, afectado ya por la dolencia que habría de llevarle a la tumba, escribió su última obra maestra, Diálogos de carme­litas (v.), representada, luego de su muer­te, en todos los teatros del mundo.

El céle­bre autor falleció en el hospital americano de Neuilly, adonde fuera trasladado con urgencia en julio de 1948. Bernanos es una de las figuras más ilustres de la literatura contem­poránea y la fama de su nombre no ha de­jado de aumentar en el transcurso de los últimos años.

A. Béguin

Claude Bernard

Nació el 13 de julio de 1813 en Villefranche, centro del Beaujolais, y m. en París el 16 de febrero de 1878. Este célebre fisiólogo francés educóse en los co­legios de Villefranche y Thoyssey, y a los diecinueve años ingresó como empleado en una farmacia de Vaise, suburbio de Lyon.

Luego de haber escrito un drama titulado Arthur de Bretagne, marchó a París; pero el célebre crítico Saint-Marc de Girardin, a cuya consideración sometió el manuscrito, le aconsejó el estudio de la medicina; Bernard, aun a pesar suyo, le hizo caso.

Logrado un mediocre puesto de interno en el Hôtel-Dieu, llamó la atención del fisiólogo Magendie, de quien fue preparador, y no tardó en dar pruebas de su genialidad. En 1843 pudo ya demostrar la función glucogénica del hígado, y a ello siguió una serie de experiencias que han llegado a ser clási­cas.

Doctorado en 1843, fue auxiliar de Magendie y profesor de fisiología del Collège de France. A los cuarenta años (1853), ob­tenido ya el título de doctor en ciencias con la tesis Investigaciones acerca de una nueva función del hígado, considerado como órgano productor de la materia azucarada, pasó a enseñar fisiología general en la Sorbona.

A la muerte de Magendie ocupó su puesto en el Collège de France (1854) como profesor de medicina experimental. Su obra Introducción al estudio de la medicina expe­rimental (1865, v.) abrióle en 1868 las puer­tas de la Academia Francesa; este mismo año se le confió la cátedra de fisiología ge­neral del Museo de Historia Natural de la Sorbona, y en 1869 fue nombrado miembro del Senado imperial de Napoleón III.

En 1870 empezó a enfermar debido a una do­lencia renal contraída a causa del frío y la humedad de su laboratorio, y un ataque de uremia le ocasionó la muerte. Bernard es una de las columnas fundamentales de la fisio­logía experimental del siglo XIX, y, al mis­mo tiempo, uno de los pensadores más ilus­tres de la época; defendió el determinismo vinculado al neovitalismo, lo cual, empero, no ahogó en él las exigencias religiosas.

Experimentador por excelencia, partió, sin embargo, del principio según el cual el experimento debe emplearse como contraprue­ba de una hipótesis o de una intuición pre­existentes, y, una vez obtenida la demos­tración, para la sugerencia de nuevas ideas que habrán de dar lugar a otras experien­cias. Estudió también, además de la glucogénesis hepática, el sistema nervioso simpático, los venenos, etc.

Entre sus obras figuran, asimismo, Leçon sur la physiologie expérimentale appliquée à la médecine (1856), Les propriétés des tissus vivants (1866) y Leçon sur les phénomènes de la vie (1878).

A. Pazzini