Georges Bernanos

Nació en París el 20 de febrero de 1888 y m. en Neuilly el 5 de julio de 1948. Su carrera literaria fue breve, por cuanto no la inició con clamoroso éxito hasta 1926, en los umbrales de la cuaren­tena, con la obra Sous le soleil de Satan.

Su ascendencia paterna era lorenesa, en tanto que la familia de la madre procedía del Berry. El nombre del autor y la tradi­ción familiar han contribuido a la suposi­ción de remotos orígenes españoles, posible­mente legendarios. De cima rural, su padre, tapicero y decorador, había logrado reunir un discreto patrimonio.

Bernanos fue educado en varios colegios católicos parisienses y pro­vincianos; luego estudió letras y leyes, y todavía muy joven participó en las lides políticas y en el periodismo. En 1913 y 1914 fue director de un semanario monárquico de Ruán.

Alistado como voluntario, hizo toda 4a primera guerra mundial en un regimien­to de Caballería, y fue herido y condeco­rado. Tras el conflicto bélico, ya casado y padre del primero de sus seis hijos, abandonó su precedente actividad periodística y trabajó como inspector en una compañía de seguros en Bar-le-Duc.

Durante sus via­jes, en los vagones de ferrocarril y en los restaurantes de las estaciones, escribió su primera novela, cuyo éxito le permitió dejar los seguros y vivir de los ingresos de su pluma. A partir de entonces cambió de residencia en diversas ocasiones; pero, ya en los Pirineos, en Normandía o en Pro-venza, siguió trabajando en su gran pro­ducción literaria.

Pronto aparecieron otras dos novelas: L’imposture y La alegría (pre­mio Fémina, 1929, v.). Siguió después un libelo de polémica: El gran miedo de los bienpensantes (1930). Reanudada en algu­nos intervalos la actividad periodística, sos­tuvo, en 1932, una discusión que se hizo famosa con sus antiguos maestros de la Action Française.

Al año siguiente prosi­guió la actividad literaria y compuso una parte de la novela que, interrumpida con frecuencia, apareció, por fin, en 1943 bajo el título M. Ouine. La primera interrup­ción debióse a un grave accidente de moto­cicleta que dejó huella en Bernanos por todo el resto de su existencia. De 1934 a 1937 vivió con su familia en Palma de Mallorca.

Fue ésta una época de intensa fecundidad lite­raria; a costa de un duro trabajo escribió, simultáneamente casi, Un crime, Un mau­vais reve (obra no publicada hasta después de su muerte), Diario de un cura de aldea (v.), La nouvelle histoire de Mouchette y varios capítulos de M. Ouine. Estalló mien­tras tanto la guerra de España que el escritor vivió con profunda conmoción.

Vuel­to a Francia, publicó un vigoroso libro, Les grands cimitières sous la lune, dirigido a la conciencia de los católicos y cuya reso­nancia fue enorme. En julio de 1938 realizó un sueño acariciado ya desde su adolescen­cia y se embarcó junto con toda su fami­lia en dirección al Paraguay.

Sin embargo, solamente permaneció en este país unos días, al cabo de los cuales fue a estable­cerse en el Brasil, donde vivió muchos años, primero en la ciudad de Río, luego en Pirapora, lugar remoto del interior, y final­mente en la factoría de la «Cruz de las Almas», cerca de Barbacena, en el estado de Minas; allí terminó M. Ouine, en la pri­mavera de 1940.

Sin embargo, la guerra ha­bía estallado ya en Europa y el antiguo com­batiente desterrado siguió sus vicisitudes con pasión. A partir de entonces dedicó sus actividades a la redacción de textos polémi­cos, que — incluso antes de las hostilida­des — anuncian Scandale de la vérité y Nous autres Français; con sus múltiples artículos aparecidos en la prensa brasileña, la publi­cación de la Lettre aux Anglais y la compo­sición de Les enfants humiliés (diario de los años 1939 y 1940, que figura entre las obras más bellas del autor y que no apareció hasta 1949), Bernanos fue uno de los grandes ani­madores espirituales de la Resistencia francesa.

En junio de 1945 despidióse de sus ami­gos brasileños y fue a continuar su lucha en la Francia libertada. Sus últimos textos del destierro — La France contre les robots, Le chemin de la Croix-des-Ames—, los ar­tículos en la prensa de la Liberación y sus conferencias constituyen, frente a la evo­lución de la posguerra y a las grandes potencias, la protesta más elocuente en fa­vor de la libertad humana y la civilización cristiana, concebida, por lo demás, sin nos­talgias respecto del pasado.

Bernanos, empero, de­bía desterrarse una vez más aún; y así, vivió los dos años finales de su existencia en Tú­nez, donde, afectado ya por la dolencia que habría de llevarle a la tumba, escribió su última obra maestra, Diálogos de carme­litas (v.), representada, luego de su muer­te, en todos los teatros del mundo.

El céle­bre autor falleció en el hospital americano de Neuilly, adonde fuera trasladado con urgencia en julio de 1948. Bernanos es una de las figuras más ilustres de la literatura contem­poránea y la fama de su nombre no ha de­jado de aumentar en el transcurso de los últimos años.

A. Béguin