El Juicio Universal, Frau Ava

[Das jüngste Gericht]. Poema en alto alemán medio des­cubierto en 1841 por el germanista Diemer en un código del convento de Vorau, y es­crito por una Frau Ava que probablemente es la misma Ava, monja de clausura, que murió en Melk en 1127. El poema sigue a la Vida de Jesús (v.) y al Anticristo (v.) de la misma autora, y, como estas obras, es un trabajo completo en sí mismo. Al igual que el Anticristo, el Juicio Universal es una típica expresión de las concepciones escatológicas medievales, y la poetisa no hace más que reelaborar las imágenes del Apo­calipsis (v.) de San Juan. Su lenguaje es violento y poderoso, la fuerza de la ex­presión es a veces superior a la de las obras anteriores. El Juicio es anunciado por las quince señales, por fin llega el Señor y separa a los buenos de los malos, aban­donando a éstos últimos a la merced de los diablos, descritos con abundancia de gro­tescos detalles. Al final de la obra la autora da unos consejos sobre la manera de evitar los atroces castigos reservados a los pe­cadores.

C. Gundolf

Juicio y Sentimiento, Jane Austen

[Sense and sensibility]. Novela inglesa de Jane Austen (1775-1817), publicada en 1811, anónima. A la muerte de Henry Dashwood, su pro­piedad pasa totalmente a manos de su hijo John Dashwood, quien, incitado por su mu­jer, deja en la pobreza a su madrastra y hermanastras Elinor, Marianne y Margaret. Se retiran éstas a vivir modestamente en el Devonshire, con lo que Elinor se ve obli­gada a separarse del joven a -quien ama, Edward Ferrars. En el Devonshire, Marian­ne se enamora de John Willoughby, joven brillante pero de escasos medios de fortuna y de dudosos principios, que pronto la abandona por una rica heredera. Entre­tanto, Elinor sabe que Edward está desde hace años prometido en secreto con una cierta Lucy Steele, pero la madre de Ed­ward se opone a esa boda y cede al hijo menor, Roberto, la propiedad que Edward esperaba. Lucy, cortejada por Robert, no duda en dejar al antiguo novio, que no puede ya ofrecerle la existencia brillante que ella deseaba, y Edward libre de una cadena que ya le pesaba, se promete con Elinor, en tanto que Marianne, consolada del abandono de Willoughby, acepta casar­se con un antiguo admirador, el coronel Brandon.

Juicio y sentimiento es la primera novela de la Austen, y junto con La abadía de Northanger (v.) y con Orgullo y pre­juicio (v.), forma parte de sus obras juve­niles. Ya en 1795 dio a su familia un primer esbozo de esta novela, titulado Elinor y Marianne, esbozo que continuó y llevó a cabo tras haber terminado, en 1796, Or­gullo y prejuicio. La vivacidad de esta última falta en Juicio y sentimiento, así como también carece de la agudeza de La abadía de Northanger; la flojedad de la estructura y la incierta línea de los carac­teres ponen de relieve, cada una a su modo, la inexperiencia de la autora. [Trad. espa­ñola de M.a Teresa Moré (Barcelona 1942)].

S. Rosati

Juicio Político de los Daños y Reparos de Cualquier Monarquía, Don Juan de Palafox y Mendoza

Valiosísimo trabajo del discutido obispo es­pañol Don Juan de Palafox y Mendoza (1600-1659), hombre de singular capaci­dad política, experiencia y doctrina. En general su obra constituye uno de los me­jores frutos de la escuela política moralista, proponiendo en forma dispersa ideas de especial interés que permiten construir en su conjunto una auténtica teoría. El Juicio político, recogido con otros discursos y dic­támenes en la edición de sus obras, en 1767, ofrece una documentada aportación de sus calidades prudencialistas. En otros traba­jos, por ej. en sus Diálogos, hace gala de su formación empírica, saltando de la sim­ple ética y aún de la simple política.

El Juicio tiene un especial interés por cuanto señala una censura de la actuación uniformista y advierte, a la luz de los sucesos de su tiempo, el error que supone no gobernar cada región de acuerdo con sus tradiciones, evitando que a Aragón o a Cataluña se las gobierne al estilo castellano, etc. In­cluso pide que en los respectivos Consejos haya una fundamental representación de los regnícolas. En este aspecto puede afir­marse que Palafox y Mendoza es el teori­zante de la España varia, cuya versión administrativa sería revalorizadora de las estructuras virreinales. La actitud de Pa­lafox — declarado venerable por la Igle­sia — con la Compañía de Jesús y la cam­paña desarrollada con ocasión de la decla­ración de sus virtudes ha desorbitado y deformado su más adecuado enfoque.

El Juicio de Paris, George Peele

[The Araygnement of Paris]. Drama pastoril o «masque» de George Peele (1558-1598), representado ante la reina Isabel en 1584 y publicado anónimo en aquel mismo año. La pastoral, inspirada en modelos italianos (se ha pen­sado en el Giudizio di Paride, de A. Paulilli, de 1566), carece de una sólida cons­trucción, pero resulta agradable por un cierto brío alegre y por su estilo salpicado de adornos y colores.

Paris es públicamente acusado ante Júpiter por haber entregado la famosa manzana a Venus. Aparece Diana, a la que corresponde la decisión final, y Flora, al enterarse de su llegada, prepara la naturaleza, que florece. Sin em­bargo, Diana no da la manzana a ninguna de las diosas del certamen, sino a la ninfa Elisa, que, naturalmente, es la reina Isabel, saludada al final con una solemne apoteo­sis. El metro vario, los cantos animados y alegres (por ejemplo: «Fair and fair, and twice so fair») han hecho que esta pastoral sea considerada como la obra mejor da Peele, y le ha proporcionado la alabanza, entre los otros «University wits», de haber añadido dignidad al arte dramático inglés y de haber dado nueva elegancia al verso libre. Pero aún más que por su exquisito sentido musical, Peele es poeta por un pro­fundo amor hacia la naturaleza directamente sentido, más allá del convencionalismo mi­tológico: «Oh vos que por el valle vais/ Hierba no veréis a vuestros pies, / Porque demasiadas flores miran al verano». Más que un preludio de la Arcadia (v.) hay en él, en estos trozos, la frescura del «Stil novo» (v.).

M. Navarra

Juicio de Plutón, Bernard Le Bovier de Fontenelle

[Jugement de Pluton]. Obra de Bernard Le Bovier de Fontenelle (1657-1757), añadida a sus famosos Diálogos de los muertos (v.), publicados en 1683. Dice el autor, en una carta dedicatoria, que el éxito del libro, y también la malignidad de ciertos críticos contra la manera con que había llevado a cabo una narración satírica según el modelo del antiguo Luciano, le han inducido a simular un juicio hecho por el mismo Plutón, dios del Averno.

Sobre una animada trama, donde los muertos se mezclan desordenadamente en el mundo de las sombras, se habla de cosas que interesan mucho a los vivos del tiempo del autor. Una carta, que se simula escrita por los vivos a los muertos, una súplica de los muertos «desinteresados» dirigida al mismo Plutón, y, por fin, los sardónicos «Reglamentos del Infierno», lo hacen todo agradable y animado. Tiene un desarrollo de cuento satírico, basado en agudezas burlescas y referencias a la vida política y social, si bien bajo el velo de alusiones históricas al pasado. La obra termina con la prohibición a todos los muertos de ir a molestar continuamente a Plutón con sus quejas, a menos que no se le ocurra a algún vivo «copiar al copista», imitando en esto a Fontanelle, a su vez imitador del método narrativo iniciado por Luciano en su Diálogos de los muertos (v.).

Sin em­bargo, el mismo Leopardi, en sus Opúsculos morales (v.), debía enseñar todo el valor de un hallazgo verdaderamente inagotable para interpretaciones nuevas y siempre ori­ginales en la creación literaria.

C. Cordié