Lakmé, Léo Delibes

Ópera, en tres actos, de Léo Delibes (1836-1891), según libreto de Edmond Gondinet y Philippe Gille. Se estrenó en la Ópera Cómica de París, el 14 de abril de 1883. Es la única ópera de este compositor francés que aún se recuerda y, a veces, se ejecuta. La acción ocurre en las Indias inglesas, donde Gérald, un joven oficial, ha de casarse con Miss Ellen. Pero el azar quie­re que un día conozca a la bella y encan­tadora Lakmé, hija de un brahmán, y se enamore de ella. El padre de ésta, Nilacantha, sacerdote fanático, en cuanto se en­tera de que Gérard ha osado profanar el jardín donde se halla su hija, jura vengarse. Obliga pues, a Lakmé a que le siga a tra­vés de la ciudad. Disfrazado de monje men­dicante, obliga a su hija a entonar cancio­nes para atraer la atención de Gérard, y de este modo conocerle. En efecto, el joven oficial se da a conocer y una puñalada le hace caer gravemente herido. Lakmé le cuida a escondidas y consigue curarlo. Los dos jóvenes deciden unirse para siempre y huir.

La india prepara la boda según el rito de Brahma, cuando en la lejanía se oye una marcha militar: es el regimiento de Gérald que pasa para ir a reprimir una re­belión de los indios. El deber vence el amor de Gérard, quien abandona a Lakmé para ir a donde el honor le llama. La bella india no sabe resistir este golpe: se envenena con el jugo de una hoja mortal y muere entre los brazos de su amado. La frescura de los temas y la facilidad superficial de su tesi­tura decidieron el gran éxito de esta ópera, que durante muchos años recorrió toda Europa. Pertenece a aquel gusto del extre­mo romanticismo francés que tuvo su más feliz expresión en Masssenet. Delibes es un refinado, y disuelve su inspiración melódica en una delicada poesía de tonos y de colo­res. Representa en los últimos decenios del siglo XIX la sensibilidad y el gusto francés por aquel tipo de teatro musical que ele­vaba la opereta a ópera y que identificaba los lenguajes de una y otra.

L. Rognoni

Lalita-Vistara, Anónimo

Obra de la literatu­ra india budista, parte en prosa en sáns­crito puro, parte en forma métrica en sánscrito mixto. Trata de la vida de Buda, que es concebida como el juego («lalita») de un ser sobrenatural; exposición festiva que, empero, no ha de engañar al lector occidental, ya que no hay nada más serio que este juego.

Buda parece desde el pri­mer capítulo un ser divino superior, ro­deado de doce mil monjes y de treinta y dos mil «Bodhisattva» o candidatos para llegar a ser Buda, pero que aún tienen que volver a nacer de nuevo en la tierra. Está sentado, en profunda meditación, y he aquí que de su cráneo sale un rayo de luz que penetra en los mundos celestes y turba a todos los dioses; éstos no tardan en entonar un canto de alabanza a Buda, se echan a sus pies y le suplican que revele, para salvación del mundo, el famoso y ex­celente discurso llamado el «Lalita-vistara». Buda asiente. En el segundo capítulo em­pieza la verdadera biografía de Buda. Éste decide bajar a la tierra y elige como mo­rada la casa del rey sudhodana y el vientre de la reina Māyā. Se hace, a renglón se­guido, una detallada descripción de ésta y de sus virtudes. La concepción tiene lugar con la ayuda de los dioses, después de que Buda ha decidido penetrar en el vientre de su madre en forma de elefante. Los dioses crean para Māyā una morada celeste donde pueda dar a luz, y construyen en su útero un palacio de piedras preciosas para que Buda no se manche de impurezas durante los diez meses de la gestación. En este palacio el cuerpo de Buda despide una luz que se difunde miles de millas lejos del cuerpo de su madre, que, en este estado, posee poderes milagrosos.

Buda, además, aún estando en el vientre maternal, pre­dica, y los dioses le escuchan devotamente; el mismo dios superior Brahmá obedece sus deseos. También en el nacimiento tienen lugar numerosos prodigios. Este elemento maravilloso y fantástico suscita la oposi­ción de muchos budistas; por esto sigue, en forma de diálogo entre Buda y su discí­pulo Ananda, una defensa de lo maravi­lloso en la leyenda budista y una exalta­ción de la fe en Buda. Solamente quien cree en Buda se salva. En los otros capí­tulos la vida de Buda es narrada de una manera más realista y conforme a la tra­dición. El Lalita-vistara nos ofrece algunos detalles nuevos, como la entrada de Buda en el templo (al aparecer él, todas las estatuas de los dioses se levantan de sus pe­destales y se inclinan) y su ida al colegio, donde deja pasmado al maestro con su doctrina y le pregunta cuál de los 64 alfabetos quiere enseñarle. Sigue la narración de los cuatro encuentros (con el anciano, con el enfermo, con el muerto y con el asceta), la fuga del palacio real, el encuen­tro con el rey Bimbisāra, su noviciado con los brahmanes y las inútiles ascesis, la lucha con Māra, el demonio, y, por fin, la iluminación. El último capítulo es una exal­tación de la misma obra y de los frutos que tiene para el lector. La obra es una versión anónima de una biografía más an­tigua.

Se hallan en ella rastros de antiguas poesías referentes a Buda, como el episodio del anciano Asita y la historia de Bimbisāra (siglo IV a. de C.). En el tercer siglo de nuestra época la obra fue traducida al chino. Es muy importante para la historia de la formación de la leyenda de Buda. El texto fue publicado por S. Lefmann (Halle, 1902-1908), trad. francesa de Ph. Ed. Foucaux en «Annales du Musée Guimet» (París, 1884 y 1892).

A. M. Pizzagalli

Lais de María De Francia, María de Francia

[Lais de Marie de France]. Colección poeticonarrativa de María de Francia, que vivió en la segunda mitad del siglo XII. «Laid» o «loid» significa en irlandés «canción, melodía». Las doce lais que la autora coleccionó ha­cia 1180 son composiciones narrativas de alcance poético en las que, según indica ella misma al llamarlos «bretones», recogió y elaboró en un francés rimado y perfecto, con un lenguaje ágil y fino, muchas de las más bellas leyendas bretonas que segura­mente conoció durante su probable estancia en Inglaterra en la corte de Enrique II, a quien dedicó su colección. Lo cierto es que muchos cantores bretones debieron de divulgar en Francia y en Inglaterra las leyendas que María oyó y puso en rima.

En el «Ruiseñor» [«Laüstic»] una dama es­cucha todas las noches el canto del rui­señor mientras habla de amor con su amado. El marido, celoso y sospechando algo, mata al pajarillo y lo echa, aún cubierto de san­gre, a la dama, que dé este modo ya no puede asomarse a la ventana y manda como aviso el cuerpo destrozado del pajarillo a su amante, que lo conservará para siem­pre en un cofre de oro. En «Madreselva» [«Chievrefeuil»], que, dice María, los ingle­ses llaman «Gotelef», narra un episodio de la historia de Tristán e Isolda. Tristán, ex­pulsado de la corte del rey Marc (v.), ocultándose en el bosque, echa en el camino que Isolda debe recorrer una rama de ave­llano en el que ha grabado su nombre. La reina ve y lee, abandona con una ex­cusa a su séquito y se encuentra con su amigo en el bosque. En el «Lanval» se narra la dulce y hermosa historia de un caba­llero y de un hada. En «Los dos amantes» [«Les deux amants»], un joven que; a pesar de poseer un filtro mágico de fuerza, confía en sus energías y en su amor para llevar en sus brazos hasta la cumbre de un monte a la muchacha amada, alcanza la cumbre, pero allí cae exánime, víctima de su heroi­ca locura. La muchacha fallece a su lado.

«Ionec» narra la historia de un caballero misterioso, símbolo del amor inmortal; «Eliduc» la de una dama que se sacrifica y se retira a un convento para dejar su marido a una muchacha de la que él se ha ena­morado locamente. El «Desdichado» [«Chaitivel»] es la historia de una muchacha que coquetea con cuatro cortejadores; tres de ellos fallecen en un torneo y el cuarto su­perviviente declara ser el más desdichado. En el «Equitan» dos amantes, un príncipe y la mujer de su senescal, mueren triste­mente, víctimas de su amor culpable. «Fres­no» [«Fresne»] nombre de la protagonista, es la novelesca historia de una expósita que llega a ser la querida de su señor que, des­pués de varias complicaciones, casa con ella, al descubrirse que es hija de nobles y her­mana de la joven con la que él estaba a punto de casarse. «Milon» trata el motivo del combate entre padre e hijo, descono­cidos uno del otro, y que al final se reco­nocen. «Bisclavret» es una de las muchas historias de licántropos. En el «Guigemar» un caballero herido, abandonado en una barca, es curado en un raro castillo por una mujer con la que se casa después de mag­níficas y numerosas aventuras.

Breves poe­mas, rebosantes de poesía fantástica, dé pa­sión soñadora y de un espíritu que los vivifica, los Lais de María de Francia apa­sionaron al público europeo. Fueron tra­ducidos al escandinavo con el título de Strengleiker, al noruego por deseo del rey Haakon en el siglo XIII, al inglés en el siglo XIV (el Fresne) y en el siglo XV (el Lanval) por Thomas Chestre.

C. Cremonesi

El perfume de los años que se mezcla en nuestras relaciones con María de Fran­cia, nos hace sus poemas más exquisitos y más queridos. (Goethe)

Laidion o los Misterios de Eleusis, Jacob Wilhelm Heinse

[Laidion oder die eleusinischen Geheimnisse]. Novela de Johann Jacob Wilhelm Heinse (1746-1803), su primera obra, que, al publi­carse en 1771, suscitó un gran alboroto. Goethe la llamó «obra de una filosofía de hetaira, nacida de la lozana fantasía de las gracias voluptuosas». Como todas las futu­ras novelas del poeta, Laidion es una exal­tación del amor libre, considerado como una de las necesidades principales para la creación de obras de arte y para alcanzar el completo desarrollo de la personalidad. Es una descripción del mundo griego visto por un hombre del rococó tardío, dotado de una rica sensualidad y de la capacidad de expresarla de una manera poética y flo­rida.

Laidion, la famosa hetaira griega, des­pués de su muerte, envía un manuscrito a su amigo Aristipo, en el que justifica su vida y describe todo lo que le ha ocurrido en el mundo del más allá. Dicho manus­crito va a parar a manos del autor en un convento napolitano y es publicado. Laidion, después de su muerte, es llevada a la luna, y es sometida al juicio de Solón, de Aspasia y de Orfeo. Solón la quiere acusar por su falta de virtud, pero Aspasia la defien­de, exaltando su belleza. Durante el inte­rrogatorio se descubre que Laidion es hija de Aspasia y de un bellísimo griego, Caricles, y, al mismo tiempo, en una anterior encarnación, de Orfeo y Eurídice. Aspasia defiende el derecho de la mujer al amor libre y logra convencer a los otros jueces. La historia de Laidion continúa con la na­rración de sus aventuras en la vida terre­nal, y finaliza con una descripción de los goces y de las costumbres del más allá, todas de base fuertemente erótica y sen­sual, aunque pretenda ocultarse bajo un velo de espiritualidad. La obra fue muy admirada por los poetas de la «Joven Ale­mania».

C. Gundolf

Lais de la Antigua Roma, Thomas Babington Macaulay

[Lays of Ancient Rome]. Obra de Thomas Babington Macaulay (1800-1859), publicada en 1842. En ella el autor refunde, al estilo inglés, las baladas de la Roma antigua, no llegadas hasta nosotros, y narra los orígenes de la ciudad eterna. «Horacio» narra la defensa de un puente por Horacio Cocles; «La ba­talla del lago Regilo», la victoria de los romanos, ayudados por Cástor y Pólux, so­bre los latinos; «Virginia», la muerte de la heroína a manos de su propio padre, para salvarla de la deshonra; «La profecía de Capys» la predicción de la futura grandeza de Roma que el ciego vidente hace a Rómulo. En la edición de 1848, Macaulay añadió dos baladas de distinto tema: «Ivry», sobre la victoria de los hugonotes conducidos por Enrique de Navarra, en 1590, y «La Ar­mada» que describe la llegada a Inglaterra de la noticia de la aproximación de la ar­mada española. Dirigidos a un amplio pú­blico y con muchos elementos didácticos, por cierto muy poco provechosos para la poesía, los Lais de la antigua Roma tienen, sin embargo, acentos aceptables y verda­deros rasgos de fácil elocuencia que imitan ciertas modalidades de Scott.

A. Camerino