Lalita-Vistara, Anónimo

Obra de la literatu­ra india budista, parte en prosa en sáns­crito puro, parte en forma métrica en sánscrito mixto. Trata de la vida de Buda, que es concebida como el juego («lalita») de un ser sobrenatural; exposición festiva que, empero, no ha de engañar al lector occidental, ya que no hay nada más serio que este juego.

Buda parece desde el pri­mer capítulo un ser divino superior, ro­deado de doce mil monjes y de treinta y dos mil «Bodhisattva» o candidatos para llegar a ser Buda, pero que aún tienen que volver a nacer de nuevo en la tierra. Está sentado, en profunda meditación, y he aquí que de su cráneo sale un rayo de luz que penetra en los mundos celestes y turba a todos los dioses; éstos no tardan en entonar un canto de alabanza a Buda, se echan a sus pies y le suplican que revele, para salvación del mundo, el famoso y ex­celente discurso llamado el «Lalita-vistara». Buda asiente. En el segundo capítulo em­pieza la verdadera biografía de Buda. Éste decide bajar a la tierra y elige como mo­rada la casa del rey sudhodana y el vientre de la reina Māyā. Se hace, a renglón se­guido, una detallada descripción de ésta y de sus virtudes. La concepción tiene lugar con la ayuda de los dioses, después de que Buda ha decidido penetrar en el vientre de su madre en forma de elefante. Los dioses crean para Māyā una morada celeste donde pueda dar a luz, y construyen en su útero un palacio de piedras preciosas para que Buda no se manche de impurezas durante los diez meses de la gestación. En este palacio el cuerpo de Buda despide una luz que se difunde miles de millas lejos del cuerpo de su madre, que, en este estado, posee poderes milagrosos.

Buda, además, aún estando en el vientre maternal, pre­dica, y los dioses le escuchan devotamente; el mismo dios superior Brahmá obedece sus deseos. También en el nacimiento tienen lugar numerosos prodigios. Este elemento maravilloso y fantástico suscita la oposi­ción de muchos budistas; por esto sigue, en forma de diálogo entre Buda y su discí­pulo Ananda, una defensa de lo maravi­lloso en la leyenda budista y una exalta­ción de la fe en Buda. Solamente quien cree en Buda se salva. En los otros capí­tulos la vida de Buda es narrada de una manera más realista y conforme a la tra­dición. El Lalita-vistara nos ofrece algunos detalles nuevos, como la entrada de Buda en el templo (al aparecer él, todas las estatuas de los dioses se levantan de sus pe­destales y se inclinan) y su ida al colegio, donde deja pasmado al maestro con su doctrina y le pregunta cuál de los 64 alfabetos quiere enseñarle. Sigue la narración de los cuatro encuentros (con el anciano, con el enfermo, con el muerto y con el asceta), la fuga del palacio real, el encuen­tro con el rey Bimbisāra, su noviciado con los brahmanes y las inútiles ascesis, la lucha con Māra, el demonio, y, por fin, la iluminación. El último capítulo es una exal­tación de la misma obra y de los frutos que tiene para el lector. La obra es una versión anónima de una biografía más an­tigua.

Se hallan en ella rastros de antiguas poesías referentes a Buda, como el episodio del anciano Asita y la historia de Bimbisāra (siglo IV a. de C.). En el tercer siglo de nuestra época la obra fue traducida al chino. Es muy importante para la historia de la formación de la leyenda de Buda. El texto fue publicado por S. Lefmann (Halle, 1902-1908), trad. francesa de Ph. Ed. Foucaux en «Annales du Musée Guimet» (París, 1884 y 1892).

A. M. Pizzagalli