Wilhelm Bilderduk

Nació el 7 de sep­tiembre de 1756 en Amsterdam y m. en Haar­lem el 18 de diciembre de 1831. Polígrafo holandés, poseyó ima vasta erudición y es­cribió mucho (más de 200.000 versos y unos treinta volúmenes de estudios eruditos).

Sin embargo, su ingenio fue poco profundo, y su poesía más llena de pasión que de arte. De niño sufrió un accidente, a consecuencia del cual cojeó todo el resto de su vida. En 1785 establecióse como abogado en La Haya, donde, ferviente orangista, participó en la política y trató de hallar el consuelo a sus infortunios matrimoniales en la elaboración, para él y los suyos, de un fantástico árbol genealógico según el cual resultaba descen­diente de Elius, el Caballero del Cisne.

Ello constituye el fondo de su bella romanza Elius (1788). Tras la revolución de 1795 mar­chó al destierro, y dirigióse a Londres, don­de sirvió al «Statolder»; luego se estableció en Brunswick (1797-1806). Sentía aversión a todo lo alemán, y regresó muy contento a su patria cuando el rey Luis Bonaparte, aun sabiéndole orangista, le nombró su pro­fesor de holandés.

En aquel tiempo (1806) escribió uno de los mejores de sus múlti­ples poemas didácticos: El mal de los doc­tos [De Ziekte der Geleerden], en el que trata del agotamiento nervioso; la obrita en cuestión, a pesar del carácter prosaico del tema, resulta agradable.

Siguieron más tarde (1809) los cinco primeros cantos (de los veinte proyectados) de la extensa epo­peya El fin del primer mundo [De ondergang der eerste Waereld], interpretación muy curiosa de un pasaje del Génesis, VI; 2-4.

La vuelta de los Orange en 1814 marcó para Bilderduk el principio de años más dichosos. El autor establecióse en Leyden como pro­fesor libre de historia nacional (1817-27), y fue muy admirado por sus discípulos, mu­chos de los cuales habrían de hallarse más tarde al frente del movimiento antirrevolucionario y ultracalvinista; la Historia de la patria (v.) constituye el fruto de sus ense­ñanzas. La influencia de Bilderduk sobre los crite­rios corrientes acerca de la lengua holan­desa fue muy grande; sin embargo, sus ideas a este respecto resultaban fantásticas.

A. H. Luijdjens

Olavo Bilac

Nació el 16 de diciembre de 1865 en Río de Janeiro, donde m. el 28 de diciembre de 1918. Profesor en el Pedagogium de la capital, colaboró activamente en diversos periódicos, y, sobre todo, en A Noticia.

Luego de haber abogado con fer­vor por la intervención del Brasil junto a los aliados en la primera guerra mundial, llevó a cabo una campaña oratoria y perio­dística para el fomento de ima cuidadosa regeneración nacional.

Se le considera el más alto exponente del pamasianismo bra­sileño; entre sus obras figuran el tomo de versos Vía Láctea (1888, v.), la colección Crónicas e novelas (1894), los pequeños poe­mas El cazador de esmeraldas (v.) y Sagres (1898), Poesías, donde en 1902 reunió Bilac lo mejor de su producción poética, Crítica e fantasia (1904), Conferencias literarias (1906), Ironia e Piedade (1916), Tarde (póstuma, 1919, v.) y últimas conferencias e discursos (también póstuma, 1924).

A pesar de su formación cultural europea, B. po­seyó una auténtica inspiración vernácula que le permitió expresar los valores ínti­mos de su tierra.

J. Prado Coelho

Otto Julius Bierbaum

Nació en Grünberg (Silesia) el 28 de junio de 1865 y m. en Dresde el 1.° de febrero de 1910. Fue hijo de un pastelero, se dedicó a estudios filo­sóficos y jurídicos, e ingresó muy joven todavía en la vida literaria y en el perio­dismo; vivió en Munich, Berlín y Dresde, y fue redactor literario y artístico de va­rios periódicos.

Junto con Heymel y Schrôder fundó la revista Die Insel, que luego daría origen a una célebre editorial. Tra­bajó también para la escena, compuso come­dias y libretos, y durante algún tiempo dirigió el Teatro Trianón de Berlín.

Fue también autor sutil de ensayos y novelas (v. El príncipe Cuclillo); sin embargo, su mayor fama se apoya en las narraciones humorísticas y en un tipo de poesía satí­rica de gusto popular que marcaría el tono del movimiento del «Uberbrettl» (cabaret literario).

Por la gracia algo afectada y arti­ficiosa de sus cancioncillas reunidas en el Laberinto del amor (v.) figura entre los lí­ricos más célebres de su época. Su inspi­ración más genuina fue la de carácter grotesco, expresada en una sátira costumbrista no movida por principios morales, sino más bien a impulsos de una concepción de la vida blandamente burlona y alegre.

En sus últimos textos Bierbaum manifestó intenciones más graves. La muerte, empero, interrumpió pre­maturamente su obra.

V. M. Villa

Marie-François–Xavier Bichat

Nació en Thoirette-en-Bresse el 14 de noviembre de 1771, m. en París el 22 de julio de 1802. Hechos los estudios medios en Nantua y en Lyon, a partir de 1791 estudió medicina en el Hospital de Lyon, donde practicó en la clínica quirúrgica de Marc-Antoine Petit.

Su padre, médico, le había inculcado desde la infancia aquella pasión por la anatomía que será la vocación predominante de su vida, de modo que el joven Bichat no dejó de darse a conocer prontamente en la escuela de Petit.

Pero el servicio militar interrum­pió durante algún tiempo sus estudios, aun­que como cirujano del ejército hizo tam­bién en este período algunas experiencias útiles. Desmovilizado, marchó en 1793 a París a la escuela de Desault, el cual había creado en el Hospital de París una celebé­rrima escuela de clínica quirúrgica. Muy pronto se hizo Bichat amigo y colaborador del maestro, asumiendo también la dirección del Journal de Chirurgie, fundado por éste dos años antes.

A la muerte de Desault (1795), publicó sus obras y desempeñó su cátedra. Pero hacia 1799 el interés cientí­fico de Bichat se enderezó hacia la anatomía, a la histología (de que es considerado como uno de los fundadores, pese a su inexpli­cable aversión por el microscopio) y a la fisiología.

A estas materias están dedicadas sus más célebres obras: el Tratado de las membranas (1800, v.), las Recherches phy­siologiques sur la vie et sur la mort (Paris, 1800), y finalmente la clásica Anatomía general aplicada a la fisiología y a la medi­cina (v.), a la que seguirá el Traité d’ana­tomie descriptive publicado póstumamente en 1805.

Su interés se inclinó en los últi­mos años al estudio de la anatomía patoló­gica; y sobre esta materia hizo gran nú­mero de autopsias y redactó también un plan de lecciones. Pero la muerte prema­tura le impidió rematar estos estudios.

G. Preti

Bibbiena

Bernardo Dovizi, denominado comúnmente «el Bibbiena» por su lugar de origen, o, también, con el título cardenali­cio de S. María in Portico, n. el 4 de agos­to de 1470 en una familia de humilde condición, y m. en Roma el 9 de noviembre de 1520.

Todavía joven ingresó en la can­cillería de los Médicis y en 1494 fue emba­jador ante Alfonso de Nápoles y trató con éste de la alianza contra Carlos VIII. Expul­sados de Florencia aquéllos, compartió con ellos el destierro.

En la corte de Urbino compuso la Calandria (v.), representada allí por vez primera en 1513. Bibbiena trabajó activa­mente para el regreso de los Médicis a Flo­rencia; estuvo en Milán, donde pidió la ayuda de Ludovico el Moro, y, en 1512, fue plenipotenciario de Julio II en el congreso de Mantua, que impondría la paz en Italia y decidiría la suerte de aquéllos, los cuales, un mes después, eran restablecidos en Flo­rencia.

A la muerte del citado pontífice (20-21 febrero 1513) el cónclave, gracias a los esfuerzos de Bibbiena, elegía papa a Juan de Médicis, quien asumió el nombre de León X. Poco más tarde recibía aquél el nombra­miento de tesorero general, luego los de protonotario y conde palatino, y, finalmente, el capelo cardenalicio.

Árbitro de la diplo­macia vaticana por espacio de varios años y defensor de una política antifrancesa, en 1515 logró concluir una alianza entre el Pon­tífice, el emperador Maximiliano, España, Suiza, Milán y Génova. En la primavera de 1518 marchó a Francia para promover una cruzada contra lote turcos; por aquel enton­ces mostróse partidario de una política favo­rable a este país. Obtuvo así el episcopado de Constanza, cuyas rentas cedió a su amigo Bembo.

A fines de 1519 regresó a Italia, y allí murió el año siguiente, aun cuando no, como se ha dicho, envenenado. De Bibbiena, di­plomático agudo, ingenio brillante y escri­tor elegante y logrado, poseemos centena­res de cartas en curso de publicación, muy notables desde los puntos de vista político y literario.

G. L. Moncallero