El Librito de la Vida Después de la Muerte, Gustav Theodor Fechner

[Büchlein vom Leben nach dem Tode]. Obra alemana de Gustav Theo­dor Fechner (1801-1887), publicada en 1836. El autor describe aquí el destino del alma humana, en sus pasos sucesivos a los gra­dos superiores de la existencia. La muerte, que su nacimiento le había liberado de las tinieblas del vientre materno, eleva al in­dividuo hacia unas formas más altas de vida, en las que él, puro espíritu entre espíritus puros, podrá, sin por ello pasar a otro mundo, compenetrarse con las cosas bellas de aquí abajo, de las que su cuerpo le tenía alejado, al igual que le impedía una comunión verdaderamente íntima con los espíritus a los que quería. Así el autor adopta la idea cristiana que considera la vida como una prueba; las acciones buenas y malvadas del hombre seguirán actuando más allá de la vida terrenal, según un principio paralelo al físico, por el que no se pierde ninguna forma de energía. Es singular la teoría del autor, que considera al alma humana como el campo de una lucha entre espíritus buenos y malos, fa­vorecidos, unos u otros, por la buena o la mala Voluntad del hombre. El autor, llegado a una concepción panpsíquica del mundo (lo creado es la manifestación viva de Dios), partiendo de una severa preparación científica, expone sus teorías con claridad y evidencia. La obra, animada por un soplo poético y religioso, sigue siendo una ex­presión del misticismo alemán, como se fue formulando después del Romanticismo.

B. Del Re

Del Libre Albedrío, Valla

[De libero arbitrio]. Tratado del humanista Lorenzo della Valle, llamado Valla (1407- 1457), compuesto hacia 1443 y desarrollado en forma de diálogo entre el autor y el español Antonio Glarea. La obra aborda uno de los más importantes problemas espiri­tuales que la cultura medieval había legado a la época del Renacimiento: el del libre albedrío y de la presencia de Dios. Lleno de espíritu epicúreo, aunque entendido éste como una superación del mundo pa­gano, dentro de las opiniones de la nueva espiritualidad cristiana, Valla se ve arras­trado inevitablemente a afrontar una cues­tión -que ya Coluccio Salutati había inten­tado explicar en su obra Del hado y de la fortuna (v.), señalando como inútil y orgulloso el deseo de la criatura de conocer íntimamente los designios del Omnipotente. A su vez, Valla, adoptando una posición todavía vacilante, en comparación con el fermento de sus nuevas ideas epicúreas, ataca la vacuidad de la ciencia filosófica respecto al misterio del universo. Supone un error la tentativa hecha por la razón para conocer las relaciones existentes entre el querer de Dios y nuestra actividad. Sola­mente la caridad en un soplo de vida reli­giosa aporta la fe necesaria para compren­der menos erróneamente los arduos proble­mas que agitan la vida: en su práctica está el remedio contra la soberbia humana que cree saberlo todo.

C. Cordié

Las Librerías, Antón Francesco Doni

[Le librerie]. Obra en dos volúmenes de Antón Francesco Doni (1513-1574), publicados en Venecia respec­tivamente en 1550 y en 1551. El primer volumen está dedicado a los autores y a las obras impresas, el segundo a las ma­nuscritas. Las Librerías se pueden consi­derar como el primer ejemplo de crítica literaria, mezclada, como todos los libros de Doni, con historietas, curiosidades y sali­das graciosas. Por la prontitud de visión, la rapidez de la escritura, el valor y el sig­nificado de sus escritos, no destinados a durar, sino a hacer efecto, y por la varie­dad de los temas tratados, Doni parece anti­cipar las maneras y el gusto del periodis­mo. En estas páginas, que hablan de los libros y que deberían incitar a leerlos, se hace a menudo el elogio de los analfabetos: «¡Cuánto más felices sois que los otros hombres, los que no sabéis leer, y cuánto debéis a la suerte y a vuestros padres, que no os obligaron a aprender las letras!». Cada libro, según su parecer, no es más que la recomposición de algo ya dicho anterior­mente: «Los que llegan después, toman de nuevo estos y aquellos hechos, y mezclando palabras con palabras, forman otro dispa­rate y hacen una obra».

E. Allodou

El Librito de la Eterna Sabiduría, Heinrich Seuse

[Das Büchlein der ewigen Weisheit]. Tratado de mística del dominico alemán Heinrich Seuse, o Suso, llamado «Amandus» (12959-1366), compuesto en 1328-30 y publicado sobre el manuscrito de Stuttgart, copia del original de Suso, en 1492. Precedido por el Librito de la verdad, com­puesto por Suso cuando aún era estudiante en Colonia, donde se había hecho sospecho­so por sus relaciones con el maestro Johannes Eckart, aunque escrito en parte contra las doctrinas panteístas de los Beggardi y las libertinas de los «Hermanos del libre espíritu», el Librito de la eterna sabiduría es un compendio del camino contemplativo a la unión mística, del retorno al princi­pio del Uno trascendente. A diferencia del anterior, es eminentemente práctico.

Suso vierte en él todo su corazón, «para utilidad de los simples que tienen imperfecciones de las que liberarse», sacando el contenido ideológico de las propias experiencias de éxtasis. Su forma es la del diálogo, que resulta de las cien contemplaciones o me­ditaciones sobre los dolores de Cristo del final del libro. El lenguaje destaca por su riqueza de nuevos matices y signifi­cados atribuidos a las palabras, especial­mente para describir sensaciones interiores y experiencias de psicología mística, enri­queciendo así la prosa alemana. La cultura intelectual es una característica del escolástico medieval, empapado de doctrina pa­trística, de filosofía escolástica y griega, con elementos recibidos del divino Dioni­sio (el pseudo-Aeropagita) y del «maestro» Eckart. Denifle, que ha dirigido su edición «princeps» (Munich, 1876), lo juzga como «el más bello fruto del misticismo alemán», y lo coloca después de la Homilías de San Bernardo de Clara val y de la Imitación de Cristo (v.). En la segunda mitad del siglo XIV y en el XV era el más leído de los libros de meditación alemanes. En 1334, el mismo Suso lo tradujo al latín, amplián­dolo con trozos de tema teológico, ético y social, renovándolo también en el nombre, con el título de Horologium Sapientiae y dedicándolo al general de su Orden.

Más elevado que la obra original, más acabado en la lengua y con un movimiento rítmico rico en figuras, importante fuente de la iconografía mística, llegó a ser el libro fa­vorito de los claustros medievales, traducido al francés, inglés, italiano, holandés, hún­garo, polaco, sueco. Durante siglos ejerció una notable influencia espiritual; entre sus lectores estuvieron Tomás de Kempis y el jesuita Canisio.

G. Pioli

Libre Albedrío, Jonathan Edwards

[Freedom of the Will]. Tratado del norteame­ricano Jonathan Edwards (1703-1757), publi­cado en 1754. Edwards comenzó a escribirlo para responder a la afirmación de Whitby en el prefacio a los Cinco puntos del calvi­nismo (1710) de que considerar a Dios como responsable del mal es entregarse a las ma­nos de los ateos y los otros controversistas. Partiendo del más rígido determinismo cal­vinista, Edwards insiste en que el hombre y los instintos del hombre son desde su origen malos y sin esperanza; por lo tanto, desde un punto de vista que admite la pre­destinación, combate la teoría de la liber­tad moral del hombre y la afirmación del doctor Johnson: «Todas las teorías están contra el libre albedrío; todas las experien­cias son favorables». Partiendo de ’la afir­mación de Locke, de que la voluntad es absolutamente distinta del deseo. Edwards la examina y confuta; y demuestra que para él las dos cosas son una sola. Por lo tanto la voluntad llega a ser determinada por el más fuerte de los móviles que actúan sobre el ánimo; y solamente somos libres mientras no hay obstáculo entre nuestra voluntad y nuestro instinto. Edwards afirma que todo esto es por voluntad divina.

A. Camerino