El Librito de la Eterna Sabiduría, Heinrich Seuse

[Das Büchlein der ewigen Weisheit]. Tratado de mística del dominico alemán Heinrich Seuse, o Suso, llamado «Amandus» (12959-1366), compuesto en 1328-30 y publicado sobre el manuscrito de Stuttgart, copia del original de Suso, en 1492. Precedido por el Librito de la verdad, com­puesto por Suso cuando aún era estudiante en Colonia, donde se había hecho sospecho­so por sus relaciones con el maestro Johannes Eckart, aunque escrito en parte contra las doctrinas panteístas de los Beggardi y las libertinas de los «Hermanos del libre espíritu», el Librito de la eterna sabiduría es un compendio del camino contemplativo a la unión mística, del retorno al princi­pio del Uno trascendente. A diferencia del anterior, es eminentemente práctico.

Suso vierte en él todo su corazón, «para utilidad de los simples que tienen imperfecciones de las que liberarse», sacando el contenido ideológico de las propias experiencias de éxtasis. Su forma es la del diálogo, que resulta de las cien contemplaciones o me­ditaciones sobre los dolores de Cristo del final del libro. El lenguaje destaca por su riqueza de nuevos matices y signifi­cados atribuidos a las palabras, especial­mente para describir sensaciones interiores y experiencias de psicología mística, enri­queciendo así la prosa alemana. La cultura intelectual es una característica del escolástico medieval, empapado de doctrina pa­trística, de filosofía escolástica y griega, con elementos recibidos del divino Dioni­sio (el pseudo-Aeropagita) y del «maestro» Eckart. Denifle, que ha dirigido su edición «princeps» (Munich, 1876), lo juzga como «el más bello fruto del misticismo alemán», y lo coloca después de la Homilías de San Bernardo de Clara val y de la Imitación de Cristo (v.). En la segunda mitad del siglo XIV y en el XV era el más leído de los libros de meditación alemanes. En 1334, el mismo Suso lo tradujo al latín, amplián­dolo con trozos de tema teológico, ético y social, renovándolo también en el nombre, con el título de Horologium Sapientiae y dedicándolo al general de su Orden.

Más elevado que la obra original, más acabado en la lengua y con un movimiento rítmico rico en figuras, importante fuente de la iconografía mística, llegó a ser el libro fa­vorito de los claustros medievales, traducido al francés, inglés, italiano, holandés, hún­garo, polaco, sueco. Durante siglos ejerció una notable influencia espiritual; entre sus lectores estuvieron Tomás de Kempis y el jesuita Canisio.

G. Pioli