Vannoccio Biringuccio

Nacido en Siena en 1480, m. quizá en Roma en 1538 ó 1539. Protegido por Pandolfo Petrucci, señor de Siena, fue director de la Ceca y de las minas, pero después de la muerte de Pe­trucci fue expulsado de la ciudad junta­mente con el hijo de su protector, acusado de haber alterado lá ley de las monedas.

De nuevo en el poder los Petrucci, volvió a obtener Biringuccio cargos y honores, pero en 1526 hubo de huir otra vez, y al poco tiempo pasó al servicio de Florencia, adscrito a la artillería. Vuelto a Siena en 1530, fue nom­brado arquitecto de la Comuna, y en 1538 le llamó a Roma el papa Paulo III, quien le confió la fundición de la artillería papal y su dirección.

No se poseen de él otras noticias sino la de que en 1539 había muer­to. Su obra clásica, De la pirotecnia (v.), al­canzó gran difusión. Impresa en Venecia en 1540, está dividida en diez libros, que tra­tan de las minas, de la cata de minerales, de la preparación de los metales y de las leyes metálicas, de la fusión de los meta­les, de la destilación, del arte de la guerra y de los fuegos de artificio.

Da indicaciones sobre las minas de mercurio, antimonio y azufre, sobre él alumbre de roca, sobre el proceso de la copela para el refinamiento de la plata, sobre el arte de destilar, etc. Su mérito principal consiste en haber tra­tado de eliminar en la interpretación de los procesos técnicos cualquier vaguedad alqui­mista y en haberse basado en los datos de la experiencia.

M. Gina

Robert Montgomery Bird

Nació en Newcastle (Delaware) el 5 de febrero de 1806 y m. en Filadelfia el 23 de enero de 1854. Estudió en ambas ciudades, y en la Germantown Academy, y en 1824, a fin de com­placer a su familia, ingresó en la escuela de medicina de la Universidad de Pennsylvania, donde se graduó en 1827.

Sin em­bargo, sólo ejerció la profesión médica por espacio de un año. Luego dedicóse a la lite­ratura y al teatro, singularmente a la come­dia, y tras haber llevado a la escena una mediocre tragedia, Pelopidas, en 1831 en­tregó al actor Edwin Forrest The Gladiator, que se representó muchísimo en América e Inglaterra y es considerada la primera obra teatral americana con cierta originalidad.

En 1832 compuso otro drama, Oralloosa, que situó en el Perú de Pizarro; en los temas del Sur, que le fascinaban, inspiró también su mejor obra dramática, El banquero de Bogotá (v.), representada en Nueva York en 1834 con un gran éxito. Desposeído de to­dos sus derechos de autor por Forrest, quien acumuló una verdadera fortuna con sus dramas y le pagó mil dólares, Bird empezó a dedicarse a la narrativa.

En este aspecto cabe citar: Calavar, o el Caballero de la Conquista [Calavar, or the Knight of the Conquest, 1834] y El infiel, o la caída de Méjico [The Infidel, or the Fall of México, 1835], dos románticas narraciones que se desarrollan durante la conquista de Hernán Cortés; Los halcones de Hawk Hollow [The Hawks of Hawk Hollow, 1865], obra situada en Pennsylvania y el mejor relato de Bird; Sheppard Lee (1836), estudio sobre la metempsicosis; El diablo de los bosques (1837, v.), narración de Kentucky; Peter Pilgrim (1838), colección de bocetos, y la novela picaresca The Adventures of Robin Day (1839).

En 1840 el autor hubo de retirarse, por motivos de salud, a una finca de Mary­land, donde halló el tiempo y las fuerzas suficientes para dar lecciones en el Penn­sylvania Medical College y dedicarse a la política. En 1847 llegó a director literario del North American de Filadelfia.

Debido a la oposición de Forrest, quien, como luego se supo, no poseía ningún derecho sobre la propiedad intelectual de sus comedias, és­tas no fueron impresas hasta 1917. Los ma­nuscritos de este autor se encuentran en la biblioteca de la Universidad de Pennsyl­vania.

L. R. Lind

Otto von Bismarck

Nació el 1.° de abril de 1815 en Schonhausen, pequeña localidad de Brandeburgo, y m. en Friedrichsruhe el 30 de julio de 1898.

Descendiente de una antigua familia de «Junker» de la marca brandeburguesa, era hijo del capitán de ca­ballería Alexander y de Luise Menken, hija de un famoso profesor de filosofía de la Universidad de Leipzig.

Luego de haber es­tudiado leyes en Gotinga y Berlín ingresó en el ejército como refrendario, ascendiendo luego a oficial. Sin embargo, su tempe­ramento autoritario no se hallaba muy en consonancia con la disciplina militar, por lo que retiróse a Pomerania al cabo de dos años, donde se dedicó a la agricultura en las posesiones de sus antepasados.

En 1846 fue elegido miembro de la Dieta prusiana; aquí inició una carrera que habría de pro­longarse por espacio de cuarenta años. Ya desde el mismo comienzo de su actividad política no mostró preocupación alguna por la popularidad: en el «Landtag» convocado por el rey Federico Guillermo en febrero de 1847 asumió, en efecto, casi deliberada­mente, la defensa de las concepciones más conservadoras.

De esta suerte, la revolu­ción del año siguiente hallóle también de una manera resuelta y dura en la oposición. Con todo, no tardó en fracasar él intento revolucionario, y, entonces, Bismarck pudo reconquistar su puesto de intransigente defen­sor de los privilegios del Estado absoluto y de la monarquía de derecho divino.

Tras un primer período en cuyo transcurso mos­tróse partidario de Austria, con la cual tenía de común los afanes reaccionarios y el deseo de sofocar totalmente el espíritu de rebelión, en la Dieta de Francfort de 1851, y en calidad de ministro de Prusia, inició la política que habría de provocar, en los años sucesivos, la exclusión de aquel país de la Confederación germánica.

En 1859 fue enviado, como representante prusiano, a San Petersburgo, y luego, en 1862, a Pa­rís; desde allí hubo de regresar a la patria llamado por el rey, quien, envuelto en un conflicto insoluble con el Parlamento, no vio más salida que la de confiarse a la ener­gía y al rigor absolutista de Bismarck Acogido con hostilidad, el nuevo primer ministro actuó sin vacilaciones, adoptó medidas contra la libertad de prensa y disolvió la Cámara.

La muerte del rey de Dinamarca Fede­rico VII diole pie a presentar la reivindica­ción alemana sobre los ducados de Schleswig-Holstein; aun cuando hubiera deseado unirlos a Prusia, algunas consideraciones dé política interna le forzaron a pedir la ayuda de Austria, y, de esta suerte, finalizada en 1864 con la victoria de ambos aliados la guerra a que ello dio lugar, la convención de Gastein decretó la anexión de los terri­torios en litigio a los dos vencedores.

Este período no constituyó, empero, sino un pa­réntesis en la actuación política de Bismarck, do­minada por la lucha contra Austria; y así, poco después reanudó sus actividades ten­dentes a sustraer alemania de la influen­cia del emperador austríaco y a reemplazar la hegemonía de los Habsburgo por la de los Hohenzollem.

Para ello, y desplegando una gran habilidad diplomática, logró obte­ner la neutralidad de Francia y estrechar una alianza con Italia, deseosa de resolver el problema del Véneto; de esta suerte pudo iniciar la guerra contra Austria, que ter­minó con el resultado apetecido por Bismarck Sin embargo, una vez eliminado el estorbo aus­tríaco, alemania veíase amenazada por Francia, que no admitía la presencia en sus fronteras de un poderoso estado compacto.

Con la guerra de 1870 Napoleón III quedó vencido y su país, debilitado, no pudo opo­nerse a los designios del canciller prusia­no, quien, el 18 de enero de 1871, proclamó en Versalles el Imperio alemán. Luego de estas victorias, y muy satisfecho con los resultados obtenidos, Bismarck inició una política de equilibrio europeo.

Para ello volvió a la amistad con Austria y dio vida en 1882, gracias al concurso de Italia, a la Triple Alianza. En el siglo del liberalismo, y pre­cisamente cuando otros pueblos se consti­tuían en naciones mediante los plebiscitos y la adhesión espontánea de sus ciudada­nos, Bismarck realizó, en cambio, la unidad de alemania con la fuerza y desde arriba.

En­tre 1872 y 1878 luchó a fondo, a través del «Kulturkampf», contra la Iglesia católica; pero el fracaso de esta campaña indújole en 1879 a abandonarla por completo. No mejo­res resultados consiguió en su otra lucha contra los socialistas, que llevó a cabo, con su dureza acostumbrada, entre 1880 y 1884.

Bismarck, que en 1865 había sido nombrado conde y en 1871 príncipe, fue alejado del poder en 1890 por el nuevo soberano Guiller­mo II, y vivió los últimos años de su exis­tencia en una soledad desdeñosa. Además de catorce tomos de discursos y de una abundante correspondencia dejó el libro Pensamientos y recuerdos (v.), publicado entre 1898 y 1921 y muy importante para una comprensión más exacta de la vida po­lítica alemana y europea del siglo pasado.

F. Catalano

Bindo de Cione

Poeta sienés del si­glo XIV a quien se atribuye actualmente una canción política escrita en 1355, considerada antes obra de Fazio degli Uberti: la Canción de Roma (v.). De este autor no conocemos, en realidad, sino su carácter austero y la formación literaria que ates­tigua dicha obra.

Su alusión a una Italia unida con la capital en Roma aparece un tanto profética. El mismo año en que com­puso la citada canción recibió del empera­dor Carlos IV el diploma de «familiar y comensal».

F. Giannessi

Bión

Carecemos de toda noticia directa sobre este poeta, con el cual se cierra la gran lírica griega. Nació en Flossa, cerca de Esmima, entre el final del siglo II y la pri­mera mitad del I a. de C., y debió de vivir probablemente en Sicilia, como atestiguan ciertas referencias contenidas en sus obras y el Canto fúnebre para Bión, compuesto por un discípulo o imitador que le presenta arre­batado por la muerte muy joven y a causa de un veneno.

Conservamos de Bión diecisiete fragmentos (v. Idilios), de una gracia suave y ligera, y un Canto fúnebre de Adonis, cuyo «pathos» armonioso y decadente se­ñala el postrer aliento de la poesía griega.