Bjømstjerne Bjørnson

Nacido el 18 de di­ciembre de 1832 en Kvikne (Österdalen) y m. en París el 26 de abril de 1910. Abierto a las ideas liberales europeas y, no obs­tante, vinculado siempre a un curioso pro­vincialismo nacional típicamente nórdico; agitador radical en política y religión, y, sin embargo, esencialmente puritano y con­servador; escandinavista y pangermanista al mismo tiempo; gran apóstol y retórico de los ideales de libertad y nacionalidad; novelista y dramaturgo, periodista y direc­tor teatral, constituyó, después de Wergeland, la mayor fuerza del renacimiento y la independencia noruegos.

Descendiente de una antigua familia de campesinos, realizó sus primeros estudios en Molde y leyó ávi­damente, fuera de la escuela, las antiguas sagas de los reyes de Noruega, las novelas de Ingemann y Scott y los textos demológicos de Asbjømsen.

Participó como ardien­te republicano en los fervores de 1848. Lle­gado a la universidad, la abandona muy pronto para dedicarse a la literatura y a la crítica teatral, y se trasladó a Copenha­gue. Dirigió el teatro de Bergen (1857-59), el de Cristiania (1865-67), y, finalmente, en esta última ciudad, otro propio (1877- 82).

Realizó largos viajes a Italia, los Esta­dos Unidos, Francia y alemania. En sus esfuerzos por restablecer la continuidad his­tórica entre la libertad antigua y la moder­na voluntad de emancipación del secular predominio danés, el romanticismo noruego promovía el estudio y la revalidación del mundo nórdico precristiano: lengua, arte, historia, religión, todo había de quedar re­formado según él ejemplo de los antiguos modelos autóctonos, y puesto que los me­dios rurales mantenían casi intactas las cos­tumbres y la lengua de antaño, en ellos se inspiró singularmente dicho romanticismo.

Sobre este fondo alcanzan significación y relieve los primeros textos de Bjørnson, desde En­tre batallas (1857, v.) Synnøve Solbakken (1857, v.) y Halte-Hulda (1857) hasta Ame (1859), El rey Sverre [Kong Sverre, 1861] y Sigurd Slembe (1864), donde la saga da lugar al idilio sentimental y al moralismo al estilo de Schiller.

Siguieron luego, tras las sugestivas enseñanzas de G. Brandes, las obras de tesis, integradas por las cuestiones propias de la vida nórdica contemporánea; son los dramas Recién casados [De nygifte, 1865], El periodista [Redaktóren, 1874], Una quiebra (1857, v.), Leonarda (1879, v.), Un guante (1883, v.) y Más allá de las fuerzas humanas (1883, v.), y las narraciones y no­velas La hija del pescador (1868, v.),

El capitán Mansana [Kaptein Mansana, 1875] y Las sendas de Dios (1889, V.). Lo mejor de la producción de Bjørnson está integrado no tanto por estos dramas y textos narrativos (a excepción, empero, de la primera parte de Más allá de las fuerzas humanas) como por las canciones y poesías en ellos insertas (en 1870 fue publicada la colección de éstas titulada Poesías y cantos [Digte og sange] con música de Kjerulf, Nordraak, Grieg, etc.), algunos de los relatos menores exen­tos de intenciones didácticas y polémicas y algunas comedias ligeras y agudas (Amor y geografía [Geografi og Kaerlighed, 1885], Cuando florece la vid nueva, v.).

El mode­rado nacionalismo de Bjørnson es el hilo que orien­tó su larga actividad política, ajena (a excepción de un breve paréntesis) a vínculos de partido. Fue periodista de la oposición democrática (Aftenbladet, 1859; Norsk folkeblad, 1866-71), adversario de la unifica­ción de Noruega y Suecia, partidario de la izquierda radical y tribuno del pueblo.

Con equilibrada y vigorosa elocuencia pre­paró el país para la solución pacífica del conflicto unionista y la independencia poli­fila, oficialmente sancionada por el plebiscito de 1905. En 1903 fue galardonado con el premio Nobel de Literatura.

M. Gabrieli

Richard Doddridge Blackmore

Nació el 7 de junio de 1825 en Longworth (Berks­hire), de donde su padre era párroco y m. en Teddington, cerca de Twickenham, el 20 de enero de 1900.

Educado en la escuela de Blundell, en Tiverton, prosiguió después los estudios en el Exeter College de Oxford, y doctoróse en 1852, año en él cual se casó con Lucy Maguire y empezó a ejercer la abo­gacía» pronto abandonada por la enseñanza.

Sin embargo, la herencia de un tío suyo, el reverendo H. H. Knight, le permitió po­ner en práctica sus ideales de una vida sen­cilla, tranquila y retirada al hacerle posible la adquisición en Teddington de una casa lejos de la carretera y rodeada por un vasto jardín; allí pasó el resto de su existencia, escribiendo y cultivando su huerto.

Aficio­nado con pasión a la poesía, inició sus acti­vidades literarias con dos tomos de versos, Poems by Melanter (1854) y Epullia (1855); pero ni éstos ni el tardío Fringilla (1895) reveláronle poeta de singulares dotes. Incli­nado luego a la novela, consiguió ser apre­ciado muy pronto con Clara Vaugham (1864), texto al cual siguió Cradock Nowell (1866); de todas formas, no obtuvo un éxito notable y duradero hasta 1869, con Loma Doone (v.).

A esta obra está vinculada par­ticularmente su fama, aun cuando luego escribiera B. doce novelas más, algunas de ellas muy notables, como The Maid of Sker (1872) y Springhaven (1877).

U. G. Bottalla

Chajm Nachman Bjalik

Nació en 1872 en Radi (Volinia) y m. en 1934 en un hospi­tal de Viena. Hasta los cinco o seis años vivió en su nativo «pueblo tranquilo ro­deado de bosques y bajo un cielo sin lími­tes»; luego trasladóse con su familia a un suburbio de Jitomir, donde poco después falleció su padre.

Por esta razón, el mu­chacho fue confiado al abuelo. Estudió en la célebre escuela talmúdica de Vologin, aun cuando soñara con horizontes más amplios para su espíritu inquieto y su cultura; allí reveló su inspiración poética y la nostal­gia de Sión.

En 1892 se hallaba en Odessa, donde habitaban algunos de los mejores es­critores hebreos; en esta ciudad vivió dan­do lecciones particulares y entre las difi­cultades de una existencia errante cuyo único consuelo fue la poesía.

Los años com­prendidos entre 1900 y 1907 constituyeron el período más fecundo de su producción. Sin que le afectaran las vicisitudes de la prime­ra guerra mundial y de la revolución rusa, en 1921, gracias a la intervención de Maksim Gorki, obtuvo de Lenin el permiso para salir de Rusia y luego de residir durante algún tiempo en alemania, en 1924 marchó a Palestina.

Bjalik ha sido el mayor poeta he­breo de nuestros tiempos. Cantó en su poe­sía su miseria personal y la de su pueblo, así como la naturaleza libre y alegre y las lágrimas de los tristes ghettos europeos; rebelóse contra la resignación de sus her­manos de la diáspora, que inclinaban mís­ticamente la cabeza y el espíritu ante la esclavitud y la intolerancia, ensalzó el he­roísmo de antaño y soñó en un resurgimiento nacional.

Bjalik aparece como poeta ori­ginal y esencialmente hebreo, inmune a las influencias extranjeras que, por el contra­rio, se dan en el otro gran autor poético Cheminikhovski (v.); aun cuando moderno, permanece vinculado, incluso desde el pun­to de vista lingüístico, a la tradición bíblica, y, siquiera nacional, es también, al mismo tiempo, universal por la conciencia humana y religiosa que alienta en su poesía. Hasta en el amor, que suele presentar como una pasión platónica y espiritual, resulta un poeta melancólico.

En Los muertos del de­sierto (1902) exaltó las gestas viriles de los antepasados y las esperanzas suscitadas por los intentos llevados a cabo por los nuevos colonos de Palestina para volver a la anti­gua tierra (A la golondrina, 1891; Saludo al pueblo, 1894; Pequeña epístola de la diáspora a un hermano de Sión, 1894).

Bjalik fue también maestro en la «prosa breve», cual demuestran sus cuentos sutiles, sus humil­des relatos de ambiente rural con figuras cómicas y realistas, sus narraciones fan­tásticas a la manera oriental, sus frescos humorísticos sobre temas de las antiguas leyendas hebraicas y sus ensayos de crítica literaria y lingüística.

Tradujo al hebreo Guillermo Tell, de Schiller; Don Quijote, de Cervantes, y un acto de Julio César, de Shakespeare. Además, compiló una famosa antología de la Haggadah (leyendas, fanta­sías, sentencias morales, apólogos y folklore del antiguo Israel), y fundó y dirigió du­rante muchos años una de las editoriales hebraicas más modernas: la casa Devir.

D. Lattes

Alexandre Bisson

Nació en Briouze el 9 de abril de 1848 y m. en París el 27 de enero de 1912. En 1869 trasladóse a la capi­tal de Francia e ingresó como empleado en el Ministerio de Instrucción Pública; luego, empero, abandonó esta actividad y se de­dicó al teatro.

Poseía una buena cultura, sobre todo en el campo de la música, y, así, colaboró durante algunos años en el con­junto de publicaciones musicales dirigido por Laporte. Sin embargo, su fama se halla vinculada a la escena cómica, en parte porque supo evitar la vulgaridad de las «pochades», y ello a pesar de la neta comi­cidad de sus obras; las comedias de intriga y los «vaudevilles» que Bisson dio al teatro manifiestan claramente sus cualidades inna­tas de autor teatral: inventiva fácil y es­pontánea inspiración cómica.

No plantea problemas: su finalidad es la diversión, que logra perfectamente. Entre sus obras más notables cabe citar El diputado de Bombignac (1884, v.), Las sorpresas del divor­cio (1888, v.), El interventor de coches- cama (v.), Les erreurs du mariage, 115, Rué Pigalle, Mission délicate y Le péril jaune, estas últimas pertenecientes a diversas épo­cas. Sus agudas cualidades de observador le indujeron también a la comedia de carác­ter: Jalouse (1897), Monsieur le Directeur (1895), etc.

En el período final de su vida intentó asimismo el drama: La femme X (1910).

P. Raimondi

Georges Bizet

Nació en París el 25 de oc­tubre de 1838, m. en Bougival el 3 de junio de 1875. Su padre, profesor de canto, le enseñó los primeros rudimentos del arte musical; a los cuatro años ejecutaba los más difíciles ejercicios y a los nueve era admitido en la clase de piano de Marmontel en el Conservatorio de París.

Seis meses después obtenía el primer premio de solfeo. Paralelamente a los estudios instrumenta­les, estudiaba composición con Zimmermann, que sustituía entonces a Charles Gounod. En 1852, un primer premio de piano fue la compensación a sus brillantes y fo­gosas ejecuciones; en 1854 obtuvo un pre­mio de órgano en la clase de Benoist y al mismo tiempo se matriculaba en el curso de composición de Hálévy, el célebre autor de Hebrea (v.).

El Institut de France debía conferirle en junio de 1857 el primer Grand Prix de Roma por la cantata Clovis y Clotide; el 28 de enero del año siguiente puso pie el joven Bizet en la Ciudad Eterna con el ardiente deseo de empaparse de aquella cultura latina de la que será reflejo toda su música.

El primero de los tres envíos reglamentarios al Institut fue una ópera bufa con libreto italiano : Don Procopio, cuyo manuscrito se ha perdido. Se aprestó enton­ces a componer una vasta Symphonie avec choeurs, subtitulada Vasco de Gama, en la que se pone de manifiesto su admiración por Bach y Beethoven.

Terminó, en fin, una «suite» para orquesta en tres movimientos, de la que tomaría el «Scherzo» en los Sou­venirs de Rome y la «Marcha fúnebre» en Los pescadores de perlas (v.). Ya revelaba su poderosa personalidad en una invención melódica original y en un sentido del color orquestal que hará que se le considere equi­vocadamente discípulo de Wagner.

A su regreso de Roma perfeccionó la técnica de compositor lírico transcribiendo para piano obras francesas, italianas y alemanas, que fueron publicadas con el título Le pianiste chanteur. Al mismo tiempo preparaba una ópera cómica, La Guzla de L’Emir, cuyos ensayos comenzaron en la Sala Favart en 1863.

Pero preocupado Bizet por presentar al público solamente partituras de las que es­tuviera totalmente satisfecho, decidió re­nunciar a la representación de su ópera y estrenar en el Théâtre Lyrique Les pêcheurs de perles, terminada entonces.

La tibia aco­gida del público acrecentó los escrúpulos de Bizet En 1865 retiró del cartel su nuevo drama lírico Ivan le terrible, y el éxito de Souve­nirs de Rome en los conciertos Pasdeloup no le hizo olvidar el semifracaso de la Jolie fille de Perth, cuya danza zíngara todavía es célebre.

Seis melodías, Feuillets d’al­bum, inspiradas en versos de Musset, La­martine, Ronsard, Millevoye y Víctor Hugo, precedieron al arreglo de Souvenirs de Rome, que se convirtió en la «suite» Roma («Allegro», «Andante», «Scherzo» y «Carnevale»).

El 3 de junio de 1869 se casó con Geneviève Halévy, hija de su antiguo pro­fesor. El mismo año componía Djamileh, ópera cómica cuyo argumento había sido sacado del Namouna (v. Poesías) de Mus- set y en la que podía expresar su gusto por un exotismo cada vez más suave, cálido y apasionado. El «Cantabile» de Harún, el canto de los bateleros, el dueto final con­tinúan siendo las mejores páginas de esta partitura que fue estrenada el 22 de mayo de 1872.

Cuatro meses después represen­taba en el Vaudeville la Arlesiana (v.) de Alphonse Daudet, para la que había escrito Bizet una importante música de escena. En ella abandonaba el autor el Oriente para volver a encontrar el sol, los penetrantes olores y la profunda tristeza de la Provenza; y su camino debía conducirlo a Es­paña.

Pero antes de presentar Carmen (v.) al público el 3 de marzo de 1875, compuso una pequeña «suite» para orquesta titulada Jeux d’enfants: doce piezas para piano a cuatro manos (Toupie, «impromptu»; Pou­pée, «berceuse»; Trompette et tambour, mar­cha; Petit mari et petite femme, dueto; Balgalop). Bizet quedó ofendido por los sar­casmos que amenazaron el éxito de Car­men. Pudo, sin embargo, entrever el futuro triunfo de su obra maestra.

Profundamente afectado por violentas e injustas críticas, debía morir la noche de la trigésimo ter­cera representación de Carmen. Poco antes había destruido la mayor parte de sus ma­nuscritos que vacilaba en confiar a un edi­tor, y especialmente el esbozo del Cid, que debía ser presentado el año siguiente en la Sala Favart.

Bizet es uno de los maestros del arte lírico francés por la concisión de pen­samiento, por su sugestiva potencia, por la variedad de su vocabulario armónico y por la riqueza y la forma de su orquestación.

C. Baignères