Libro Enfinido, Don Juan Manuel

Tratado moral en pro­sa española de don Juan Manuel (1282- 1349), quien lo compuso a petición de su hijo Fernando, para ofrecerle el fruto de su propia experiencia. El autor expone en él «cosas que yo mismo prové en mí mismo et en mi fazienda et bi que contenió a otros», iniciando así el «Libro en finido, que quiere dezir libro sin acabamiento», el libro de la sabiduría práctica, como vida de la razón y de la crítica racional, cuya validez se funda en la evidencia experimental e intelectual y en la demostración.

El con­cepto informador es desde luego el mismo que explica la composición del Conde Lucanor (v.) y del Libro de los estados (v.), al último de los cuales se hacen frecuentes referencias, al hablar de los deberes para con Dios y para con nosotros mismos, para con los gobernantes y para con el prójimo. Son veintiséis capítulos que dan las nor­mas prácticas a las que debe atenerse un príncipe, en cuanto a perfección de vida. Después de estas consideraciones, está el tratadito acerca de las diversas clases de amór, Las maneras de amor, que Juan Ma­nuel escribió hacia 1335, a ruegos de fray Juan Alfonso, en que se entiende el amor como unión afectiva de la voluntad con un bien conocido. Estos modos del amor, que son las maneras según las cuales la volun­tad persigue el bien, son clasificados en quince géneros. También en esta obra se encuentran las cualidades de claridad, de orden, de perspicacia psicológica y de agi­lidad estilística que son propios de la prosa de Juan Manuel, especialmente en sus obras de mayor aliento.

M. Casella

Libro de los siete sabios de Roma, Anónimo

El anónimo Libro de los siete sabios de Roma, publicado en Burgos en 1530, contiene «maravillosos ejemplos y avisos para todo hombre que en él quiera mirar».

En el capítulo I se dice «Cómo el emperador Ponciano encomendó su hijo a los siete sabios que- le enseñasen; y de la experiencia que de él hicieron»; en el II, «Cómo el empe­rador Ponciano casó otra vez; y cómo a ruego de su mujer envió por su hijo»; en el III, «Del recibimiento que hizo el em­perador a su hijo, y de cómo la emperatriz, su madrastra, le requirió de ilícitos amo­res»; en el IV, «De cómo Diocleciano, por no qúerer consentir en el deseo de la em­peratriz, fue por el emperador, su padre, sentenciado para ser ahorcado»; en el V, «Cómo la emperatriz por ejemplo de un pino inducía al emperador a que matase a su hijo»; en el VI, «Cómo llevaron al hijo del emperador a ahorcar, y cómo el emperador revocó la sentencia»; en el VII, «Cómo por el ejemplo de un caballero y un lebrel tuvo libre el primero sabio al hijo del emperador, el primero día de muerte»; en el VIII, «Cómo por ejemplo de un puerco montés y de un pastor, per­suadió la emperatriz al emperador que ma­tase a su hijo»; en el IX, «Cómo el segundo sabio salió por un ejemplo de cómo una mala mujer engañó a su marido y le hizo poner en una picota: libró al hijo del emperador, el segundo día de la horca»; en el X, «Cómo la emperatriz, por el ejemplo de un hijo que cortó la cabeza a su padre, conmovió al emperador a que mandase ahorcar a su hijo»; en el XI, «Cómo por un ejemplo que aconteció a un caballero con su mujer y una picaza que él mucho amaba, libró el tercero sabio al hijo del emperador»; en el XII, «Cómo por ejemplo de un em­perador y siete sabios suyos porfió la em­peratriz de aconsejar a su marido que matase a su hijo»; en el XIII, «Cómo el cuarto sabio por ejemplo de una mujer de un caballero que quería amar a un clérigo, escapó el hijo del emperador»; en el XIV, «Cómo la emperatriz por el ejemplo de cómo aconteció al emperador Octaviano por su codicia con la torre de las imágenes provocó al emperador que mandase ahor­car a su hijo»; en el XV, «Cómo el quinto sabio, llamado José, por ejemplo de lo que aconteció a Hipocras con su sobrino Galeno escapó al hijo del emperador, el quinto día de su muerte»; en el XVI, «Cómo por ejem­plo de un rey y su senescal, inducía la em­peratriz a su marido a que hiciese matar a su hijo prestamente»; en el XVII, «Cómo el sexto sabio, llamado Cleofás, por un ejem­plo de una mala mujer por cuyo consejo murieron tres caballeros y a la postre su marido y ella arrastrados fueron ahorcados, salvó la vida a su discípulo el sexto día»; en el XVIII, «Cómo- la emperatriz porfian­do siempre la muerte del hijo del empera­dor, su antenado, contóle al emperador, su marido, lo que aconteció a un rey con su condestable, y por engaño le llevó la mujer»; en el XIX, «Cómo el séptimo sabio, llamado Joaquín, escapó el séptimo día al hijo del emperador de la horca contando al emperador un ejemplo, cómo una mujer de un caballero el cual por una poca de sangre que a ella le salió de un dedo se murió y ella le desenterró y le puso en la horca»; en el XX, «Cómo el octavo día. Diocleciano, hijo del emperador, con gran solemnidad fue llevado a palacio y cómo redargüyó a su madrastra la emperatriz, y descubrió toda su maldad»; en el XXI, «De un ejemplo que contó el hijo del emperador, en que da a entender la firme amistad que ha de tener un buen amigo a otro»; en el XXII, «Cómo fue condenada a muerte la emperatriz y de la muerte del emperador y cómo Diocleciano, su hijo, le sucedió en el Imperio». Se trata de una de las obras que, al uso oriental, por medio de consejas, un condenado a muerte, inocente del daño que le achacan, se libra de su mal fin gra­cias al esfuerzo dialéctico de sus amigos.

C. Conde

El libro de los engaños y los asayamientos de las mujeres , don Fadrique

La primera versión castellana es la tra­ducción del texto árabe que el infante don Fadrique, hermano de Alfonso X el Sabio, mandó hacer en 1253, y que lleva el título de El libro de los engaños y los asayamientos de las mujeres (v.). Se conserva en un manuscrito único, actualmente propiedad de la Real Academia Española, de letra del siglo XV, con algunas adiciones hechas por un lector del siglo XVI. Fue editada por Adolfo Bonilla y San Martín, en el volu­men XIV de la «Bibliotheca Hispana» (Barcelona, 1904), que dirigía R. Foulché- Delbosc, y ha sido reeditada recientemente por Ángel González Palencia, en su Versio­nes castellanas del «Sendebar» (Madrid- Granada, 1946), páginas 1-66. La segunda, derivada de la colección latina a la que luego aludiremos, es la llamada Novella que Diego de Cañizares de latín en roman­ce declaró y trasladó de un libro llamado «Scala Coeli», que figura en un manuscrito de la Biblioteca Nacional de Madrid, de letra del siglo XV. Fue editada por Antonio Paz y Melia, en sus Opúsculos literarios de los siglos XIV a XVI (volumen XXIX de la «Sociedad de Bibliófilos Españoles», publicado en 1892), y la ha reeditado Ángel González Palencia, en la obra antes citada (páginas 67-115). La fuente de esta tra­ducción es la Scala Coeli de diversis generibus exennplorum, de Juan Gobio el Joven (siglo XIV), que, además del cuadro ini­cial, recoge cuatro cuentos del Sindibād; los demás relatos proceden de la tradición oc­cidental.

El Libro Uguccione da Lodi, Anónimo

[Il libro]. Es un pequeño poema moralizante, descubierto en el Códice Saibante-Hamilton, de la Biblioteca Nacional de Berlín, publicado por Tobbler en 1884. No se tienen noticias seguras respecto a su autor, que vivió probablemente en la segunda mitad del siglo XIII. El libro, dividido en dos partes netamente diferenciadas por la mé­trica, contiene una larga serie de reflexiones sobre vicios, sobre la muerte, la maldad, la avaricia y la soberbia de los hombres, ora­ciones, descripciones de las penas y recom­pensas de ultratumba, etc. Si es cierto que tales elementos no suponen novedad, en Uguccione tienen, sin embargo, un tono par­ticular que se hace más intenso e histórica­mente interesante en las partes del poema donde la áspera y rebelde religiosidad del autor se dedica al reproche y a la ruda y eficaz descripción de las costumbres socia­les: allí cabe descubrir un claro fermento de índole herética. El autor debió perte­necer a la secta de los valdenses o a la de los «pobres lombardos». Un ingenuo sensualismo, mezclado con imágenes de preciosos esplendores sirve para la descripción de la alegría y bellezas del Paraíso; y ajustán­dose al gusto medieval de lo grotesco, lo pavoroso y lo deforme, se describen breve­mente las penas del infierno.

D. MattalIa

El Libro de Sindibād, Anónimo

[Kitāb Sindbād]. Obra gnómiconarrativa de origen oriental difundida en Oriente y Occidente a través de una cadena de versiones y reela­boraciones, con un proceso análogo al su­frido por Calila y Dimna (v.). El probable original indio se ha perdido, y asimismo desapareció la versión medopersa de la que se hizo la traducción árabe, que es, por consiguiente, la más antigua que poseemos. En ella se cuenta cómo el sabio Sindibād  (que no debe confundirse con el homónimo héroe árabe de Viajes de Sindibād v.), preceptor del hijo de un rey, prescribe a su discípulo un silencio de siete días, ha­biendo leído en las estrellas un peligro que le amenaza. El joven, en aquel momento, es tentado por la madrastra que, rechazada, lo acusa ante el padre y lo hace condenar a muerte; la intervención de siete sabios que, turnándose uno por día, cuentan ante la Corte una historia sobre los peligros de la imprudencia y, los engaños femeninos, demoran la ejecución de la condena, mien­tras la madrastra por su parte narra otras tantas historias en apoyo de su tesis. Pa­sados los siete días, rompe el príncipe su silencio y puede probar su inocencia. La historia pasó a formar parte de las Mil y una noches, de la que reproduce en pequeño la estructura, con una historia marco y otras menores que se encuadran en ella.

F. Gabrielí