Eloy Blanco

Poeta y político venezo­lano nació en Cumaná en 1897 y m. en México, en el destierro, en 1955, a consecuencia de un accidente de automóvil.

Doctor en cien­cias políticas y sociales, no se dedicó acti­vamente al ejercicio de su profesión de abogado: las letras y la política absorbieron toda su inquietud. Su rebeldía frente a la dictadura de Juan Vicente Gómez le valió la cárcel, el confinamiento en una aldea de los Andes y el destierro.

Figuró después como diputado de la oposición, y junto con Betancourt y Gallegos en la revolución de octubre (1945). Presidente de la Asam­blea Constituyente y después ministro de Relaciones Exteriores (1948); derribado poco después el régimen democrático por un pro­nunciamiento militar, Blanco se refugió en Mé­xico. Fue esencialmente poeta y orador.

Entre sus discursos, se recuerda especial­mente el que pronunció en el Panteón Na­cional de Caracas el 14 de febrero de 1946, con motivo del traslado de los restos del poeta Juan Antonio Pérez Bonalde, acerca de la poesía venezolana. Como poeta, arran­ca del modernismo para atravesar las fra­gosidades de diversos ismos posteriores y llegar al lirismo de raíz folklórica (v. Poe­sías).

Fue premiado en el Concurso Hispa­noamericano de Poesía convocado por la Real Academia de la Lengua (Madrid) por su poema Canto a España (1923). Durante su destierro en México, escribió una sentida elegía a la muerte de su madre, titulada A un año de tu luz.

Intentó el teatro (Abi­gail), cultivó la prosa en Vargas, albacea de la angustia y Navegación de altura, y pu­blicó en la prensa periódica gran número de artículos políticos y de crítica literaria. El mundo de color siente una especial vene­ración por el poeta de Píntame angelitos negros.

J. Sapiña

William Blake

Nació el 28 de noviembre de 1757 en Londres, donde m. el 21 de agos­to de 1827. Su padre era calcetero, y parece haber pertenecido a una secta de seguido­res de Swedenborg (v.). En 1771 Blake empezó a trabajar como aprendiz con el grabador James Bazire; en 1780 conoció al rígido y frío escultor neoclásico John Flaxman, de quien aprendió el gusto por la seguridad y la precisión de contornos en el dibujo.

Du­rante la primera época de su vida, que llega hasta su matrimonio (1782) con Catherine Boucher, la cual revelóse para él una espo­sa ideal, y la publicación de los Poetical Sketches (1783), inicióse en la poesía y las artes plásticas; estudió a los artistas grie­gos, a Rafael, a Durero y sobre todo a Mi­guel Ángel, al que, incapaz de asimilar en su potencia creadora y volumétrica, tradujo en términos lineales, con lo cual se apro­ximó inconscientemente al juego curvilíneo de los miniaturistas célticos.

Participaba también de su gran entusiasmo por el famoso escultor, el pintor suizo H. Fuseli (Füssli), que se estableció en Inglaterra en 1779, fue conservador de la Royal Academy e influyó indudablemente en Blake Éste, por otra parte, experimentó, además, la influen­cia del gótico, y copió los monumentos se­pulcrales de la abadía de Westminster y de otros templos antiguos.

Flaxman le intro­dujo en la tertulia de Mrs. Mathew, donde fueron también apreciadas sus cualidades de poeta. Componía ya versos desde 1768- 69, y, aun cuando no estudios regulares, sí había realizado amplias lecturas: Shakes­peare, Milton, la Biblia y Ossian.

Inspirá­base en el estilo de la época isabelina, y no ocultaba su desprecio por la afectación y los primores de los poetas barrocos. En 1783 fueron impresos, a expensas de Flaxman y del Rdo. Henry Mathew, los Poetical Sketches; pero la gestión de estos mecenas debió de resultar poco grata al autor, ya por las palabras de condescendiente protección an­tepuestas por Mathew o bien a causa del mismo vocablo sketches (al que Blake daba un sentido peyorativo) del título, acerca del cual no había sido consultado el poeta.

A éste, que ni tan sólo pudo revisar las prue­bas, le fue entregada toda la edición para que dispusiese de ella a su gusto; Blake limi­tóse a distribuir algunos ejemplares de la obra a varios amigos, y no habló ya más del libro.

La segunda etapa de su vida (1783- 1803) comprende la maduración de su arte poético y pictórico. En 1784 abrió un nego­cio de grabados, que mantuvo hasta la muer­te de su hermano Robert; luego trabajó para otros: primero con Thomas Butts, quien le ayudó generosamente y fue siempre amigo suyo, y, más tarde (1800), junto a William Hayly, noble que se jactaba de poeta y me­cenas y que asignó a Blake como residencia un «cottage» en Felpham, en el litoral de Sus- sex, donde nuestro autor pasó tres plácidos años y compuso algunos versos que figuran entre los más deliciosos y abstrusos de su producción. Desde 1793 a 1800 vivió en Lambeth, suburbio de Londres.

En su última época (1803-27), pasada en esta capital, re­veló en poesía una extravagancia creciente, seguida por veinte años de silencio casi ininterrumpido y un pleno afianzamiento como artista. En Londres cayó primeramen­te en manos de Richard Cromek, quien lo explotó.

Luego, tras la ruptura con éste, trabajó con John Linnell (1813), pintor de paisajes y el mejor de sus patronos; para él grabó Inventions on the Book of Job, su obra maestra, y algunas ilustraciones para la Divina Comedia. En los últimos años de su existencia se vio rodeado por un círculo de amigos y discípulos.

Estos acontecimien­tos externos no permiten reconstruir el ca­rácter extraordinario de Blake, muy irritable y capaz de dar tanta importancia a una cuestión privada como para llevarla a los libros donde el problema adquiría grandes proporciones; revolucionario en teoría (que­dó intensamente impresionado por las revo­luciones de América y Francia) y adversario de los soberanos y las leyes, manifestaba una índole violenta, incluso a través de su aspecto físico: de escasa talla, y con anchos hombros cuadrados y una gran cabeza auto­ritaria, poseía el tipo de los hombres de la Revolución francesa.

Por otra parte, era impresionable y sincero, poseía el entusias­mo y el sentido de la inocencia propios de un eterno muchacho o de un primitivo; juzgaba realidades materiales las creacio­nes de su viva imaginación: así, el aconte­cimiento más notable de su vida hubo de ser la visión de gran número de ángeles sobre un árbol; Blake contaba entonces diez años escasos, y, en adelante, tuvo coloquios con profetas y santos encamados. La lec­tura de textos de literatura mística y ocul­tista le afianzó en sus creencias sobre el valor de su experiencia de visionario.

Su idea cardinal llegó a ser la desconfianza absoluta en el testimonio de los sentidos; para Blake, éstos suponen barreras que se inter­ponen entre el alma y la verdadera sabi­duría y el goce de la eternidad. Al negar el mundo sensible no veía las cosas como aparecen, sino únicamente los tipos y las ideas eternas y más reales que aquellas mismas: no los corderos, sino el Cordero, ni los tigres, antes bien el Tigre.

Tales ar­quetipos se presentaban a sus ojos con un relieve particular, que dio lugar a la ma­nera exaltada de sus grabados. Como ar­tista, por tanto, Blake resulta un típico «manierista», en la línea de Fuseli: en él se realiza la disolución de las formas clásicas, y ello sin que se haya llegado todavía al nuevo equilibrio romántico. La mayor parte de los escritos de este autor fue publicada en una forma que él mismo inventó y empezó a emplear hacia 1788.

Con arreglo a este método de illuminated printing (impresión miniada), el texto y sus ilustraciones eran trasladados en sentido inverso encima de planchas de cobre con una sustancia no al­terable por la acción de los ácidos (una especie de barniz); luego éstas eran graba­das como un aguafuerte hasta que, por último, toda la ilustración adquiría relieve.

Después se obtenían con ello los grabados, que más tarde el artista iluminaba delica­damente a la acuarela, con lo cual cada una de las copias poseía una individualidad pro­pia. Hacia 1793, Blake introdujo una modifica­ción en el procedimiento original: el «wood­cutting on copper» (talla sobre cobre), em­pleado junto con el otro método en casi todas las obras impresas a partir de aquella fecha.

En tal sistema la plancha era recu­bierta al principio con un fondo; las partes que habían de ser grabadas, o sea los con­tornos del dibujo, eran sacadas con un ins­trumento puntiagudo; luego se quitaba el fondo en el espacio destinado al texto, que era llevado sobre el metal como en el otro procedimiento y, finalmente, se grababa todo el cobre mediante el ácido. Sólo en algunas de las obras de Blake se utilizó el mé­todo corriente de grabado.

La personalidad de nuestro autor resultaba demasiado ex­cepcional para que pudiera ser incluida en la tradición inglesa y hacer escuela (siquie­ra en pintura tuviese algún seguidor, como Samuel Palmer). Con todo, desde su reva­lidación en 1863 por obra de los prerrafaelistas, conoció una amplia fortuna póstuma. Como poeta, Las bodas del cielo y del infierno (v.) es su obra más divulgada. Revela una clara influencia de Swedenborg, y es una mezcla de visiones apocalípticas y de aforismos sibilinos.

M. Praz

Robert Blair

Nació en Edimburgo en 1699 y m. en Athelstaneford el 4 de febrero de 1746. Estudió en la Universidad de su ciu­dad natal y en Holanda, y en 1731 obtuvo el beneficio eclesiástico de Athelstaneford, donde vivió durante el resto de sus días; allí se dedicó a estudiar la poesía inglesa y a su pasatiempo favorito: la jardinería.

Blair es notable como autor de un célebre poema, La tumba (1743, v.), que alcanzó tina gran popularidad, singularmente en Escocia, y fue ilustrado por William Blake. Nada más publicó en el curso de su vida, a excepción de algunos versos carentes de interés.

M. Colombi Guidotti

Jean-Jòseph-Louis Blanc

Nació el 29 de octubre de 1811 en Madrid, m. el 6 de di­ciembre de 1882 en Cannes; realizó los es­tudios de derecho en el Colegio de Rodez y en París, en medio de grandes estreche­ces económicas, y fue durante algún tiem­po maestro en Arras, donde obtuvo algunos premios literarios.

Pero prevaleció en él la pasión política y social, juntamente con el estudio de la Revolución y de sus filósofos, de los cuales, como de los primeros teóri­cos del socialismo, derivaron las ideas de la obra De la organización del trabajo (v.). Colaboró en varios diarios de tendencia re­publicana, fundando él mismo la Revue du Pro grès, tomó parte en los movimientos obreros contra el paro y escribió, con su Historia de diez años (1830-Í840, v.), ima violenta requisitoria contra la monarquía de Luis Felipe.

La revolución de 1848 le proporcionó un medio de intentar, como mi­nistro del gobierno provisional, la realiza­ción práctica de sus proyectos de naciona­lización de los grandes organismos económi­cos (Banca, ferrocarriles, fábricas, etc.), me­diante una Comisión del Trabajo, de la que debían formar parte las representaciones obreras junto con los delegados patronales.

Pero los elementos burgueses del gobierno, como Lamartine, no estaban dispuestos a tales cambios, para los que en realidad no estaban maduros los tiempos; el fracaso de los proyectos de Blanc provocó, por parte de los obreros, actos de violencia, que él trató de calmar con peligro de su vida.

Pero acu­sado de haberlos atizado, se vio obligado a huir cuando sobrevino la reacción, y de­nunció en el Llamamniento a la gente hon­rada (v.) la traición hecha a la revolución, mientras se abatía sobre él la pena de de­portación dictada por el tribunal de Bour­ges el día 7 de marzo de 1849. Exilado en Inglaterra, donde contrajo matrimonio, se dedicó a la redacción de una Histoire de la Révolution française y envió a Le Temps las Lettres sur l’Angleterre, reunidas des­pués con el título Dix ans de l’histoire de l’Angleterre (1879-81).

Vuelto a Francia des­pués de Sédan y elegido diputado de la Asamblea Nacional en febrero del 71, apoyó la defensa de París, aun siendo contrario a la Commune y propugnando llegar a un acuerdo con el gobierno de Versalles. Dipu­tado del Sena en 1871, combatió siempre a los conservadores, pero no se adhirió a la extrema izquierda, añadiendo a los postu­lados radicales los socalistas, antes de que se llegara, con Jaurès, a la formación de un partido socialista distinto.

Entre sus res­tantes obras figuran: La Révolution de Fé­vrier au Luxembourg (1848), Le socialisme. Droit et travail (1849), Catéchisme des so­cialistes (1849), Histoire de la Révolution de 1848 (1870), Questions d’aujourd’hui et de demain (1873-74), Histoire de la Constitu­tion du 25 février (1875), Ce qu’étaient au­trefois les confréries ouvrières (1878).

P. Onnis

Joseph Black

Químico-físico irlandés. Nació en Burdeos en 1728, m. en Edimburgo en 1799. Fue profesor de anatomía y química en Glasgow; luego pasó a Edimburgo (1766), donde enseñó química.

Prosiguiendo los ex­perimentos de Van Helmont estudió a fondo las propiedades del ácido carbónico, y su clásico trabajo Experimentos sobre la mag­nesia blanca, la cal viva y otras sustancias alcalinas (1777, V.) lo sitúa entre los gran­des físico-químicos, desde Priestley a Volta, que en la segunda mitad del siglo XVIII prepararon y acompañaron la fundamental reforma de Lavoisier.

En termología se le debe la noción esencial del calor latente en los cambios de estado. Según Black, el calor era una especie de sustancia que se unía o separaba de las demás, formando casi com­binaciones químicas.