Nació en 1872 en Radi (Volinia) y m. en 1934 en un hospital de Viena. Hasta los cinco o seis años vivió en su nativo «pueblo tranquilo rodeado de bosques y bajo un cielo sin límites»; luego trasladóse con su familia a un suburbio de Jitomir, donde poco después falleció su padre.
Por esta razón, el muchacho fue confiado al abuelo. Estudió en la célebre escuela talmúdica de Vologin, aun cuando soñara con horizontes más amplios para su espíritu inquieto y su cultura; allí reveló su inspiración poética y la nostalgia de Sión.
En 1892 se hallaba en Odessa, donde habitaban algunos de los mejores escritores hebreos; en esta ciudad vivió dando lecciones particulares y entre las dificultades de una existencia errante cuyo único consuelo fue la poesía.
Los años comprendidos entre 1900 y 1907 constituyeron el período más fecundo de su producción. Sin que le afectaran las vicisitudes de la primera guerra mundial y de la revolución rusa, en 1921, gracias a la intervención de Maksim Gorki, obtuvo de Lenin el permiso para salir de Rusia y luego de residir durante algún tiempo en alemania, en 1924 marchó a Palestina.
Bjalik ha sido el mayor poeta hebreo de nuestros tiempos. Cantó en su poesía su miseria personal y la de su pueblo, así como la naturaleza libre y alegre y las lágrimas de los tristes ghettos europeos; rebelóse contra la resignación de sus hermanos de la diáspora, que inclinaban místicamente la cabeza y el espíritu ante la esclavitud y la intolerancia, ensalzó el heroísmo de antaño y soñó en un resurgimiento nacional.
Bjalik aparece como poeta original y esencialmente hebreo, inmune a las influencias extranjeras que, por el contrario, se dan en el otro gran autor poético Cheminikhovski (v.); aun cuando moderno, permanece vinculado, incluso desde el punto de vista lingüístico, a la tradición bíblica, y, siquiera nacional, es también, al mismo tiempo, universal por la conciencia humana y religiosa que alienta en su poesía. Hasta en el amor, que suele presentar como una pasión platónica y espiritual, resulta un poeta melancólico.
En Los muertos del desierto (1902) exaltó las gestas viriles de los antepasados y las esperanzas suscitadas por los intentos llevados a cabo por los nuevos colonos de Palestina para volver a la antigua tierra (A la golondrina, 1891; Saludo al pueblo, 1894; Pequeña epístola de la diáspora a un hermano de Sión, 1894).
Bjalik fue también maestro en la «prosa breve», cual demuestran sus cuentos sutiles, sus humildes relatos de ambiente rural con figuras cómicas y realistas, sus narraciones fantásticas a la manera oriental, sus frescos humorísticos sobre temas de las antiguas leyendas hebraicas y sus ensayos de crítica literaria y lingüística.
Tradujo al hebreo Guillermo Tell, de Schiller; Don Quijote, de Cervantes, y un acto de Julio César, de Shakespeare. Además, compiló una famosa antología de la Haggadah (leyendas, fantasías, sentencias morales, apólogos y folklore del antiguo Israel), y fundó y dirigió durante muchos años una de las editoriales hebraicas más modernas: la casa Devir.
D. Lattes

