Memorias de mi Vida Pasada, George Moore

[Memoire of my Dead Life]. Recuerdos auto­biográficos del escritor inglés George Moore (1852-1933), publicados en Londres en 1906. Es una de las pocas obras publicadas por Moore durante el decenio de su permanen­cia en Irlanda (1901-1910), que señaló un momento muy importante en su carrera li­teraria. Sin obedecer a un plan minuciosa­mente ordenado, el autor evoca los años juveniles de su permanencia en Francia y los primeros de su vuelta a Inglaterra. So­bre el período parisiense había escrito ya un libro, Confesiones de un joven (v.), don­de el elemento biográfico está mezclado con influencias literarias que, aunque destina­das a persistir en él, se encontraban entonces en la fase inicial de afición por los decadentes franceses. En las Memorias de mi vida pasada, Moore ha encontrado su equilibrio, reconociendo y reforzando la parte más auténtica de su personalidad; puede contemplar los recuerdos con una claridad y una indiferencia que se traducen en el carácter impresionista del relato y en una selección de destellos y episodios bas­tante mejores, como gusto y como narra­ción, que los que se encuentran en las Confesiones.

Ya evoque una mañana de domingo en Londres, o los chiquillos del jardín del Temple, o los mendigos de Drury Lane, o una criada del Barrio Latino de París, u otros tipos y casos de su vida, al­canza, en muchos momentos felices, una plena agilidad narrativa y sabe mantener un interés a menudo irresistible. La vena de escritor autobiográfico que, junto al no­velista, perduró siempre activa en Moore, desde las Confesiones y desde estas Memo­rias hasta Salutación y despedida (v.) y las Conversaciones en Ebury Street, demuestra, al pasar el tiempo, que era la parte mejor y más perdurable de su obra; y de dicha vena las Memorias de mi vida pasada son una de las expresiones de mayor valor in­trínseco.

R. Barocas

Memorias de mi Carrera, Ferenc Kazinczy

[Pályám emlékezete]. Autobiografía del escritor hún­garo Ferenc Kazinczy (1759-1831). Kazinczy participa del movimiento que se pro­ponía enriquecer la lengua húngara, y ha­cer más dúctil y fino su estilo literario. Trataba también de aumentar el valor de la literatura magiar y modernizarla bajo la influencia de los poetas occidentales y de los clásicos antiguos. Además de sus re­cuerdos y estudios juveniles (una de sus mejores páginas es la escena en que Ka­zinczy pide la mano de su futura mujer), el volumen trata de dichas tentativas, y es indispensable para el conocimiento de las condiciones sociales, culturales y políti­cas de la época. Kazinczy se encontró en­vuelto en la conjuración del abate Ignacio Martinovics, sobre el que había influido mucho la Revolución francesa. Los jefes de aquellos soñadores de un nuevo orden so­cial fueron ajusticiados y Kazinczy encar­celado. El terror del gobierno por las ideas revolucionarias lo mantuvo en la cárcel durante siete años, y la mayor tortura para el hombre de acción, para el poeta ator­mentado por la fiebre de la actividad, fue que, durante los primeros años de cárcel, no se le permitió leer ningún libro. Después de la liberación, Kazinczy, con las innume­rables cartas escritas desde su casa de provincias, se convirtió en el verdadero centro de la vida literaria húngara.

M. Benedek

Memorias de Matemáticas y Física Matemática, Vito Volterra

La impo­nente obra científica de Vito Volterra (1860- 1940) comienza con una memoria de análisis puro, escrita (1881) cuando todavía era alumno de la Escuela Normal Superior de Pisa, y en ella se observa la beneficiosa influencia de aquel gran maestro que fue Ulisse Dini.

Poco después recibió la no me­nos beneficiosa de Enrico Betti, gracias a la cual dedicó una gran parte de sus ener­gías a la aplicación del análisis a los fe­nómenos naturales, a la mecánica y a la física matemática, hasta conseguir inves­tigar por vez primera un fenómeno del campo de la zoología. Como analista ocupa un puesto eminente en la historia de las matemáticas, en cuanto creador de nuevas teorías fundamentales como la de las ecua­ciones integrales e íntegro-diferenciales y de las funciones lineales o funcionales, a las que se debe añadir la extensión de la teoría de Riemann sobre las funciones de variables complejas. En la teoría de la elasticidad introdujo nuevas y fecundas vi­siones que hicieron posible la comproba­ción experimental de algunos resultados y la aplicación a algunas cuestiones de uti­lidad pública. Es famosa una de sus me­morias, dedicada a la propagación de la luz en los medios birrefringentes, que vino a establecer una teoría completamente nue­va en sustitución de la profesada por ilus­tres geómetras discípulos de Lamé. Tam­bién es completamente nueva la introduc­ción en la mecánica del concepto de los fenómenos hereditarios, tema que le inte­resó hasta el fin de su vida, como se ha demostrado por la comunicación presentada ante la Academia Pontificia, pocos meses antes de su muerte.

No deben ser olvidados los escritos relativos al estudio del planeta en que vivimos y, en particular, a los fe­nómenos de la variación de la latitud y al movimiento del polo terrestre. Pertenecen al período de su plena madurez científica (años 1926 y siguientes) los estudios, que fue el primero en realizar con éxito com­pleto, acerca de la aplicación de las teorías matemáticas más elevadas a una rama de las ciencias naturales; así creó la teoría analítica de la lucha por la existencia, que le aseguró un lugar como fundador de la dinámica biológica. Finalmente debe seña­larse que algunas de sus ideas proporcio­naron motivo para exposiciones especiales, que él llevó a cabo; merecen recordarse, entre otras, las siguientes: Leçons sur la composition et les fonctions permutables, Leçons sur les fonctions des lignes, Leçons sur les équations integrales y Opérations infinitésimales linéaires .(en colaboración con B. Hestinski). Una exposición completa de las ideas analíticas y de los métodos re­lativos debía quedar contenida en la obra, en tres volúmenes, Théorie générale des fonctionnelles, proyectada por Volterra con la ayuda del matemático francés J. Pères, que la muerte del autor dejó interrumpida en el primer volumen.

G. Loria

 

Memorias de mi Vida, Santiago Ramón y Cajal

El autor, Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), comienza sus Memorias fijando el día de su nacimien­to, primero de mayo de 1852, en Petilla de Aragón, humilde lugar de Navarra, encla­vado, por singular capricho geográfico, en medio de la provincia de Zaragoza, no lejos de Sos. Hijo de un médico cirujano, sólo dos años de su infancia transcurren en el citado pueblo; el resto de su tierna edad se desarrolla en Larrés, pueblo natal de su progenitor. Los recuerdos de su infancia y de su juventud, así como de la madurez de su vida y de su gloriosa ancianidad, son motivo de que el autor exponga ante el lector el ejemplo de una vocación, de una laboriosidad y de una modestia verdadera­mente admirables y ejemplares. Vida rica en ejercicio de humanidad consecuente a sus más nobles principios, entregada a la investigación y al hogar, después de cono­cer los tristes años y las aún más tristes dolencias de aquella desesperada campaña de Ultramar, la existencia del sabio his­tólogo* español, admiración de propios y extraños, es un cauce que llena la más pura esencia humana. Amante del arte de contar sus propias experiencias, el glorioso Ramón y Cajal nos ha legado con sus Me­morias viva enseñanza digna de seguirse.

C. Conde

Memorias de Madame de Genlis, Madeleine-Félicité Du Crest de Saint-Aubin

En diez volúmenes, llenos de anécdotas y des­cripciones, las Memorias inéditas sobre el siglo XVIII y sobre la Revolución [Mémoi­res inédits sur le XVIIIe siècle et sur la Révolution], de Madeleine-Félicité Du Crest de Saint-Aubin, condesa de Genlis (1746-1830), se publicaron en Paris en 1825, y despertaron interés como > documento de «fin de siglo»; sobre todo en tiempos más recientes, debido a una selección realizada en 1897 por Madame Carette, née Bouvet, en una colección de memorias y escritos de mujeres francesas de los siglos XVII-XIX para jóvenes, que ha exhumado las par­tes más vivas o al menos más caracte­rísticas.

Vida compleja, pero pobre en acontecimientos, es la de Madame de Genlis; bastante significativo es el viaje hecho a París con los jóvenes príncipes de Orléans (entre ellos el futuro Luis Felipe), cuya educación le había sido confiada, para asistir el 14 de julio de 1798 a la toma de la Bastilla. En realidad, su afiliación a las nuevas ideas contra las pretensiones de la nobleza legitimista o reaccionaria, debida sobre todo al influjo de sus lecturas filo­sóficas, le atrajo en la Corte la frialdad de María Antonieta, y luego, sobre todo por su relación con el duque de Orléans, pa­dre de sus alumnos, será inducida a conce­bir como primer deber suyo el de iluminar las mentes de los jóvenes con todos los me­dios del arte.

Cuanto podía tener de prácti­co la pedagogía de Rousseau (v. Emilio), Madame de Genlis trató de realizarlo en las tareas de su incumbencia; entre lecturas y juegos, fragmentos de vida cotidiana y me­ditaciones morales, ella educó a los jóvenes en la seriedad, en el trabajo y en el sa­crificio. Sus estudios contribuyeron a vigo­rizar, en los años de emigración, la senci­llez de vida que hizo aceptable la Casa de Orléans a la sociedad francesa, preparando el terreno para su elevación al trono; tanto más cuanto que los príncipes huérfanos de Felipe «Igualdad», trágicamente desaparecido en la Revolución, lo mismo que el marido de la escritora, hubieron de sufrir el odio de los nobles en exilio. A su regreso a Francia, Madame de Genlis debió ayudar­se con sus actividades de escritora, que ya le habían sostenido en el exterior. Pero po­co a poco, en el ambiente francés, trató de crearse un círculo, considerando la historia y la sociedad contemporánea según sus amistades o enemistades, a veces hasta con acrimonia o ligereza.

En sus Memorias, la escritora intenta presentar la narración fiel de la época en que vivió y también una sutil exaltación de su propia actividad li­teraria : desde su educación «extraordinaria», desarrollada entre los encantos de la naturaleza, a los primeros estudios, las re­citaciones juveniles, su boda con el conde de Genlis — después marqués de Sillery — y su viva actividad de escritora. Todo sirve para poner de relieve un carácter exube­rante e instintivo, que debía encontrar en las efusiones de sus varias novelas las ma­nifestaciones más singulares. De aconteci­miento en acontecimiento, la condesa pue­bla sus recuerdos de figurillas, sobre todo de figuras del mundo de la nobleza, de ob­servaciones y de quejas: al lado de las observaciones precisas, se encuentran las habladurías, las palabras malignas, los ra­zonamientos capciosos debidos al prejuicio. De todos modos, en esta extensa narración halló la escritora un desahogo y un medio de confesión mucho más eficaz que en sus novelas.

C. Cordié