Memorias de Madame de Genlis, Madeleine-Félicité Du Crest de Saint-Aubin

En diez volúmenes, llenos de anécdotas y des­cripciones, las Memorias inéditas sobre el siglo XVIII y sobre la Revolución [Mémoi­res inédits sur le XVIIIe siècle et sur la Révolution], de Madeleine-Félicité Du Crest de Saint-Aubin, condesa de Genlis (1746-1830), se publicaron en Paris en 1825, y despertaron interés como > documento de «fin de siglo»; sobre todo en tiempos más recientes, debido a una selección realizada en 1897 por Madame Carette, née Bouvet, en una colección de memorias y escritos de mujeres francesas de los siglos XVII-XIX para jóvenes, que ha exhumado las par­tes más vivas o al menos más caracte­rísticas.

Vida compleja, pero pobre en acontecimientos, es la de Madame de Genlis; bastante significativo es el viaje hecho a París con los jóvenes príncipes de Orléans (entre ellos el futuro Luis Felipe), cuya educación le había sido confiada, para asistir el 14 de julio de 1798 a la toma de la Bastilla. En realidad, su afiliación a las nuevas ideas contra las pretensiones de la nobleza legitimista o reaccionaria, debida sobre todo al influjo de sus lecturas filo­sóficas, le atrajo en la Corte la frialdad de María Antonieta, y luego, sobre todo por su relación con el duque de Orléans, pa­dre de sus alumnos, será inducida a conce­bir como primer deber suyo el de iluminar las mentes de los jóvenes con todos los me­dios del arte.

Cuanto podía tener de prácti­co la pedagogía de Rousseau (v. Emilio), Madame de Genlis trató de realizarlo en las tareas de su incumbencia; entre lecturas y juegos, fragmentos de vida cotidiana y me­ditaciones morales, ella educó a los jóvenes en la seriedad, en el trabajo y en el sa­crificio. Sus estudios contribuyeron a vigo­rizar, en los años de emigración, la senci­llez de vida que hizo aceptable la Casa de Orléans a la sociedad francesa, preparando el terreno para su elevación al trono; tanto más cuanto que los príncipes huérfanos de Felipe «Igualdad», trágicamente desaparecido en la Revolución, lo mismo que el marido de la escritora, hubieron de sufrir el odio de los nobles en exilio. A su regreso a Francia, Madame de Genlis debió ayudar­se con sus actividades de escritora, que ya le habían sostenido en el exterior. Pero po­co a poco, en el ambiente francés, trató de crearse un círculo, considerando la historia y la sociedad contemporánea según sus amistades o enemistades, a veces hasta con acrimonia o ligereza.

En sus Memorias, la escritora intenta presentar la narración fiel de la época en que vivió y también una sutil exaltación de su propia actividad li­teraria : desde su educación «extraordinaria», desarrollada entre los encantos de la naturaleza, a los primeros estudios, las re­citaciones juveniles, su boda con el conde de Genlis — después marqués de Sillery — y su viva actividad de escritora. Todo sirve para poner de relieve un carácter exube­rante e instintivo, que debía encontrar en las efusiones de sus varias novelas las ma­nifestaciones más singulares. De aconteci­miento en acontecimiento, la condesa pue­bla sus recuerdos de figurillas, sobre todo de figuras del mundo de la nobleza, de ob­servaciones y de quejas: al lado de las observaciones precisas, se encuentran las habladurías, las palabras malignas, los ra­zonamientos capciosos debidos al prejuicio. De todos modos, en esta extensa narración halló la escritora un desahogo y un medio de confesión mucho más eficaz que en sus novelas.

C. Cordié