[Allgemeine Metaphysik nebst den Anfängen der philosophischen Naturlehre]. Obra de Johann Friedrich Herbart (1776-1841), publicada en Königsberg en dos partes (1828-1829).
La metafísica es, según Herbart, la «ciencia de la comprensibilidad de la experiencia»; debe hacer lógicamente pensables las ideas que nos son impuestas por la experiencia. Ésta, de por sí, es incierta, confusa y contradictoria y la primera señal de la disposición filosófica es la reflexión dubitante, o escepsis, en cuanto a los conceptos fundamentales ofrecidos por la experiencia. Los conceptos que, por su carácter contradictorio, deben ser corregidos son: el concepto de la cosa con multiplicidad de notas, y el concepto de la materia que llena el espacio. En el primero, que es el concepto de la «sustancia» o de la «inherencia», la contradicción consiste en el hecho de que lo múltiple (las notas) es idéntico con lo uno (la sustancia) y al mismo tiempo no lo es. El problema del «cambio» tropieza con dos dificultades: una que deriva de admitir una causa del cambio, otra de no admitir ninguna. El problema del Yo reúne en sí las contradicciones precedentes, la de lo múltiple en lo uno, y las del cambio. El Yo, pues, posee en su más alto grado la característica que hace necesaria la especulación; la de contradecirse a sí mismo. El último concepto que es menester corregir es de la «materia». Cuando decimos materia, entendemos lo extenso que llena el espacio.
Y aquí surgen entonces nuevas contradicciones. Decir extenso significa decir: ocupar muchos lugares del espacio al mismo tiempo; es decir, que lo extenso se extiende sobre muchos puntos del espacio separados entre sí. De este modo lo uno resulta múltiple. Además, la materia es pensada como divisible al infinito porque cada parte de ella ha de tener una extensión y, por lo tanto, ser divisible. Así toda parte «finita» de la materia contiene en realidad una infinidad de entes. La solución de todas las contradicciones ahora expuestas se obtiene mediante la aplicación de un método al que Herbart llama «método de las referencias» y consiste en sustituir la unidad múltiple o la multiplicidad única, que es el dato contradictorio, por una multiplicidad de sustancias simples a las que él llama «reales» (de donde el nombre de «realismo» dado a la filosofía de Herbart), cualitativamente diversas e inmutables. La razón de la con» tradicción no está en la realidad por sí misma, sino en la «relación» en que es puesta por la experiencia. Esta relación no es esencial respecto a la realidad en sí misma; es un punto de vista «casual, accidental», la apariencia que remite al ser puro o real. En este mundo de seres perfectamente simples, que no devienen, no cambian, no pueden ser aumentados ni disminuidos, y están sometidos a la rígida ley de la identidad, nada puede ocurrir en sentido estricto.
Sólo con la ayuda de una comparación sacada del mundo material, se podría hablar de una «presión» y de una «contrapresión» que ejercen unos sobre otros. Es decir, cada sustancia tendería a perturbar a la otra, si ésta, a esa «perturbación», no opusiera un acto de «auto conservación». Perturbaciones y autoconservaciones constituyen todo lo que nos es dado saber de las cosas «reales». Con el método de las relaciones y la consiguiente teoría de las cosas reales, el problema de la sustancia y de la inherencia queda resuelto en el sentido de que no se debe hablar de una sola sustancia y de muchas propiedades, sino de muchas sustancias; así, cuando se .dice un cuerpo duro, blanco, etc., esto significa propiamente que un cuerpo está en relación con otro cuerpo que quiere entrar en el espacio ocupado, por él, o con la luz que él refleja, a lo que responden, en el mundo inteligible, determinados actos de autoconservación y de perturbación procedentes de aquellas realidades determinadas. En cuanto al problema del Yo, es resuelto considerándolo como una aglomeración de notas, en el fondo de las cuales está la sustancia; el Yo, en suma, cae, desde este punto de vista, bajo el concepto lógico de un problema más elevado, el de la inherencia. Resuelto con el método de las relaciones, este problema conduce a considerar las representaciones, y por lo tanto el Yo, como inherentes a una sustancia, el alma.
En fin, la idea de lo continuo, de la materia que llena el espacio y el tiempo, no pertenece a la realidad, si ésta está constituida por seres simples: la continuidad es introducida por nuestro pensamiento, el cual puede siempre intercalar un tercer punto entre dos puntos del espacio (y también del tiempo),tan cercanos unos de otros como se quiera, mientras la propiedad primitiva de la representación de la extensión es la exterioridad respectiva de las partes y el espacio inteligible de las realidades está constituido por los lugares yuxtapuestos de los seres simples. Como esfuerzo para explicar la realidad remitiéndose a las formas tradicionales de la especulación y oponiéndose especialmente a las novedades introducidas por Fichte y Schelling, la Metafísica de Herbart, que él con razón consideraba como su obra maestra, posee gran valor histórico, y tal vez también un valor actual no menor, para el adiestramiento del espíritu en plantearse en todo su rigor las dificultades del pensamiento, afrontándolas todas con método, sin eliminarlas dogmáticamente.
A. Saloni
