[Les mystères de Paris]. Novela de Eugène Sue (1804-1857), una de las primeras del género de folletín, publicada en 1842-43 en el «Journal des Débats» y en 10 volúmenes. María, una muchacha educada por una arpía y obligada a la prostitución, encuentra un protector en Rodolfo, Gran Duque alemán disfrazado de obrero, que frecuenta los bajos fondos para socorrer miserias, redimir almas y vengar delitos, en expiación de una antigua culpa.
La muchacha, salvada por su protector, cae varias veces en manos de sus perseguidores hasta que se descubre que es hija de Rodolfo; pero, no pudiendo sustraerse al recuerdo del pasado ni entre los honores de la corte de Gerolstein, renuncia al matrimonio con el hombre amado, se hace monja y muere al poco tiempo. Una multitud de personajes (la pareja criminal formada por la Lechuza y el Maestro de Escuela (v.), el asesino arrepentido y generoso llamado el Acuchillador, el siniestro y lujurioso notario Ferrand, de dureza y avaricia típicamente burguesas, el obrero Morel, símbolo de la laboriosidad honrada oprimida por la miseria y la injusticia, el proverbial portero Pipelet (v.), etc.), y una serie de complicadísimas aventuras evocan los ambientes más sombríos y presentan las depravaciones y los delitos más monstruosos, seguidos al fin por una edificante redención y el justo castigo. Precedido por las Noches de París de Restif de la Bretonne, por Balzac y Soulié en la representación del crimen, por la Sand en el contenido humanitario, Sue hace una síntesis de los motivos de la novela social, pero introduce por primera vez en ella la representación realista de las miserias del pueblo y la crítica deliberada de las instituciones, haciéndose eco de las corrientes humanitarias y socialistas de moda después de 1840.
Los misterios de París consiguieron por ello uno de los éxitos literarios más clamorosos; primera afirmación del género que alcanzará, veinte años después, su más alta expresión artística en los Miserables (v.). Émulo de Balzac, sin alcanzar nunca la complejidad estilística ni la penetración psicológica de éste, Sue se anticipa también, en muchos aspectos, al realismo. La popularidad de Los misterios de París, imitados en prosas y versos de ocasión, en músicas, bailes, grabados, adaptaciones teatrales y cinematográficas, y en una innumerable serie de «Misterios» en Francia y fuera de ella, no ha sido todavía superada.
P. Onnis
