[De Mysteriis]. Obrita catequística de San Ambrosio, obispo de Milán (330?-397), escrita hacia el año 387 (la fecha no es segura). Tiene, como otras obras de San Ambrosio, orígenes oratorios y ofrece, aun no debiéndosela considerar entre las obras mayores del Santo, notable interés. Ambrosio se dirige en ella a los catecúmenos que han recibido ya el bautismo y la comunión para darles razón de los ritos en que han tomado parte, de los sacramentos que han recibido. No ha querido hacerlo antes, mientras ellos recorrían el ciclo de los «misterios», para dejar sus almas en pleno contacto con las emociones que acompañaban a su iniciación progresiva. Pero ahora que las ceremonias se han cumplido, San Ambrosio quiere explicarles el significado de los actos rituales que se han efectuado con ellos o en su presencia y subrayar todo el alcance de los compromisos que han contraído con su iniciación.
En todo acto o ademán que se ha cumplido, en toda materia que se ha utilizado, no hay que ver sólo su aspecto o su significado exterior: todo ello tiene un significado misterioso y una recóndita eficacia propia. En efecto, no debe creerse sólo en lo que se percibe con los ojos del cuerpo, debe creerse también en cosas no perceptibles corporalmente, puesto que lo que «se ve es efímero; pero lo que los ojos del cuerpo no perciben, lo que sólo por el alma, por el pensamiento puede ser, intuido, solamente esto es eterno. Y todo esto es instrumento de aquella regeneración moral de la cual los nuevos bautizados deberían para siempre guardar celosamente el recuerdo y los beneficios. Con este espíritu el autor pasa revista a los diversos ritos del bautismo, de la confirmación, de la comunión. En el último capítulo, el IX, que tiene por ello particular importancia historicodogmática, San Ambrosio explica, con sorprendente precisión y claridad, la noción de la conversión milagrosa de las especies en la Eucaristía, preparando así el terreno a la definición dogmática de la transustanciación. El escrito, sobre cuya autenticidad se han suscitado, sin razón, ciertas dudas, utiliza a menudo los escritos catequísticos de Dídimo el Ciego y, sobre todo, de Cirilo de Jerusalén.
M. Niccoli

