Niño Eyolf, Henrik Ibsen

[Lille Eyolf]. Drama del noruego Henrik Ibsen (1828-1906), es­crito en 1894, después de El Constructor Solness (v.). El escritor Alfredo Allmers ha decidido interrumpir su voluminosa obra sobre las Responsabilidades humanas, en la que trabaja desde hace tiempo, para dedi­carse por completo a la educación de su hijo único; el pequeño Eyolf, al que una caída dejó lisiado para siempre.

La esposa de Allmers, Rita, mujer de sensualidad sal­vaje, que querría al marido completamen­te para sí y que odia el trabajo que lo aparta de ella, ve ahora en el hijo un nuevo y más temible obstáculo a la satisfac­ción de su sed de amor. Pero precisamente mientras ella amenaza con traicionar al marido, y casi reniega de su maternidad, el pequeño Eyolf se ahoga en el fiord próximo. Marido y mujer se hallan ahora ante un continuo sucederse de acusaciones y con­fesiones despiadadas.

Su matrimonio fue una unión sin amor: he aquí la primera culpa, causa de las demás. En ella no hubo más que deseo sensual, como hasta hace un momento, y en él, ambición y deseo de bienestar material. Del hijo concebido por lujuria, Rita no se ocupó nunca, y Allmers se preocupó de él al perder la fe en su propio trabajo; el propósito de dedicarse a la educación del niño no era sino la tentativa de dar una nueva finalidad a su propia vida. El dolor y el remordimiento dominan sus almas. Allmers querría dejar a Rita y volver a vivir con Asta, la herma­nastra tiernamente amada que a sus ojos encarna el fervor y el candor de la adoles­cencia, pero no puede: Asta huye, porque, al descubrir que no lleva su misma sangre, tiene miedo de aquel amor que ha llenado toda su vida y al que no puede considerar fraterno.

Allmers quedará con Rita. La asistirá en la evolución que se realiza en ella, semejante al nacimiento de una exis­tencia más elevada; seguramente vendrán todavía días de alegría, y los espíritus de los seres que han perdido — Eyolf muerto y Asta lejana — estarán con ellos. Este drama, igual que La dama del mar (v.), es una tentativa para representar el proceso de purificación como iniciación de una nue­va vida. Pero también aquí, lo menos ade­cuado es precisamente la repentina «muta­ción» de Rita.

El drama, sin embargo, es más elevado que La dama del mar y tiene momentos magníficos.. Las escenas en las que Allmers y Rita se escrutan mutuamen­te, se acusan y se confiesan, pueden contar­se entre las más intensamente severas que Ibsen haya escrito nunca. [Trad. española de José Farrán y Mayoral (Barcelona, 1905); de Pedro Pellicena Camacho en Teatro com­pleto, tomo XII (Madrid, 1922) y de E. Wasteson y M. C. Wirth en Teatro completo (Madrid) ].

G. Lanza

Las criaturas de Ibsen dicen en alta voz lo que apenas nos atrevemos a decir, y ra­ramente, dentro de nosotros mismos, y que muy a menudo susurra en nosotros sin que nos dignemos escuchar. (B. Croce)

Los Niños del Agua, Charles Kingsley

[The Water Babies]. Cuento para niños del escritor in­glés Charles Kingsley (1819-1875), publica­do en 1863, traducido a todos los idiomas y adaptado al cine (dibujos en color) por Walt Disney.

Sería error creer que el pe­queño deshollinador Tom, que nunca ha conocido a su madre y siempre ha sido mal­tratado por su cruel dueño Grimes, ha muerto ahogado en el río aquel día en que, seguido por perros y criados, huyó del cas­tillo donde vivía la bella y dulce niña Ellie. Tom había ido al río para beber y para lavarse y se había dormido en la dulce frescura del agua. Al despertar, se había dado cuenta que podía quedarse en el agua y que comprendía el lenguaje de las innumerables, criaturas que le rodea­ban.

Hubiera podido ser feliz, si no hu­biese atormentado a los animales más pe­queños que él, buscándose su enemistad. Pero tras llevar a cabo una buena acción con una langosta, encuentra un grupo de niños como él, los «niños del mar», que le enseñan a limpiar las ensenadas de la costa y le conducen hacia la isla de San Brandán, donde es recibido por la señora Hagancontigocomohiciste («Bedonebyasyoudid») y por la señora Hazcomoquisierastehicieranati («Doasyouwouldbydoneby»), muy fea y du­ra la primera, bellísima y dulce la segunda. Después de otras fechorías cometidas por el incorregible Tom, las dos hadas deciden proporcionarle una maestra que le enseñe a ser bueno.

Ésta no es otra que la pequeña Ellie, la cual todos los domingos se marcha al paraíso, haciendo surgir en el corazón de Tom un fuerte deseo de seguirla. Mas para ello es necesario que antes «vaya donde no le gusta, haga lo que no le guste, ayude a alguien que no quiera». Tom irá, pues, a El-otro-Lado-de-Ningún-Sitio («The-Other- End-of-Nowhere») y ayudará a Grimes. El viaje a la profundidad del mar es largo y lleno de terribles dificultades, pero llegado al término, Tom encuentra a Grimes me­tido hasta los hombros en una chimenea de donde no puede salir. Solamente la pie­dad que el hombre ve en los ojos del niño y advierte en sus palabras, le conmueven y se disuelve en llanto la dureza de su corazón.

Las lágrimas bajan por su rostro sucio de hollín y rompen la argamasa que lo tiene preso. Al lado de Tom ha surgido, mientras tanto, un hada; se parece primero a Hagancontigocomohiciste, luego se trans­forma en Hazcomoquisierastehicieranati, fi­nalmente toma el aspecto de una «mujer irlandesa» encontrada ya por Grimes y Tom en la tierra, que da a Grimes la tarea de limpiar el cráter del Vesubio, mientras Tom volverá por milagro a la isla de San Brandán. Aquí Ellie le ha esperado durante «centenares de años» y se ha hecho una mujer; y también Tom, al realizar «lo que no le gustaba hacer», se ha vuelto un hom­bre y ha conquistado el derecho de que- darse para siempre con Ellie, domingos incluidos.

Desgraciadamente, la intención didáctica de esta bella fábula está dema­siado clara en todo momento, haciendo pe­sada la narración. Sin embargo, y aunque falte, como en toda la obra de este escri­tor, aquel «sentido del humor» que es equi­librio y ligereza de toque, el cuento no tiene igual, en las fábulas de esta clase, por la riqueza de su fantasía.

L. Krasnick

El Niño en la Casa, Walter Pater

[The Child in the House]. Fantasía autobiográfica de Walter Pater (1839-1894), escrita en 1878 y pu­blicada en 1894. Analiza delicadamente el despertar de los sentimientos del niño, sus reacciones ante la belleza y ante la muer­te, las huellas que dejan en su sensibilidad la vista de un árbol florido, la pompa del culto religioso, etc. Es un minucioso aná­lisis interior lo que Pater nos presenta en este ensayo, e indica claramente el cami­no que más tarde seguirá Marcel Proust. Por su estilo mágicamente evocador, por el sobrio y púdico análisis psicológico (bien diferente de las devastadoras confesiones totales de otros autores más modernos), El niño en la casa es quizá la obra maestra de Pater.

M. Praz

El Niño en la Balaustrada, René Boylesve

[L’enfant á la balustrade]. Novela del francés René Boylesve (René Tardiveau, 1867-1926), publicada en 1903. Es una obra de fondo autobiográfico, narrada en primera perso­na, seguida de otra novela de menor inte­rés, El picotazo [La becquée], que habla de recuerdos de infancia y divaga sobre la vida del campo.

Un muchacho, Enrique, llamado Riquito [Riquet], después de haber estado con su abuela, retorna a la familia: el padre, el notario Nadaud, después de la viudez se ha casado de nuevo y no marcha de acuerdo con los parientes. Riquet sufre a causa de estas discordias, pero bien pron­to nuevos acontecimientos perturban su vida. El notario, ligado a las familias de la burguesía conservadora, sigue fiel a los ideales del Segundo Imperio, en tanto que en Beaumont, donde habita, las gentes sien­ten simpatía por los hombres nuevos y los agitadores políticos.

Se levantan murmura­ciones cuando se sabe que ha adquirido una de las más hermosas casas del pueblo, la de la vieja Colivant; a la muerte de ésta, la casa será suya. Diversas familias del lugar se coligan contra el notario y tratan de hacerle la vida imposible; entre continuas discordias, su vida queda turbada por los amigos que le traicionan, por pleitos con los parientes, por asuntos que van mal. Pero el muchacho ve en la casa soñada una nueva existencia: le gusta el reloj de sol, y asomarse por la alta balaustrada desde lo alto de la colina equivale para él a con­templar la vida.

El amor secreto por una bella pero extraña jovencita, Margarita, hija del diputado anticlerical Charmaison, ligado a los enemigos del notario, da un significado a la vida de Riquet. Ve pasar al mundo bajo sus ojos, desde la balaus­trada de una casa que todavía no es de su padre. Por fin, éste logra, tras varias peripecias, ser el propietario e instalarse en ella. Muchas cosas han pasado, sin em­bargo, y varios han sido para el muchacho los desengaños, a causa de la voluble Mar­garita. También un joven doctor del lugar, Troufleau, se ha enamorado vanamente de ella. Y un hermoso día ella vuelve de im­proviso para anunciar su noviazgo preci­samente con un doctor que había venido al país a hacer una indebida competencia a Troufleau.

No le queda a Riquet más que encerrarse en su interioridad de soñador, ya que él ha visto siempre la realidad pa­sar ante sus ojos como desde la balaustrada de la vieja casa. La novela presenta con agudeza la vida de provincias; vale sobre todo por la leve melancolía que impregna las evocaciones de la infancia lejana, si bien más allá del mudo desengaño de un muchacho se recuerdan también cuestiones de honrilla y luchas electorales de un pue­blo cualquiera.

C. Cordié

El Niño Extraño, Ernst Theodor Amadeus Hoffmann

[Das fremde Kind]. Novela corta de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann (1766-1822), publicada en 1817 e incluida más tarde en la recopilación los Hermanos de San Serapión (v.).

Los niños Christiane y Félix son los hijos de un no­ble alemán pobre, pero honrado e inteli­gente que, de acuerdo con su bondadosa esposa, prefiere que los muchachos, en lu­gar de confiarlos a un pedagogo que los instruya encerrados en una escuela, sean educados por las mil voces del bosque, los susurros de los grandes árboles, el canto de los pájaros y la belleza de las flores. En aquel verde encanto, hermano y herma­na crecen sencillos, valientes, capaces de comprender y de admirar.

Les visita un rico pariente con sus dos hijos que, en­galanados, asustadizos y educados como papagayos, son la contrapartida de sus cam­pestres primos. Los juguetes que aquéllos regalan a éstos al marchar son para Christiane y su hermano objeto de breve curio­sidad al principio, luego de aburrimiento y fastidio. En esta primera hora de tristeza surge el Niño Extraño, misteriosa cria­tura mitad simbólica, mitad fabulosa, que revela a los niños las inesperadas bellezas de la Naturaleza y les descubre un mundo de visiones sobrenaturales.

El Maestro Tin­ta — que poco más tarde se convierte en árbitro y tirano de aquellos pobrecillos — es el antagonista feroz y brutal del Niño Extraño; entre ellos es inevitable el con­flicto. La desgracia se abate sobre Christiane y su hermano; muere el padre bon­dadoso y sensato; la buena madre ha de dejar la casita en el bosque y marchar errante con los huerfanitos; pero el Niño Extraño aparece para guiarles hacia nue­vos éxitos.

Es uno de aquellos relatos en los que Hoffmann ha acoplado felizmente el mundo de las fábulas con el mundo de todos los días, dando de este último una realista y maliciosa interpretación que se inserta con gracia en las deliciosas fan­tasías.

B. Bonfiglio