Henri Brémond

Nació en Aix-en-Provence en 1865 y murió en Arthez-d’Asson en 1933. Ingresó muy joven en la Compañía de Je­sús, y realizó el noviciado y los estudios filosóficos en Inglaterra. Enseñó en Francia de 1892 a 1899, y formó parte de la redac­ción de Études, célebre revista de los jesuitas en la que publicó sus primeros ensayos de crítica literaria.

En 1904 abandonó la Compañía y pasó al clero secular, con lo cual pudo ocuparse exclusivamente de sus estudios. Empezó por publicar el libro L’inquiétude religieuse (1901), que ponía de relieve y, en parte, anunciaba el renaci­miento del espiritualismo católico francés, filosófico y sobre todo literario, que tanta importancia había de alcanzar durante el nuevo siglo. Entregóse luego a la magna labor de la incompleta Historia literaria del sentimiento religioso en Francia (v.), con la cual trató de convertirse en una especie de Sainte-Beuve católico de su país.

Sin embargo, conoció su mayor celebridad en los años de la posguerra, período en cuyo transcurso publicó el ensayo Pour le Romantisme (1923) y los otros más famosos La poesía pura (v.) y Priére et poésie (1927); en ellos se opuso al intelectualismo y al neoclasicismo, y sostuvo la absoluta irracionalidad de la poesía, fruto de una particular e instintiva «intuición» del uni­verso que llega a confundirse con la per­cepción religiosa de los místicos. En 1923 fue admitido en la Academia Francesa.

M. Bonfantini

Clemens Maria Brentano

Nació en Ehrenbreitstein, en el Rin, el 9 de octubre de 1778, y murió en Aschaffenburg el 28 de julio de 1842. Era hijo del comerciante de Franc­fort Antonio Pedro Brentano, originario de Tremezzo (Como), y de Maximiliana la Ro­che, amada en su juventud por Goethe; fue, por lo tanto, hermano de Bettina.

Tuvo una formación irregular, singularmente por el carácter mudable de su- alma sensible y a causa de una extremada fantasía, peculiari­dades que hicieron inestable toda su vida. Refractario a la actividad mercantil, trató de estudiar ciencias jurídicas en Halle, don­de entabló una fraternal amistad con Achim von Arnim; luego pasó a Jena, centro en­tonces (1798) del primer grupo romántico.

Participó con entusiasmo en las polémicas antirracionalistas, y asombró a sus mismos compañeros con una «novela silvestre», Godwi (1799 – 1801, v.), inspirada en Wilhelm Meister y en la que la inacabada historia del héroe da pretexto a deliciosas fantasías y a muchas composiciones líricas, gran nú­mero de las cuales figuran entre las joyas de la poesía alemana (así, por ejemplo, la balada de Loreley).

La obra fue como una prefiguración de la historia íntima de Brentano, que en una comedia no menos singular, Ponce de León (v.), enviada sin éxito a un- concurso establecido por Goethe y Schiller, se señalaba a sí mismo el matrimonio como camino de salvación.

Al casarse (1803) con una escritora mayor que él, Sophie Mereau, el autor esperaba románticamente hallar la feliz unión de vida y poesía. Tras «un poco de paraíso y mucho infierno», en tres años nacieron y murieron otros tantos hijos, el último de los cuales falleció junto con la madre. A partir de entonces Brentano anduvo errante en busca de apoyo.

Y así, acogióse a la amistad de Amim, con quien publicó en Heidelberg la famosa colección de cantos populares El cuerno maravilloso del niño (v.), que proporcionó fresca linfa a la jo­ven poesía alemana, y cooperó en la idea­lización de la Edad Media con diversos tex­tos aparecidos en la revista Zeitung für Einsiedler.

Brentano pensó también en reunir una colección de cuentos; pero juntó muy po­cos, y prefirió refundir artísticamente algu­nos del Pentamerón (v.) de G. B. Basile (los mejores) y desarrollar en Cuentos del Rin (v.) temas populares en una especie de epo­peya llena de significados míticos. Un gran­dioso conjunto épico de poemas asonanta- dos (sólo veinte compuso, empero) habían de constituir los Romances del Rosario (v.), que vinculaban esta devoción a la reden­ción de una familia oprimida por una culpa milenaria, en la Bolonia medieval.

Los in­fortunios de un nuevo y desgraciado matri­monio indujéronle a buscar refugio entre los parientes y amigos: en Landshut, junto a su cuñado Savigny; en Berlín, como com­pañero de Amim y Kleist en la prepara­ción literaria de la agitación política; en Bohemia, donde compuso un complicado poema dramático, La fundación de Praga (v.), y en Viena, ciudad en la cual parti­cipó como poeta en la última fase de la lu­cha contra Napoleón.

De nuevo en Berlín, mientras componía algunos de sus más be­llos cuentos (v., por ej., Historia del bravo Gaspar y de la bella Anita) y relatos legen­darios (v. Crónica de un estudiante vaga­bundo), contemplaba, doliente, el naufra­gio de su existencia. Había sido siempre un improvisador; su poesía, muy original en algunos pasajes y luego difusa e informe, presentaba en gran parte un carácter frag­mentario, y era juzgada ahora por Brentano una vanidad inútil.

Una amiga, cuya mano ha­bía pedido, indicóle el refugio salvador del catolicismo. El poeta volvió a sus prácticas religiosas (1817), pasó seis años junto al lecho de una monja estigmatizada y reco­gió sus visiones, en las que inspiró luego dos libros sobre la pasión de Cristo (v. La dolorosa pasión de Nuestro Señor Jesucris­to en las meditaciones de la beata Catalina Emmerich) y la vida de la Virgen María.

Puesto nuevamente en camino, vivió en Coblenza, Francfort, Ratisbona y Munich como un peregrino penitente, compuso todavía un cancionero religioso y transformó algunos cuentos de su juventud en pesadas alego­rías llenas de los propios remordimientos.

L. Vincenti

Bettina Brentano

Nació en Francfort del Main el 4 de abril de 1785 y murió en Berlín el 20 de enero de 1859. Era hija de Antonio Pedro Brentano, comerciante originario del lago de Como, y de Maximiliana la Roche, y, por tanto, sobrina de la novelista Sophie la Roche y hermana del poeta Clemens Brentano.

Huérfana todavía muy joven, cre­ció en una época de agitación, y entre las influencias más diversas, que agudizaban su genuino espíritu de observación e indepen­dencia. Casada en 1811 con el poeta prusia­no Achim von Amim (v.), vivió con él feliz durante veinte años.

Viuda y madre de siete hijos, empezó en tomo a los cincuenta sus actividades literarias aprovechando las car­tas escritas a Goethe y las que de éste reci­biera a lo largo de una relación sentimental iniciada en Weimar en 1807 e interrumpida luego por el carácter arrollador de la exce­sivamente fogosa «niña», que trataba de ha­cer valer su imaginario dominio (v. Epis­tolario de Goethe con una niña).

Había ser­vido a los objetivos del poeta recogiendo de boca de su madre recuerdos de infancia, utilizados en Poesía y verdad (v.). El éxito de su primer libro, de una lozanía admirable y una fantástica agilidad, alentó a Bettina a evocar mediante análogas novelas episto­lares su amistad juvenil con la poetisa Karoline von Günderode (v. Günderode) y con su hermano Clemens (v. Corona primave­ral).

Los papeles aparecieron invertidos en otra obra del mismo género (Ilius Pamphilius und die Ambrosia, 1848), testimonio de un intento de educar en su religión heroica a un joven admirador. Uniendo de varias maneras los inagotables recuerdos de su vida con sentimientos de libertad trató de influir en la marcha de su época al proponer al rey- de Prusia Federico Guillermo ideales de re­novación político-social (v. Libro para el rey) y persistir en sus exhortaciones en Coloquioé con los demonios (1852), siempre egocéntrica y dominadora (hasta el punto de alterar tranquilamente hechos y docu­mentos), pero, también, ardiente defensora hasta su muerte de los más generosos idea­les románticos en la época del incipiente materialismo.

L. Vincenti

Émile Bréhier

Filósofo e historiador francés. Nació en Bar-le-Duc (Mosa) el 12 de abril de 1876, murió en París el 3 de febrero de 1952. Profesor en la universidad de Bur­deos (1912-19) y en la Sorbona (1919-46).

Académico de ciencias morales desde 1944. Ha publicado importantes trabajos sobre filosofía antigua: Les idées philosophiques et religieuses de Philon d’Alexandrie (1908), Chrysippe (1910), La philosophie de Plotin (1928), etc. Alcanzaron gran difusión la His­toire de la philosophie (1926-32) y La phi­losophie au Moyen Âge (1938).

Cabe men­cionar además: Transformation de la philo­sophie française 1900-1950 (1950). Más pró­ximo a un racionalismo místico que al ra­cionalismo abstracto, creyó no debería acep­tar una concepción teísta. Su divisa eran estas palabras de Plotino: «Me esfuerzo en traer lo divino que hay en mí a lo divino que hay en el universo».

Alfred Edmund Brehm

Nació en Renthendorf (Turingia) el 2 de febrero de 1829, murió en la misma localidad el 11 de noviembre de 1884.

Hijo del célebre ornitólogo Cristian Brehm (1787-1864), heredó de su padre la pasión por la zoología descriptiva, a la que unió una incansable vena de via­jero que no decreció en toda su vida. Cuan­do tenía dieciocho años, en 1847, emprendió un viaje de investigación por Egipto y el Su­dán, por encargo del barón von Müller; pero después de la quiebra de éste, continuó el viaje por cuenta propia.

A su regreso en 1851 realizó estudios en Jena y en Viena, publicando una relación de sus viajes por África del Norte: Rieseskizzen aus Nordafrika (Jena, 1855). En 1856 lo encontramos de nuevo de viaje: España, Noruega, Suecia, Laponia.

Sólo durante los años que van de 1863 a 1875 atraviesa un período de relativa tranquilidad: en 1863, en efecto, recibe el nombramiento de director del jardín zooló­gico de Hamburgo; en 1867 funda el Acua­rio de Berlín, del que queda como director hasta 1875. Estos años son también de ela­boración y publicación de sus más famosas obras: La vida de los animales (v.), obra fundamental que fue llamada «la Biblia zoo­lógica alemana» y los dos volúmenes Die Tiere des Waldes (1866-67).

En 1877 se en­cuentra de nuevo de viaje: por Siberia (1877), regiones danubianas (1878), de nue­vo en España, luego otra vez en África. En el año 1884 marchó a los Estados Unidos para desarrollar un ciclo de conferencias, falleciendo poco tiempo después de su re­greso a alemania.

G. Preti