Sándor Bródy

Nació en Eger en julio de 1863 y murió en Budapest el 12 de agosto de 1924. Fue uno de los primeros represen­tantes húngaros de la generación de intelec­tuales hebreos, en la cual despertó la con­ciencia de raza. Bródy introdujo en la litera­tura de Hungría temas y ambientes neta­mente hebraicos.

Inició sus actividades en 1884 con una colección de cuentos (Mise­ria), seguida por unos treinta volúmenes de novelas (v. La cabra de plata) y narra­ciones que, no exentas de geniales destellos de una fantasía viva y fecunda, pero siem­pre descuidadas en cuanto a la forma, pare­cen improvisaciones de un artista de inspi­ración caprichosa obstinadamente sometido a tendencias sociales y morales superiores a su propia sensibilidad.

Definíase natura­lista; pero, en realidad, poseía un desequi­librado temperamento romántico; y su arte, determinado por la filosofía materialista, refleja burda y crudamente la influencia de Zola. Los clamorosos éxitos obtenidos por algunos de sus dramas (La maestrilla, v., Lisa Timar, Lea Lyon) no resultaron me­nos efímeros que los de su narrativa.

E.Várady

Louis, príncipe de Broglie

Nació en Dieppe el 15 de agosto de 1892 y es el más joven de la rama primogénita de la ilustre fami­lia ducal que ha dado a Francia mariscales, hombres de Estado y escritores.

Bachiller en matemáticas y en filosofía en 1909, licen­ciado en letras (historia) en 1910, estaba destinado a la diplomacia por su familia. Pero bajo la influencia de los libros de Henri Poincaré se inclinó a la física, licen­ciándose entre 1911 y 1913 en esta disciplina que era su verdadera vocación.

El servicio militar y la guerra mundial más tarde le distrajeron de sus estudios. Después de la desmovilización asiste asiduamente al labo­ratorio de rayos X fundado y dirigido por su hermano Maurice, que ejerce sobre él una notable influencia, contribuyendo a pro­porcionarle aquel-espíritu experimental que falta a tantos teóricos.

Sus primeras notas a la Académie des Sciences (1920-21) se re­fieren especialmente a la espectroscopia de los rayos X. Pero su afición se concentra pronto sobre un problema fundamental. La orientación decisiva dada en 1905 por Einstein a las ideas quantísticas le habían inte­resado profundamente.

Con los «quanta» de luz (fotones) volvía a la teoría de la luz la noción de la emisión corpuscular. Broglie ad­mite resueltamente el dualismo de ondas y corpúsculos y generaliza este dualismo ex­tendiéndolo a la materia. Algunas consi­deraciones matemáticas (analogía formal de la mecánica analítica y de las teorías ondu­latorias) refuerzan su intuición.

Bruscamen­te, a finales del verano de 1923, se crista­lizan sus ideas. En tres notas a la Académie des Sciences (septiembre-octubre de 1923) pone las bases de la mecánica ondulatoria y al año siguiente reúne los resultados de sus investigaciones en una tesis de docto­rado, Recherches sur la théorie des quanta, en la que desarrolla una vasta síntesis de las ondas y de los corpúsculos, compren­diendo y reuniendo la física de la materia y de la luz.

Preveía, en efecto, para todos los corpúsculos, incluso para los materiales como el electrón, la existencia de una onda asociada, formulaba su longitud y sugería la posibilidad de una verificación experi­mental. Langevin envió una copia de la tesis a Einstein, el cual respondió afirman­do que el autor «había levantado un borde del gran velo». En 1926, Schrödinger pre­cisaba la forma matemática de la mecá­nica ondulatoria y daba su ecuación de pro­pagación.

En la primavera de 1927 llegaba la confirmación mediante la experiencia: Davisson y Germer en Nueva York, y G. P. Thomson en Inglaterra habían obtenido di­fracciones de electrones comprobando así las previsiones conceptuales y numéricas de Broglie sobre la analogía total de la materia y la luz. El premio Nobel consagraba en 1929 esta sanción de la experiencia.

Desde la fun­dación del Instituto Henri Poincaré (Facul­tad de Ciencias de París), fue encargado Broglie de un curso de teorías físicas. Esta obra de enseñanza, comenzada en noviembre de 1928, subsiste todavía y ha dado origen a una serie de trabajos magistrales, el primero de los cuales es la Introducción al estudio de la mecánica ondulatoria (1930).

De su obra de profesor ha nacido también la teoría de la luz conocida con el nombre de «teoría del fotón de Broglie». Tomando como punto de partida recientes trabajos del inglés Dirac, construía un sistema que, a diferencia de los anteriores, daba cuenta del conjunto de los fenómenos corpusculares y ondula­torios debidos a la luz o más en general a las radiaciones.

De sus cursos siguientes nacieron los tres volúmenes De la mecánica ondulatoria a la teoría del núcleo (1943-46), Optique électronique ou corpusculaire (1946- 50) y Problèmes de propagation guidée des ondes électromagnétiques (1941), que resu­men los trabajos sobre las ondas ultracortas de los que había sido encargado durante la guerra, desde 1939 hasta 1940.

Pero existe todavía un orden de investigaciones al que aplica Broglie en estos últimos años todos sus esfuerzos. Se trata de la interpretación de la mecánica ondulatoria y del sentido que hay que dar al dualismo ondo-corpuscular que aquélla había generalizado.

En 1927 ha­bía hecho Broglie una última tentativa para con­ferir a esta interpretación un sentido clá­sico, con la representación rigurosa de los fenómenos en el espacio-tiempo. Un artículo (Journal de Physique, mayo de 1927) llevaba bastante adelante la tentativa (teoría de la doble solución de la ecuación de las on­das), pero en el famoso congreso Solvay, en octubre de 1927, prevalecieron las ideas opuestas de Bohr, Born, Hisenberg y Pauli, impulsando la física atómica hacia aque­lla doctrina probabilística, «indeterminista», que, cada vez más dogmática, se ha con­vertido en ortodoxia para la mayor parte de los actuales teóricos, a excepción de Eins­tein y de Schrödinger.

El mismo Broglie la adoptó convirtiéndose en uno de los más brillantes representantes de la nueva tendencia, en la enseñanza y en los libros. A finales de oto­ño de 1951, dos jóvenes teóricos, D. Bohm (Princeton) y J. P. Vigier (París), adopta­ron de nuevo sus ideas de 1927 (la teoría de la doble solución) y le incitaron a des­arrollarla.

Tras un período de vacilación Broglie ha profundizado cada vez más su punto de vista clásico y ha aportado a su «Memoria» de 1927 progresivos mejoramientos. Si la teoría obtuviera una formulación puramen­te matemática y lograra superar los últimos obstáculos, podría sin duda mostrarse eficaz en la teoría del núcleo, dar razón de la es­tructura de las partículas complejas: en re­sumen, constituir la «verdadera microfísica del porvenir» y asegurar el vínculo existente entre la relatividad general y los «quanta», que es tan necesario pero que ninguna ten­tativa ha sabido establecer hasta ahora.

Los mayores honores han acompañado la mag­nífica carrera de Broglie Al premio Nobel siguió lii, su elección para la Académie des Sciences, y el secretariado perpetuo de la misma Aca­démie: posteriormente, su elevación a la Académie Française, en 1944.

Broglie ha vuelto a establecer en el país de Laplace, de Am­père y de Poincaré el gran pensamiento físico que parecía haber desaparecido de Francia. Excelente escritor, pensador e his­toriador, clásico de tendencias y de expre­sión, su vida y su obra hacen de él una de las más altas y más puras figuras francesas de su época.

A. Guzzo

Giambattista Brocchi

Nació en Bassano del Grappa el 18 de febrero de 1772, murió en Khartum el 26 de septiembre de 1826. Estu­dió en Padua teología y jurisprudencia; pero lo atraían muy poco los estudios teo­lógicos y jurídicos, completamente contra­rios a su temperamento de viajero infati­gable y curioso investigador.

De modo que sus aficiones le llevaron muy pronto a la mineralogía — en la que se manifestó su talento de un modo más señalado —, a la geología y a la arqueología. Terminados sus estudios en Padua, marchó a Roma y a Venecia, donde publicó (1792) su primer tra­bajo Sulla scultura egiziana.

En la misma Venecia, en tanto que ordenaba la colección mineralógica del patricio A. Molin, publicó un trabajo, Delle piante odorifere (1796) y las Lettere sopra Dante (1797). En los acon­tecimientos políticos que se desarrollaban en Italia en aquellos años, en relación con la Revolución francesa y el Imperio napo­leónico, tomó partido por el nuevo régimen que le nombró, en 1801, director del Jardín Botánico de Brescia.

Entretanto, se inclina decididamente a la mineralogía; fruto de viajes y de investigaciones es su trabajo Delle miniere di Mella e Valtrorrupia (Bres­cia, 1808), que le valió al año siguiente el nombramiento de inspector de las minas del Reino Itálico. En tal condición, viaja por Italia septentrional, especialmente por el Alto Adigio, reuniendo fósiles.

Así publica en 1814 el Conquiliología fósil subapenina (v.), que es su obra más importante. Pero en 1814 se derrumba el Reino Itálico y co­mienza la reacción austríaca; entonces tie­ne que abandonar su empleo, y reanuda sus viajes. En Roma termina una obra de exploración subterránea, Dello stato físico del suolo di Roma (1820). En Milán, Fomi le induce a entrar al servicio del virrey de Egipto.

Así llega a El Cairo a finales de 1822, e inicia una serie de exploraciones científicas, visitando el desierto, el Líbano y el Senaar. Pero durante estos viajes con­trajo una grave enfermedad que le llevó a la tumba.

G. Preti

Ivana Brlic-Majuranich

Nació en 1874 en Ogulin y murió en 1938 en Brod na Savi. Perteneciente a una familia ya ilustre en la historia de las letras croatas, y llevada, por su matrimonio con el doctor Vatroslav Brlic (1892), a un ambiente no menos vin­culado al arte y a la filología Brlic-Majuranich dedi­cóse con gran éxito a la literatura infantil, y, aun cuando no hubiese realizado estu­dios especiales, reveló muy pronto un gran dominio del estilo.

En su casa de Brod, junto al Save, compuso, durante un largo período que empieza en 1903, narraciones y composiciones poéticas para la infancia, siempre bien recibidas por el público y la crítica. Entre 1916 y 1920 publicó su mejor obra: la colección Leyendas de otros tiem­pos (v.), que le valió el sobrenombre de la «Andersen croata».

R. Picchio

Barthold Heinrich Brockes

Nació el 22 de septiembre de 1680 en Hamburgo, donde murió el 16 de enero de 1747. Poeta del barroco final alemán, él mismo, al narrar su vida en una árida biografía, se presenta como un hombre cuyas características más destaca­das son la pedantería y el ansia de frecuen­tar, aunque burgués, los nobles y las cor­tes.

Ni tan sólo en la escasa medida en que lo poseyó cabría sospechar en él un espí­ritu poético; sin embargo, su labor ejerció una marcada influencia en las letras y la sensibilidad de la época. Era hijo de un acaudalado comerciante muerto aún joven en 1694, y en su niñez, libre de una severa disciplina de estudio, fue alentado por la madre en sus aficiones al dibujo, la mú­sica y la poesía.

A los veinte años se ma­triculó en la Universidad de Halle para graduarse en leyes; no obstante, prefirió dedicar a viajes por alemania, Suiza, Fran­cia y Holanda el tiempo que hubiera de­bido consagrar a los códigos y a las pan­dectas.

Estuvo asimismo en Italia, donde visitó Venecia, Siena, Florencia, Liorna y Turin. Sin embargo, nada parece haber vis­to ni anotado, como puede inferirse de su Autobiographie, publicada con carácter póstumo en 1847. Con todo, había aprendido el italiano, y tradujo servilmente La degolla­ción de los inocentes, de Marino.

Durante estos viajes pudo afinar su gusto por el arte y las amistades elevadas. Mientras se en­contraba en Holanda fue llamado por su madre, que había quedado sola tras la muer­te de una hija; Brockes apresuróse entonces a terminar sus estudios en Leyden, y en 1704 volvió a Hamburgo. En la activa ciudad hanseática persistió en sus aficiones, y no se ocupó sino de música, literatura y colec­ciones de cuadros; al mismo tiempo, trata­ba de casarse ventajosamente y de obtener cargos estatales.

Durante este refinado ocio revelóse poeta en una composición para la boda de un amigo, a la que siguió un ora­torio titulado Jesús martirizado y agoni­zante por los pecados del mundo [Der für die Sünden der Welt gemarterte und ster­bende Jesus], al cual puso música Händel.

Percatóse luego, según él mismo confesó, de que «la poesía, cuando no persigue una finalidad concreta y útil, solamente es un huero juego de palabras que no merece gran atención», y resolvió «escoger como tema de su labor poética lo que pudiera edificar y deleitar dignamente a los hombres». Tales proyectos dieron lugar a la colección El pla­cer terreno en Dios (v.), que le valió la admiración entusiasta de los contemporá­neos.

Vio también satisfechas sus restantes ambiciones: casóse con una rica muchacha en 1704, obtuvo importantes cargos y reci­bió honores de nobles y príncipes. Nom­brado consejero en 1720, formó parte de numerosas misiones diplomáticas; además, sirvió en la administración de justicia y gobernó el distrito de Ritzebüttel. En 1700 un diploma del príncipe Günter von Schwarzburg le confirió el título de conde pala­tino en premio a sus merecimientos.

M. Spagnol