Charles de Brosses

Nació en Dijon el 17 de febrero de 1709 y murió en París el 7 de mayo de 1777. Ya en 1730 llegó a consejero del Parlamento borgoñón.

Apasionado estudio­so de Salustio y editor de La conjuración de Catilina y La guerra de Yugurta, inten­tó asimismo, con el auxilio de los fragmen­tos conservados, una «restitutio in integrum» de la Historia romana; para hacerla más perfecta mediante una contemplación di­recta de los lugares, realizó con algunos amigos, del 30 de mayo de 1739 al 15 de abril de 1740, un viaje por Italia, cuyas vicisitudes, junto con agudas observaciones de todo género, dieron tema a las Lettres familières écrites d’Italie en 1739 et 1740 (v. Cartas sobre Italia), publicadàs con ca­rácter póstumo y de las que se afirmó haber sido escritas, a excepción de nueve, unos veinte años después de su fecha; en reali­dad, en su mayor parte fueron sólo corre­gidas, mediante apuntes tomados en el curso del viaje, sobre los originales conservados por los destinatarios. «Président à mortier» del citado Parlamento en 1744, una violen­ta discusión con el comandante militar de la provincia le valió, en 1744, un primer confinamiento.

En 1749 fue nombrado socio correspondiente de la Académie des Inscrip­tions; en 1749 publicó Mémoires sur les an­tiquités d’Hercolanum et sur l’état du mont Vésuve; en 1750, Lettres sur l’état actuel de la ville souterraine d’Herculée; en 1756, His­toire des navigations aux terres australes, y en 1765, Traité de la formation mécanique des langues et des principes physiques de Vétymologie, en cuya afirmación del origen monosilábico del lenguaje algunos han pre­tendido ver una derivación no confesada de la obra de Vico Ciencia nueva (v., 1725 y 1730), cuando, en realidad, la fuente del autor a este respecto, citada con todos los honores, fue Essai sur les hiéroglyphes, de Warburton (1737).

En 1770, y por razones de interés, Voltaire hizo rechazar la candi­datura de Brosses a la Academia Francesa. Aquel mismo año, su oposición tenaz a la reforma tiránica de los parlamentos debida a Maupeou, indújole a arrojar a su criado el bi­rrete y la toga diciendo: «Tenez! Il n’y a plus que les laquais qui en puissent porter». Esta acción le valió, entonces, un segundo confinamiento; pero en el año 1775, resta­blecido en la plenitud de sus prerrogativas, el Parlamento de Borgoña le nombró pri­mer presidente.

G. Nicolini

Emily Bronté

Nació en Hartshead-cum-Clifton (Yorkshire) en agosto de 1810, y murió en Haworth el 19 de diciembre de 1848. Fue la tercera hija de un párroco anglicano de origen irlandés, hombre excéntrico y ce­rrado.

Cuando en 1821 murió la madre, la familia contaba con cinco niñas y un mu­chacho, prole enfermiza, muy precoz y llena de ímpetus artísticos. La tuberculosis no tardó en llevarse a las dos hermanas mayores.

Las otras, confiadas a los ásperos cuidados de una tía materna, vivieron años solitarios entre la salvaje y desolada vege­tación del país; y así, el espíritu de la pe­queña Emily comenzó a descubrir, en el silencio y en las voces de aquella natu­raleza, místicas y sobrenaturales correspon­dencias, a percibir, en los grises aconte­cimientos de sus días, vibraciones metafí­sicas y demoníacas y a experimentar, en el verdadero corazón de la soledad y la me­lancolía, mudos éxtasis de alegría silvestre.

Con sus dos hermanas, Charlotte, más se­renamente romántica y sutilmente irónica, y Anne, apacible y dulce, compartía la pa­sión por la poesía y la lectura; todavía ado­lescentes, las tres muchachas escribían ver­sos y relatos fantásticos (el ciclo narrativo Legends of Angria).

En 1842, decididas a ganarse la vida con la enseñanza, Charlotte y Emily marcharon a estudiar el francés a Bruselas; fue ésta una época de amargo des­tierro para E. J., torturada por la nostal­gia de su agreste país.

Vuelta a Haworth, la parroquia donde su hermano Branwell, embrutecido por los abusos del alcohol y el opio, se entregaba a terribles accesos de cólera, Emily escribió poesías, confesiones líricas de su alma ingenua y tenaz, publi­cadas en 1846, gracias al interés de Char­lotte, en una colección de versos de las tres hermanas: Poesías de Curre, Ellis y Acton Bell (v.); sólo dos ejemplares de esta obra se vendieron.

No resultó más afortunada la publicación, el año siguiente, de la gran novela de Emily, Cumbres borrascosas (v.), posiblemente la expresión más genuina, pro­funda y contenida del alma romántica inglesa. En 1848, Branwell, víctima de «deli­rium tremens», precedió por algunos meses en la muerte a las hermanas Anne y Emily.

Esta última extinguióse rápidamente a tra­vés de dolores soportados con duro estoicis­mo, y sólo dos horas antes de morir, luego de haberse levantado y vestido penosamen­te, permitió que fuera llamado un médico.

N. D’Agostino

Charlotte Brontë

Nació en Thornton (Yorkshire) el 21 de abril de 1816, y murió en Haworth, en el West Riding del Yorkshire, el 31 de marzo de 1855.

Hija del pastor an­glicano Patrick Brontë, vivió con sus cuatro hermanas y el hermano Branwell durante la mayor parte de su infancia en medio de una salvaje vegetación, desolado paisaje que luego habría de reaparecer siempre como fondo de los fantásticos y románticos episo­dios de sus novelas y de las de su hermana Emily (v.).

Los primeros años de la futura escritora estuvieron marcados por la desgra­cia: en 1821 perdió a su madre, y la familia quedó confiada a los cuidados de una tía materna; y cuatro años después murieron tuberculosas las dos hermanas mayores, Mary y Elizabeth, a causa del deficiente tra­to recibido en el Instituto de Cowan Bridge para hijos de eclesiásticos, centro docente en el cual también Charlotte vivió duran­te algún tiempo.

Vuelta a su hogar, pasó seis años de completa libertad en contacto directo con la naturaleza; tras una sumaria educación recibida de su padre, frecuentó a lo largo de un año la cercana escuela de Roe Head, a donde regresó en 1835 como profesora. En 1842 llevó a cabo el paso quizá más decisivo de su existencia: junto con Emily fue enviada a

estudiar el fran­cés en el Pensionado Héger de Bruselas. Forzada a volver a su casa por la muerte de la tía, en 1843 dirigióse de nuevo a la escuela belga con un modesto empleo do­cente, y entonces se produjo su primera experiencia amorosa; y aun cuando su afec­to hacia el director del pensionado perma­neciera absolutamente platónico, Charlotte inspiró en él su primera novela, El profe­sor (v.), que, rechazada por los editores, apareció con carácter póstumo.

En 1844 re­gresó a Haworth. Falló su proyecto de fun­dar una escuela, y el hermano, cada vez más dado al vicio, murió de «delirium tremens» en 1848, debido al abuso de los estu­pefacientes y del alcohol. Y así, la escritora buscó — junto con sus hermanas Emily y Anne — el desahogo de sus apasionados sentimientos en el arte.

En 1846 las tres publi­caron un volumen de versos, Poesías de Currer, Ellis y Acton Bell (v.), del que únicamente se vendieron dos ejemplares. En realidad, Charlotte poseía unas facultades literarias eminentemente narrativas, y ya antes de escribir El profesor, había com­puesto como pasatiempo (de Í829 a 1845), junto con sus hermanas y el hermano, cuen­tos pavorosos (denominados Legends of Angria y situados en un ambiente muy afín al de la narrativa negra y de las obras de Byron).

La novela Jane Eyre (v.), publicada en 1847, obtuvo, en efecto, un notable éxi­to, y de ella apareció el año siguiente una segunda edición, dedicada a Thackeray; como Cumbres borrascosas (v.), de su hermana Emily, dicha obra ofrece un carácter melodramático y terrorífico, en el que influ­yó no poco la agobiadora presencia del pai­saje de su infancia.

Mientras tanto, el des­tino seguía mostrándose cruel con la familia, y también Emily y Anne murieron minadas por la tuberculosis. Charlotte volvió a escri­bir, y el nuevo dolor quedó reflejado en algunos capítulos de la novela siguiente, Shirley (1849, v.), amenizada, sin embargo, por lozanas pinceladas humorísticas y descripciones serenas y bucólicas; el eco de su amor insatisfecho reaparece en la obra más madura, Villette (v.), de 1853. Tras la muer­te del padre, ocurrida este mismo año, la escritora casóse con el asistente parroquial de aquél, el reverendo A. B. Nicholls; su débil constitución, empero, no resistió mu­cho tiempo, y Charlotte murió en el primer embarazo.

R. Sanesi

Rupert Brooke

Nació en Rugby el 3 de agosto de 1887 y murió en Esciros el 23 de abril de 1915, durante la primera guerra mundial.

Por su trágico destino, su belleza y el atractivo de sus brillantes dotes de conversación, Brooke ha quedado cual una figu­ra legendaria de las letras inglesas. Edu­cado en Rugby y en el King’s College de Cambridge, empleó varios años en capri­chosos y largos viajes. Vuelto de una expe­dición por alemania e Italia, publicó un pequeño volumen de poesías (Poems, 1911).

En 1913 marchó a Norteamérica y hacia los mares del Sur, y escribió una serie de im­presiones de los lugares visitados (Letters from America, 1913). Volvió a Inglaterra aquel mismo año, y al estallar la guerra alis­tóse en la Royal Naval División, cuerpo selecto de la Marina británica; luego sirvió en Amberes, y en 1915 figuró en la expedi­ción que se dirigía a Gallipoli.

Murió de septicemia en la isla de Esciros, mientras aparecía su segundo tomo de poesías, inspi­radas en la guerra (1914 and Other Poerns, 1915). Con carácter póstumo vieron la luz dos ensayos acerca de autores de la época isabelina; John Webster y John Donne (1916), y la edición completa de Collected Poems, de 1915 (v. Poesías).

F. Mei

Anne Brontë

Nació en Thornton (York­shire) el 25 de marzo de 1820, y murió en Scar­borough el 28 de mayo de 1849. Es la me­nos famosa de las tres hermanas Brontë.

Elemento decisivo en la formación espiri­tual de todas ellas y de su hermano Branwell fue la férrea disciplina que les impuso el padre. Párroco de Hartshead, en el York­shire, Patrick Brontë, irlandés, consideraba pe­caminoso el placer más inocente, hasta el punto de que alimentaba a su prole a base de patatas y quemaba los zapatos de sus hijas si le parecían demasiado elegantes.

Este régimen de correccional no se vio com­pensado, en cuanto a Anne, por la ternura materna, siquiera secreta, puesto que la madre, María Branwell, murió de cáncer el 15 de septiembre de 1821, cuando la niña contaba apenas año y medio.

En 1839, im­pulsada por el afán de crearse una vida independiente, Anne trató de emplearse como institutriz, y durante los años pasa­dos en calidad de tal en distintas casas rea­lizó una triste experiencia; llegó a trabajar en la misma familia de la cual su hermano era preceptor, y tuvo la pena de verle ex­pulsado por inmoralidad.

Murió tuberculo­sa. La actividad de Anne Brontë queda com­prendida en el volumen de versos que en 1846 hizo imprimir junto con sus herma­nas, bajo los seudónimos Currer, Ellis y Ac­ton Bell (v. Poesías de Currer, Ellis y Acton Bell), cuyas iniciales responden al apellido y a los distintos nombres de las autoras, y en las novelas Agnes Grey, ampliamente autobiográfica, y La castellana de Wilfell Hall (v.), anunciada por el editor Newby como obra del autor de Jane Eyre (v.), cir­cunstancia que forzó a las tres hermanas a revelar su identidad.

Memorable resulta la última composición lírica de Anne, Es­pero que con los fuertes y valientes, escrita en la inminencia de su muerte.

C. Izzo